El amor que el mundo celebra suele durar lo que dura la emoción. Cuando la intensidad se apaga, también se apagan las promesas. Sin embargo, la Escritura nos presenta un amor distinto, uno que no depende del momento ni de la respuesta del otro. Es un amor que permanece cuando todo lo demás se desvanece.
El Señor Jesús amó hasta el final. No se retiró cuando fue incomprendido, ni se detuvo cuando amar tuvo un costo real. Permaneció fiel aun en la traición, el silencio y el dolor. De modo que, el amor que permanece no es el que evita el sufrimiento, sino el que decide quedarse con propósito. Ese amor no nace de la fuerza humana, sino de la gracia de Dios.
Tal vez has experimentado relaciones que comenzaron con entusiasmo, pero no supieron sostenerse. Hoy, Dios te recuerda que Su amor no se cansa ni se retira. Desde ese amor somos llamados a amar con paciencia, verdad y compromiso. Por eso, recibe primero el amor que permanece y, desde allí, aprende a amar como Él ama.
Así que, ama con un amor que no dependa del momento, sino de la fidelidad de Dios, es así como podemos celebrar el amor que permanece para siempre. ¡Feliz día del amor y la amistad! La Biblia dice en 1 Corintios 13:8: “El amor nunca deja de ser”. (RV1960).