El lingüista William Labov documentó en sus investigaciones sobre conversación humana un fenómeno que llamó solapamiento que es la tendencia de los hablantes a comenzar su respuesta antes de que el otro haya terminado. Concluyó que escuchar activamente es una habilidad aprendida, no una disposición natural, y que la mayoría de las personas escucha para responder, no para comprender.
El Señor Jesús hacía preguntas antes de dar respuestas. Con la mujer samaritana en el pozo, con el joven rico, con Sus discípulos en Cesarea de Filipo, Él primero escuchó con atención. Eso no era estrategia comunicativa; era amor en acción. Quien escucha con el corazón presente responde con mayor sabiduría, hiere menos y abre puertas que la prisa cierra.
Antes de hablar hoy, detente. Pregunta más de lo que afirmas. Escucha más de lo que explicas. Permite que el silencio también hable. Dios puede usar tu disposición para escuchar como un instrumento de gracia que transforma una conversación ordinaria en algo que ninguno de los dos olvidará.
La Biblia dice en Proverbios 18:13: “Al que responde palabra antes de oír, le es fatuidad y oprobio”. (RV1960).