En 2001, un equipo de investigadores franceses publicó en la revista Nature un estudio con pelícanos blancos entrenados para volar detrás de una lancha de motor. Al medir su ritmo cardíaco, descubrieron que en formación de V gastaban menos energía que volando solos. Aleteaban con menos frecuencia y podían planear durante más tiempo, porque cada ave aprovechaba la corriente de aire que dejaba la que iba delante. El ahorro rondaba entre el once y el catorce por ciento.
Esa formación describe bien la vida de la iglesia. Nadie fue llamado a recorrer solo el camino de la fe. El apóstol Pablo rogó a los filipenses que tuvieran el mismo amor y caminaran unánimes, porque la unidad no es un adorno, sino una manera de avanzar. El Señor Jesús, la noche antes de Su muerte, oró al Padre para que Sus seguidores fueran uno.
Si hoy sientes que vuelas contra el viento, busca a tus hermanos. Vuelve a tu grupo pequeño, comparte una carga o acompaña a alguien en oración. Juntos se llega más lejos y con menos desgaste.
Volar juntos hace más liviano el camino.
La Biblia dice en Filipenses 2:2: “Completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa”. (RV1960).