El 25 de mayo de 1953, el médico de montaña Griffith Pugh envió desde el campamento base del Everest un mensaje conciso a Londres diciendo: “los hombres están bien, el equipo funciona”. Cuatro días después, el 29 de mayo, Hillary y Tenzing alcanzaron la cima. Lo que pocos recuerdan es que Pugh era el científico que durante años había diseñado en silencio el equipo de oxígeno, los menús de altitud y los protocolos de aclimatación sin los cuales la ascensión habría sido imposible. Su nombre no aparece en las fotografías de la cima. Él sabía que la cima no era para él; su trabajo era que otros llegaran.
De la misma manera, la fe no siempre lleva al que cree hasta donde puede ver el resultado. A veces lleva hasta el punto en que confías en que Dios completará lo que tú comenzaste. Dar el siguiente paso sin ver la orilla no es ingenuidad; es obediencia.
Da el paso que tienes delante hoy. No necesitas ver el final para comenzar. Dios ya está en la orilla esperándote. La Biblia dice en 2 Corintios 5:7: “Porque por fe andamos, no por vista”. (RV1960).