Admiración

¿Cuáles son las cualidades que admiras más de una persona? Es decir, lo intangible, lo que no se puede medir fácilmente. Por ejemplo, la sencillez, el respeto, el cariño, la valentía, la honradez, la sinceridad, la lealtad, etc. Sin embargo, hay algunas personas que admiran otras cosas, como la mentira, la insensatez, la traición, la malicia, entre muchas cosas más. La admiración en su sentido más puro se relaciona con “la valoración muy positiva de una persona o cosa por sus extraordinarias cualidades”.

Si es así, entonces debemos pensar, ¿qué es lo que admiran otros de nosotros? ¿cuáles son las cualidades que te hacen una persona única? Si no puedes pensar en algunas, comienza a trabajar en ellas. Un paso simple y práctico es imitar las cualidades de nuestro Señor Jesús. Él fue, ha sido y será el ser que más se ha admirado por generaciones y en diferentes culturas alrededor del mundo.

Su amor, compasión, fortaleza, firmeza, y poder son solo algunas de las cosas por las cuales sigue siendo admirado. Sus enseñanzas y ejemplo aún siguen cambiando vidas e inspirando a muchos. Así que, admiremos cada vez más a Jesús para poder decir lo que dijo el apóstol Pablo, “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”, (1 Corintios 11:1, NTV).

Belleza

“90, 60, 90” eran las medidas que yo escuchaba de pequeño y debían tener las reinas para ganar sus certámenes de belleza. Algunas niñas desde muy pequeñas se proponen ser reinas. Para esto, participan en pasarelas desde muy temprana edad, se someten a dietas rigurosas, se aplican a fuertes disciplinas de ejercicios diariamente, y otras se dan una que otra ayudadita con las cirugías estéticas. Es tanta la obsesión con la belleza, que muchas de ellas desarrollan problemas de anorexia para estar tan delgadas ya que la sociedad eleva a las delgadas como una expresión de belleza.

Pero, ¿qué es lo bello para Dios? ¿Cuál es la verdadera belleza que aprecia Dios? Te aseguro que Él no mira cuerpos esbeltos, ni caras angelicales. Él mira el corazón. Un día, un profeta fue a escoger un rey entre muchos hermanos. Primero, le mostraron los más apuestos, corpulentos y carismáticos. Sin embargo, Dios le dijo a Samuel que “Él no miraba lo que miraba el hombre, sino que miraba el corazón”. Así fue escogido el rey David, un humilde pastor de ovejas.

¡Qué palabras tan alentadoras es saber que la belleza exterior del ser humano no impresiona a Dios sino lo que está adentro del corazón¡ Así que, ¿cómo estás cuidando tu belleza interior? La Biblia dice, “El Señor no ve las cosas de la manera en que tú las ves. La gente juzga por las apariencias, pero el Señor mira el corazón”, (1 Samuel 16:7b, NTV)

Ilusión

Vivimos en un mundo lleno de personas que albergan “ilusiones”, es decir, ideas que el celebro interpreta erróneamente a lo que realmente ven los ojos. De la ilusión parte lo que se le llama “un mundo ideal”. Desde la niña que mira la película de princesas y crece buscando a su príncipe azul, como el niño que alberga la ilusión de tener un padre porque ha sido carente del mismo.

En su sentido más puro las ilusiones no son complemente malas ya que pueden servir como propulsoras convirtiéndose en metas y objetivos. Sin embargo, lastimosamente, la ilusión se puede convertir en nuestra peor enemiga cuando decidimos vivir en un mundo ideal sin enfrentar la realidad. Dios nos permite tener ilusiones que nos muevan hacia la acción. Porque, “fe sin acción es pura ilusión”.

Es decir, si lo esperamos ilusoriamente sin prepararnos, trabajar, y hacer algo al respecto, solo seguirá siendo una ilusión, parte del mundo ideal. Así que convierte tus ilusiones en acciones por medio de la fe. La Biblia lo explica muy bien cuando dice, 20 “¡Qué tontería! ¿Acaso no te das cuenta de que la fe sin buenas acciones es inútil? (Santiago 2:20, NTV).

Pérdidas

“Lo he perdido todo” es una frase que se escucha constantemente por diferentes personas y en diferentes ocasiones. Hay pérdidas familiares, relacionales, financieras, físicas, etc. Hay otros que pierden el tiempo o sus mismas vidas en algún vicio del cuál no pueden salir fácilmente. Lo que si es inevitable es que en este mundo tenemos pérdidas. Entonces, si tenemos pérdidas, ¿cómo podemos enfrentarlas?
Primero, acepta el tipo de pérdida. Con eso digo que no se puede seguir añorando lo que ya se ha perdido. Los lamentos, quejas y lloros no sirven para nada.
Segundo, aprende de las pérdidas. Si hay algo que pudieras haber hecho para evitarlo, escríbelo y podrás estar preparado para no perder de nuevo. Si fue algo inevitable, aprende de las relaciones, situaciones, y sorpresas que trae la vida.
En último lugar, suma tus perdidas como ganancia. Es decir, entrégale tus pérdidas a Dios. Él es experto en sanar nuestras vidas, suplir nuestras necesidades, y transformar las pérdidas en baluartes firmes de fe. Así que si tienes muchas pérdidas, entrégaselas a Dios hoy mismo. Él sabe qué hacer con ellas. La Biblia dice, “ ¿Y qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero pero te pierdes o destruyes a ti mismo? (Lucas 9:25, NTV).

Una Pequeña Cortada

¿Cuántos de nosotros nos hemos hecho una pequeña cortada con un simple papel? Hace poco al organizar mi escritorio, me hice una cortada de estas que parece ser insignificante pero es un poco molesta. Sin embargo, al mirar una simple hoja de papel donde usualmente escribimos, dibujamos o imprimimos, suele parecer inofensiva e incapaz de producir una cortada que cause derramamiento de sangre. Pero, esa misma hoja puesta en la posición exacta, en el momento preciso y con el movimiento inesperado de una mano o dedo, puede producir una pequeña cortada, a veces muy profunda.

Esto me puso a pensar en “las pequeñas cortadas” que nuestro corazón produce a diario. Al parecer, nuestros corazones son inofensivos y nuestras palabras como una simple hoja de papel. Sin embargo, cuando son expuestos a un movimiento inesperado en solo un instante pueden producir pensamientos, palabras y acciones que causan pequeñas cortadas en otros. Debemos estar atentos de no causar “pequeñas cortadas” en otras personas. Aunque parezcan simples e insignificantes, pueden causar heridas y cicatrices permanentes. Evita las cortadas pequeñas y no tendrás cicatrices. La Biblia dice, “Él sana a los de corazón quebrantado y les venda las heridas” (Salmo 147:3, NTV).

Levantándose Hacia La Meta

En el año 2008, la corredora Heather Dorniden estaba liderando la carrera de los 600 metros hasta que una vuelta antes de terminar se cayó de cabeza al suelo desplazándola al último lugar. Lo impresionante fue cómo se levantó y comenzó aguerridamente a recobrar su posición hasta terminar en primer lugar en la carrera. Desde ahí su video se ha convertido en un ejemplo motivacional de alguien que no se da por vencido y que persevera hasta el final.

Pero, ¿qué la hizo levantar del suelo? ¿Cuál fue su motivación? En una de las tantas entrevistas que hay por el internet, ella mencionó, “yo tenía mi mente y mi corazón en la meta, el caerme sirvió como combustible porque mis ojos estaban puestos en la meta final”. Esta es realmente una lección para nuestra vida cristiana. No debemos quitar nuestra mirada de la meta que es Cristo Jesús. Él orquesta nuestra carrera de la vida, nos acompaña en ella, y se convierte en nuestra meta final. Corremos y vivimos en la carrera de Jesús. La Biblia dice, “13 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. (Filipenses 3:13-14, NTV).

Duda

El filósofo francés René Descartes hizo famosa la frase que muchos hemos escuchado, “pienso, luego existo”. Esta expresión afirma que el hombre sólo puede hallar la verdad a través de la duda. Es más, Descartes sostenía que lo único que el hombre puede estar seguro es su mente y que no podía estarlo de nada más, incluso ni tan sólo de la existencia de su mismo cuerpo.

El proceso de dudar es parte del proceso de ser seres pensantes. Dios nos ha dado un intelecto para razonar y tomar las mejores decisiones. Aunque no estoy de acuerdo en su totalidad con el “Discurso del Método” de Descartes, si estoy de acuerdo con que Dios nos ha dado el regalo de nuestra mente para hallar la verdad. En este caso, podemos llegar a Dios aún por la bendición de pensar y razonar en Él como nuestro Creador y diseñador.

Cuando tengas dudas, te invito para que abras la Palabra de Dios. En Su Palabra encontrarás las respuestas a muchas dudas e incógnitas que tiene el ser humano. La Biblia dice, “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”, (Filipenses 4:8, RV1960).

Preocupación Excesiva

Siempre he dicho que “la preocupación excesiva es ateísmo práctico”. Si nos preocupamos todo el tiempo aún cuando decimos que confiamos en Dios, entonces realmente no confiamos ni creemos en lo que Él es. Pero, ¿de qué nos preocupamos? He aquí una corta lista: nos preocupamos de los pecados del ayer, nos preocupamos de los éxitos del pasado, nos preocupamos de los pesares del ayer, nos preocupamos del presente en el que vivimos, nos preocupamos del futuro por el que tanto trabajamos.

Otra pregunta que surge es, ¿qué ganamos con preocuparnos? El Señor Jesús la respondió muy bien cuando dijo que no le podíamos añadir años a nuestra vida con el hecho de preocuparnos. Es más, les pidió a sus discípulos que buscaran en primer lugar las cosas de Dios y lo demás vendría por añadidura (Mateo 6:33)

Así que ya no te preocupes tanto. Te ayudará en tu salud física, fortalecerá tu salud emocional y crecerás mucho en tu vida espiritual. La Biblia dice, “Así que no se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Los problemas del día de hoy son suficientes por hoy”, (Mateo 6:34, NTV).

Contentamiento

Una vez leí la siguiente frase, “no siempre tendremos todo lo que queremos, pero Dios siempre proveerá todo lo que necesitamos”. La gente cada vez más parece no saciarse, así que debemos desarrollar “el contentamiento”. Para esto debemos entender cuatro cosas fundamentales para vivir contento: 1. No necesitas todo lo que quieres. 2. No quieres todo lo que necesitas. 3. Dios no nos da todo lo que queremos. 4. Dios nos da lo que necesitamos.

¿Por qué no desarrollamos una actitud de agradecimiento a Dios por todo lo que nos ha dado? Muchos piensan que estarán contentos cuando tengan algo o a alguien que esperan. Sin embargo, el contentamiento no depende de lo que nos pase o de lo que tengamos. Es una condición de corazón, “si no estás contento ahora, no lo serás luego”. Experimenta la libertad que trae una vida que siembra el contentamiento y no dependerás de las circunstancias que azoten tu vida. El Apóstol Pablo lo aprendió muy bien cuando dijo que el contentamiento era un secreto para vivir la vida cuando dijo, “Sé vivir con casi nada o con todo lo necesario. He aprendido el secreto de vivir en cualquier situación, sea con el estómago lleno o vacío, con mucho o con poco. 13 Pues todo lo puedo hacer por medio de Cristo, quien me da las fuerzas”, (Filipenses 4:12-13, NTV).

Provisión

¿Te has sorprendido por la provisión sobrenatural de algo en tu vida? ¿Te has quedado anonadado(a) por la manera como Dios te ha provisto cuando menos lo esperabas? ¿De qué manera has recibido la provisión de Dios? ¿De qué manera ha movido Dios a las personas para obrar a favor tuyo?

Jesús conoce nuestras necesidades. La Biblia relata la historia de que en una ocasión la multitud había estado con Él por tres días y tenían hambre. Él conocía las necesidades que tenían por el tiempo que habían estado con en camino con Él. Jesús conoce exactamente las necesidades individuales que tenemos. Él conoce cada detalle de nuestra vida y nada le es oculto. Tenemos periodos de necesidad material que Dios conoce. Él no es ajeno a nuestras necesidades físicas, emocionales o espirituales. Él siempre provee. La palabra provee, viene de la raíz de prever, es decir, de ver antes de que suceda. Dios “ve antes” todas nuestras necesidades y las suplirá en su debido tiempo.
La Biblia dice, “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”, (Filipenses 4:19, RV1960).