El 13 de octubre de 2022, una aguja colipinta de apenas cinco meses, identificada solo por el número de su transmisor satelital, 234684, despegó del delta del Yukón-Kuskokwim, en Alaska. Once días y una hora después aterrizó en la bahía de Ansons, en Tasmania, tras recorrer 13 560 kilómetros sin detenerse a comer ni a descansar. Guinness World Records reconoció ese vuelo como la migración sin escalas más larga documentada en un ave. El secreto no está solo en su resistencia. Científicos del Servicio Geológico de Estados Unidos han comprobado que estas aves esperan los vientos favorables que generan las tormentas del golfo de Alaska antes de lanzarse al Pacífico.
Esa espera no es pasividad, sino sabiduría. Del mismo modo, esperar en Dios nunca es tiempo perdido, porque algunas decisiones tomadas antes de tiempo agotan las fuerzas a mitad del camino. El Señor Jesús pidió a Sus discípulos que no se fueran de Jerusalén hasta recibir la promesa del Padre, y solo entonces los envió hasta lo último de la tierra.
Si hoy sientes que todo está detenido, no confundas la espera con el abandono. Dios está preparando el viento, y cuando sople, sabrás que es tiempo de partir.
Esperar en Dios también es avanzar.
La Biblia dice en Lamentaciones 3:25-26: “Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová”. (RV1960).