Al cerrar el mes, conviene detenerse y mirar hacia atrás, no para analizar cada falla, sino para reconocer lo que Dios hizo. La gratitud no es ingenuidad; es la capacidad de ver la mano de Dios en medio de lo complejo.
Por ejemplo, en la Biblia, vemos que el pueblo de Dios tenía un calendario de fiestas con momentos obligatorios de conmemoración. No era nostalgia; era teología práctica. Por lo tanto, recordar la fidelidad de Dios forma la fe para lo que viene, porque un corazón que olvida lo que Dios hizo antes, se vuelve ansioso ante lo que viene después.
Algo floreció este mes, aunque no todo lo que esperabas. Dios fue fiel, aunque el proceso haya sido incómodo. Por eso, da gracias con honestidad, porque la gratitud orienta el corazón para seguir confiando.La Biblia dice en Salmos 107:1: “Alabad a Jehová, porque él es bueno; porque para siempre es su misericordia”. (RV1960).