No todo lo que parece correcto lo es. La vida presenta decisiones que no se reducen a lo bueno o lo malo, sino a lo que conviene y lo que verdaderamente edifica.
El Señor Jesús veía más allá de lo evidente. Discernía intenciones, entendía los momentos y respondía con verdad. Esa claridad no provenía de análisis humano, sino de una comunión constante con el Padre.
El discernimiento no surge de manera automática. Se forma con el tiempo, a través de la Palabra, la oración y una sensibilidad espiritual cultivada.
Una vida sin discernimiento se vuelve vulnerable a la confusión. En cambio, una vida guiada por Dios aprende a distinguir con precisión.
Ver con claridad evita tropiezos innecesarios y orienta cada paso con firmeza.
Así que busca desarrollar discernimiento espiritual. Dios guía a quienes desean ver más allá de lo evidente.
La Biblia dice en Filipenses 1:9-10: “Que vuestro amor abunde… en todo conocimiento y discernimiento”. (RV1960).