En agosto de 1519, Hernán Cortés desembarcó en Veracruz y ordenó barrenar los propios barcos de su flota para inutilizarlos. No como gesto dramático, sino como decisión estratégica. Es decir, si no había regreso disponible, la única dirección posible era adelante. La historia debate sus métodos y motivaciones, pero la lección sobre el compromiso sin escapatoria permanece: hay metas que exigen cerrar la puerta del retroceso.
El apóstol Pablo describió su vida como la de un corredor que olvida lo que queda atrás y se extiende hacia lo que está delante. La meta no era la perfección acumulada; era el llamamiento hacia arriba de Dios en Cristo Jesús. El pasado, con sus fracasos y con sus logros, no define el siguiente tramo. Lo que define al corredor es hacia dónde dirige la mirada mientras corre.
Este mes llega a su fin. Por lo tanto, no mires atrás con juicio, ni con nostalgia. Extiéndete hacia lo que Dios tiene adelante. La Biblia dice en Filipenses 3:14: “Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. (RV1960).