El terremoto de Valdivia de 1960 sigue siendo el más fuerte jamás registrado en la historia. Ciudades enteras del sur de Chile quedaron devastadas en minutos, pero en los años siguientes fueron reconstruidas con nuevos estándares de firmeza que hoy protegen a millones de personas. Lo que se derrumbó dio paso a algo más sólido.
Cuando el suelo de la vida tiembla, la fe no promete evitar el temblor, promete una roca donde afirmarse. El Señor Jesús es esa roca inmutable en medio de circunstancias que cambian sin aviso. Reconstruir después de una crisis no es debilidad; es sabiduría que aprende del quebranto.
Quizá algo en tu vida se derrumbó recientemente: una relación, un proyecto, una certeza. Permite que Dios reconstruya sobre un fundamento más firme que el anterior. Lo que tiembla hoy puede convertirse en cimiento mañana.
Dios reconstruye lo que la tormenta derriba.
La Biblia dice en 2 Samuel 22:2-3: “Jehová es mi roca y mi fortaleza, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo, y el fuerte de mi salvación, mi alto refugio”. (RV1960).