Diez segundos

Diez segundos de silencio hicieron llorar a una sala llena de estrellas. En 1997, Fred Rogers recibió un premio Emmy por toda su carrera. Era pastor presbiteriano y había usado la televisión para hablarles a los niños con ternura. Frente a los grandes del medio, pidió que pensaran en las personas que los habían ayudado a ser quienes eran.

Miró su reloj y esperó. Nadie se movió. Muchos terminaron llorando, porque nadie llega a ninguna parte por mérito propio.

Hoy haz el mismo ejercicio. Cierra los ojos diez segundos y deja que aparezca un rostro. Esa persona quizá nunca supo cuánto significó para ti. Escríbele unas líneas antes de que termine el día. Un gracias a tiempo vale más que un homenaje tardío. Quizá fue un maestro, una abuela o un amigo de la infancia. Ese pequeño gesto puede ser el mejor regalo de su semana.

La Biblia dice en Filipenses 1:3: “Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros”. (RV1960).

Los que nos enseñaron a vivir

Una conversación en el depósito de una zapatería cambió a un joven, y por medio de él, a multitudes. En 1855, Edward Kimball, maestro de escuela dominical en Boston, visitó la zapatería donde trabajaba uno de sus alumnos, Dwight Moody. Hablaron entre las cajas de zapatos y allí Moody entregó su vida a Cristo.

Moody llegó a ser uno de los grandes evangelistas de su siglo y predicó en Estados Unidos y en Gran Bretaña. Aquel maestro solo fue fiel a un alumno.

Nadie llega a la fe solo. Hoy, domingo, piensa en la persona que Dios usó para formarte, un maestro, una abuela, un pastor. Agradece por su vida y por sus palabras y escríbele o llámale si aún puedes. La gratitud mantiene vivo lo mejor de quienes nos antecedieron.

La Biblia dice en Hebreos 13:7: “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe”. (RV1960).

La Palabra que acompaña el camino

Hoy, 31 de octubre, muchas iglesias recuerdan el Día de la Reforma. Cuarenta años después de que comenzara aquel movimiento, en 1557, un monje llamado Casiodoro de Reina huyó de un monasterio cercano a Sevilla ante la amenaza de la Inquisición. Durante años vivió como extranjero en varias ciudades de Europa, mientras traducía la Biblia al castellano directamente del hebreo y del griego. En 1569 publicó en la ciudad de Basilea la primera Biblia completa en español, conocida como la Biblia del Oso por el grabado de su portada. Décadas después, Cipriano de Valera la revisó y así nació la Reina-Valera que todavía leemos.

El salmista escribió que los estatutos de Dios fueron su canto en la casa donde vivió como extranjero. Para muchos peregrinos, la Palabra ha sido compañía en el camino. El Señor Jesús afirmó que el cielo y la tierra pasarán, pero Sus palabras no pasarán.

Por lo tanto, al cerrar este mes, abraza la Palabra que otros pagaron tan caro por darte. Léela, guárdala y camina con ella. Recuerda que somos peregrinos en camino y guiados por la Palabra de Dios.

La Biblia dice en Salmos 119:54: “Cánticos fueron para mí tus estatutos en la casa en donde fui extranjero”. (RV1960).

Un lugar preparado

Cada otoño, las golondrinas que anidan en Gran Bretaña vuelan hasta el sur de África, a unos diez mil kilómetros de distancia. En primavera emprenden el regreso y la mayoría vuelve al mismo lugar donde anidó el año anterior. Según la revista de vida silvestre de la BBC, un estudio encontró que casi la mitad de las parejas volvió a ocupar exactamente el mismo nido. Un buen nido puede usarse durante diez o quince años. Después de un viaje tan largo, las espera un lugar conocido.

El Señor Jesús habló a Sus discípulos de un lugar así. La noche antes de Su muerte, cuando ellos estaban turbados, les dijo que en la casa de Su Padre hay muchas moradas y que Él iba a preparar un lugar para ellos. Nuestro peregrinaje no termina en la incertidumbre, sino en un hogar preparado por Cristo.

Si hoy te sientes lejos de casa, recuerda que tienes un lugar reservado. De modo que, vive con la esperanza de quien sabe que, al final del camino, lo espera el Padre.

Además, al final del camino, nos espera un lugar preparado. La Biblia dice en Juan 14:2: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros”. (RV1960).

La llegada que da sentido

Cada año, peregrinos de todo el mundo caminan hacia la ciudad de Santiago de Compostela, en el noroeste de España. Al llegar, muchos reciben un certificado llamado la Compostela. Según la Oficina del Peregrino, en 2025 más de quinientas treinta mil personas lo recibieron, una cifra récord. Algunos caminan semanas; otros, apenas unos días. Para casi todos, la llegada da sentido a cada ampolla y a cada kilómetro.

La carta a los Hebreos describe a los creyentes como extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Abraham y los hombres y mujeres de fe vivieron mirando hacia una patria mejor, la celestial, y Dios no se avergonzó de llamarse su Dios. Del Señor Jesús, la misma carta dice que, por el gozo puesto delante de Él, sufrió la cruz.

Por lo tanto, el cansancio de hoy no es el final de la historia. Camina con la mirada puesta en la meta, porque la llegada que Dios prepara hará que todo el camino valga la pena. De modo que, la meta de Dios da sentido a cada paso del camino.

La Biblia dice en Hebreos 11:16: “Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad”. (RV1960).

Cuando el camino se hace largo

Cada otoño, las ballenas grises dejan sus zonas de alimentación en los mares del norte, cerca de Alaska, y nadan hacia el sur a lo largo de la costa del Pacífico hasta las lagunas de Baja California, en México. Allí nacen muchas de sus crías. Según el Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos, es una de las migraciones más largas de cualquier mamífero al recorrer unos dieciséis mil kilómetros de ida y vuelta. Solo el viaje hacia el sur les toma de dos a tres meses.

Hay temporadas en las que el camino parece no terminar. Israel peregrinó cuarenta años por el desierto, y al final Moisés le recordó algo asombroso. En todo ese tiempo, su ropa no se gastó, ni sus pies se hincharon. Dios los sostuvo cada día del trayecto. El Señor Jesús prometió a Sus discípulos que estaría con ellos todos los días, hasta el fin del mundo. Por lo tanto, si tu camino se ha hecho largo, mira hacia atrás y reconoce cómo Dios te ha sostenido. El mismo que te cuidó hasta aquí te llevará hasta el final.

Recuerda que durante el camino largo, Dios te sostiene en cada paso. La Biblia dice en Deuteronomio 8:4: “Tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta años”. (RV1960).

La constancia que llega lejos

El charrán ártico es un ave marina pequeña, y aun así hace la migración más larga que se conoce. En 2010, un equipo de investigadores de Groenlandia colocó localizadores de apenas un gramo y medio a varios de ellos. Descubrieron que viajan cada año entre Groenlandia y la Antártida, recorriendo unos setenta y un mil kilómetros. Como pueden vivir treinta años o más, a lo largo de su vida recorren unos dos millones cuatrocientos mil kilómetros, el equivalente a tres viajes de ida y vuelta a la Luna.

Ningún vuelo aislado explica esa distancia; la explica la constancia de cada año. La vida de fe funciona igual. El apóstol Pablo animó a los creyentes de Tesalónica a no cansarse de hacer el bien, y el Señor Jesús enseñó que quien persevere hasta el fin será salvo.

No menosprecies la fidelidad de cada día. Una oración diaria, una obediencia sencilla y un servicio constante, sumados durante años, recorren distancias que hoy no alcanzas a ver.

La constancia de cada día llega más lejos de lo que imaginas.

La Biblia dice en 2 Tesalonicenses 3:13: “Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien”. (RV1960).

Atravesar, no rodear

Cada año, los gansos de cabeza listada viajan entre la India y las altas mesetas de Asia central, y en su ruta se levanta la cordillera más alta del mundo, el Himalaya. Un estudio internacional publicado en 2011, que siguió a estas aves con transmisores satelitales, descubrió que no rodean las montañas. Suben entre cuatro mil y seis mil metros en siete u ocho horas, a veces de noche y sin depender del viento, y cruzan los pasos del Himalaya en un solo día.

Hay montañas en la vida que no se pueden rodear, como una pérdida, una enfermedad o una decisión difícil. Dios no siempre nos evita el valle o la montaña, pero promete acompañarnos al atravesarlos. Por medio del profeta Isaías, aseguró a Su pueblo que estaría con ellos al pasar por las aguas y por el fuego. El Señor Jesús no rodeó la cruz; la atravesó por amor y venció.

Si hoy tienes delante una montaña que no puedes evitar, no camines solo. Dios te dará las fuerzas para subirla y cruzarla.

Con Dios, lo que no se puede rodear se puede atravesar.

La Biblia dice en Isaías 43:2: “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti”. (RV1960).

El atajo que no conviene

En 1846, un grupo de ochenta y siete hombres, mujeres y niños, conocido como la caravana Donner, viajaba en carretas hacia California. En el camino decidió seguir un atajo que, según su promotor, les ahorraría tiempo. La ruta resultó más lenta y difícil de lo prometido, y les consumió provisiones y animales. En octubre, al llegar a la sierra Nevada, los sorprendió la primera gran nevada del invierno, y quedaron atrapados durante cuatro meses. Según el Servicio de Parques Nacionales, cuarenta de ellos murieron.

Los atajos espirituales suelen tener la misma apariencia. Prometen llegar más rápido a la meta sin pasar por la obediencia, la paciencia o el proceso. El libro de Proverbios advierte que hay caminos que al hombre le parecen derechos, pero su final es camino de muerte. El Señor Jesús habló de una puerta estrecha y un camino angosto que llevan a la vida.

Antes de tomar una decisión que parece ahorrarte tiempo, preséntala a Dios en oración y escucha Su consejo. Lo que parece un rodeo puede ser el camino que te protege.

El camino de Dios nunca es un atajo, pero siempre llega.

La Biblia dice en Proverbios 14:12: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte”. (RV1960).

Luces que desvían

Cuando las tortugas marinas salen del cascarón en las playas de Florida, buscan el mar guiándose por la luz. En una playa oscura, el horizonte más brillante es el del océano, y hacia allí se dirigen. Según una organización de Florida dedicada a proteger a las tortugas marinas, las luces artificiales de casas, calles y comercios las confunden. Muchas caminan tierra adentro o se quedan dando vueltas en la arena hasta agotar las fuerzas que necesitaban para sobrevivir. Una luz equivocada las aleja de su destino.

El corazón humano también se deja atraer por luces que prometen mucho y desvían del camino, como el éxito sin Dios, el placer sin límites o la aprobación de los demás. El Señor Jesús declaró que Él es la luz del mundo, y que quien le sigue no andará en tinieblas.

Pregúntate hoy qué luces están captando tu atención. Apaga las que te alejan de Dios y vuelve la mirada hacia Cristo, que siempre conduce a la vida.

No toda luz lleva a casa; solo Cristo es la luz verdadera.

La Biblia dice en Juan 8:12: “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. (RV1960).