La esperanza tiene una fuerza extraordinaria para sostener al ser humano en medio de circunstancias difíciles.
Durante veintisiete años, Nelson Mandela permaneció encarcelado en Sudáfrica por su lucha contra el apartheid. A pesar de las duras condiciones, mantuvo una visión de reconciliación y justicia para su nación. Aquella esperanza interior le permitió resistir uno de los encarcelamientos políticos más largos del siglo XX.
La Biblia presenta una esperanza aún más profunda. No depende de circunstancias humanas, sino de la fidelidad de Dios.
El Señor Jesús habló de una vida que trasciende incluso la muerte. Esa promesa transforma la perspectiva con la que enfrentamos las dificultades.
Por eso, mantén viva la esperanza que nace de la fe. Donde la esperanza permanece, el corazón encuentra fuerzas para continuar. La Biblia dice en Romanos 15:13: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer…”. (RV1960).