Provisión en cada tramo

El Qhapaq Ñan, el gran sistema vial andino, recorría más de 30 000 kilómetros entre desiertos, valles, selvas y cumbres de más de 6 000 metros de altura. Construido a lo largo de siglos por los pueblos andinos y extendido por los incas en el siglo XV, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2014, en una postulación conjunta de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú. A lo largo de la ruta se levantaban tambos, estaciones de hospedaje y almacenamiento donde el caminante encontraba descanso, alimento y abrigo para continuar.

Aquellos tambos ilustran una verdad del camino de la fe. Dios no promete una ruta sin cansancio, pero sí provisión para cada tramo. Israel recibió maná cada mañana durante su peregrinaje, y el apóstol Pablo, desde la prisión, escribió que Dios supliría todo lo que nos falta. El Señor Jesús, por Su parte, nos enseñó a pedir el pan de cada día, no el de todo el año.

Mira hacia atrás y reconoce los tambos que Dios ha puesto en tu camino, como una palabra oportuna, un amigo fiel o una puerta que se abrió a tiempo. El mismo Dios que te sostuvo hasta aquí proveerá para el tramo que tienes por delante. Dios ya preparó provisión para el próximo tramo.

La Biblia dice en Filipenses 4:19: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. (RV1960).

Volver al lugar de origen

Poco después de la Segunda Guerra Mundial, el biólogo Arthur Hasler volvió a los montes Wasatch, en Utah, donde había crecido. Mientras subía por un sendero, antes de divisar una cascada que frecuentaba de niño, una brisa con aroma a musgo y flores silvestres le devolvió de golpe los recuerdos de su infancia. Entonces se preguntó si el salmón encontraría su hogar de la misma manera. Sus investigaciones en la Universidad de Wisconsin confirmaron la intuición. El salmón graba en su memoria el olor del arroyo donde nació, y tras años en el océano, ese olor lo guía de regreso al mismo lugar.

El alma humana también guarda memoria de su hogar. Por eso el profeta Oseas llamó al pueblo a volver a Jehová, porque solo en Él estaba su sanidad. Siglos después, el Señor Jesús contó la historia de un hijo que, lejos de casa, recordó la abundancia de la casa de su padre y decidió regresar.

Quizá te has alejado de la oración, de la iglesia o de tu primer amor. Hoy es un buen día para emprender el regreso, porque el Padre no te espera con reproche, sino con los brazos abiertos.

Nunca es tarde para volver a casa.

La Biblia dice en Oseas 6:1: “Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará”. (RV1960).

Seguir al que conoce la montaña

El 29 de mayo de 1953, a las once y media de la mañana, Edmund Hillary y Tenzing Norgay se convirtieron en los primeros en pisar la cumbre del monte Everest. Tenzing no era un recién llegado. Había comenzado como porteador en una expedición de reconocimiento en 1935, y en los años siguientes participó en más expediciones al Everest que cualquier otro escalador. En 1952, junto al suizo Raymond Lambert, había alcanzado cerca de 8 600 metros, un récord de altura para su época. Conocía la montaña, sus peligros y sus tiempos.

Nadie sensato emprende una subida así detrás de alguien que nunca la ha recorrido. Tampoco el pueblo de Israel cruzó el desierto a ciegas; siguió una columna de nube de día y de fuego de noche, porque Dios mismo conocía el camino. De la misma manera, el Señor Jesús no nos llama a seguir una idea, sino a seguirle a Él, quien ya atravesó la cruz y la tumba y resucitó victorioso.

¿A quién sigues en tus decisiones importantes? Busca la guía de Dios en oración y rodéate de hermanos maduros que conozcan el terreno de la fe. La cumbre se alcanza caminando detrás de quien conoce la montaña.

Sigue a Aquel que ya recorrió el camino.

La Biblia dice en Éxodo 13:21: “Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche”. (RV1960).

Esperar el viento favorable

El 13 de octubre de 2022, una aguja colipinta de apenas cinco meses, identificada solo por el número de su transmisor satelital, 234684, despegó del delta del Yukón-Kuskokwim, en Alaska. Once días y una hora después aterrizó en la bahía de Ansons, en Tasmania, tras recorrer 13 560 kilómetros sin detenerse a comer ni a descansar. Guinness World Records reconoció ese vuelo como la migración sin escalas más larga documentada en un ave. El secreto no está solo en su resistencia. Científicos del Servicio Geológico de Estados Unidos han comprobado que estas aves esperan los vientos favorables que generan las tormentas del golfo de Alaska antes de lanzarse al Pacífico.

Esa espera no es pasividad, sino sabiduría. Del mismo modo, esperar en Dios nunca es tiempo perdido, porque algunas decisiones tomadas antes de tiempo agotan las fuerzas a mitad del camino. El Señor Jesús pidió a Sus discípulos que no se fueran de Jerusalén hasta recibir la promesa del Padre, y solo entonces los envió hasta lo último de la tierra.

Si hoy sientes que todo está detenido, no confundas la espera con el abandono. Dios está preparando el viento, y cuando sople, sabrás que es tiempo de partir.

Esperar en Dios también es avanzar.

La Biblia dice en Lamentaciones 3:25-26: “Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová”. (RV1960).

Las estrellas que orientan

En la década de 1960, el ornitólogo Stephen Emlen llevó azulejos índigos, pequeñas aves migratorias de Norteamérica, al planetario de Flint, en Michigan. Bajo un cielo artificial comprobó que se orientaban por las constelaciones cercanas a la estrella polar, el punto alrededor del cual todo el firmamento parece girar. Sus experimentos revelaron, además, algo asombroso. Durante su primer verano, los polluelos aprenden a identificar el centro de rotación del cielo, el único punto que no se mueve, y en su primera migración se orientan a partir de él.

Aquellas aves aprenden temprano lo que a muchos nos toma años descubrir. En un mundo donde casi todo gira, necesitamos un punto fijo. Las opiniones, las modas y las emociones cambian de un día para otro, mientras la Palabra de Dios permanece. El apóstol Pedro la comparó con una antorcha que alumbra en lugar oscuro hasta que amanece, y el Señor Jesús es el centro firme alrededor del cual todo lo demás encuentra su lugar.

Enseña hoy a tu corazón a reconocer el punto que no cambia. Dedica unos minutos a la Escritura antes de que el día comience a girar, porque quien fija la mirada en Cristo no se pierde en la noche.

Fija tu mirada en el centro que no se mueve.

La Biblia dice en 2 Pedro 1:19: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones”. (RV1960).

Una brújula en el interior

En 1972, la revista Science publicó un estudio de los investigadores alemanes Wiltschko que confirmó algo que durante mucho tiempo pareció imposible. El petirrojo europeo posee una brújula magnética. Cuando los investigadores modificaban el campo magnético alrededor de las aves, sin que estas pudieran guiarse por el cielo, ellas cambiaban de dirección en consecuencia. Desde entonces, numerosos estudios han mostrado que muchas aves migratorias perciben ese campo invisible que envuelve el planeta y se orientan con él.

Si el Creador dotó a un ave tan pequeña de un sentido interior de dirección, ¡cuánto más guiará a Sus hijos! El Señor Jesús prometió que el Espíritu de verdad nos guiaría a toda la verdad. Por eso, cuando el cielo se nubla y las circunstancias no ofrecen ninguna pista, el creyente no queda a la deriva. La Palabra guardada en el corazón y la voz del Espíritu que la ilumina funcionan como esa brújula fiel.

¿Esperas que las circunstancias te digan hacia dónde ir? Detente, ora y escucha. El Espíritu que habita en ti conoce el rumbo aun cuando el horizonte esté cerrado.

La dirección de Dios no depende de que el cielo esté despejado. La Biblia dice en Juan 16:13: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir”. (RV1960).

Prepararse para la travesía

El colibrí garganta de rubí pesa unos tres gramos, menos que una moneda de cinco centavos. Durante las semanas previas a su migración se alimenta sin descanso de néctar e insectos, hasta casi duplicar su peso. Gracias a esa reserva, muchos de ellos cruzan el golfo de México sin escalas, cerca de 800 kilómetros sobre el agua, en un vuelo de dieciocho a veinte horas. En mar abierto no hay flores ni ramas donde posarse; el colibrí vuela únicamente con lo que acumuló antes de partir.

La vida espiritual conoce travesías semejantes, momentos en los que no habrá tiempo para prepararse sobre la marcha. De ahí el valor de las temporadas tranquilas, cuando parece que no pasa nada. El Señor Jesús se apartaba con frecuencia a lugares desiertos para orar, y de esa comunión con el Padre salía fortalecido para los días más exigentes de Su ministerio.

Si hoy vives una temporada sin grandes desafíos, no la desperdicies. Llénate de la Palabra, persevera en la oración y cultiva la comunión con otros creyentes. Cuando llegue el mar abierto, volarás con las fuerzas que Dios te dio en la calma. Lo que se guarda en la calma sostiene en la travesía.

La Biblia dice en Salmos 84:5: “Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos”. (RV1960).

Una ruta que nadie les enseñó

El cuco común crece sin conocer a sus padres. La hembra deposita su huevo en el nido de otra especie, y para cuando el polluelo abandona el nido, los adultos ya partieron hacia África. Aun así, llegado el otoño, ese joven emprende solo un viaje de miles de kilómetros hacia un lugar que nunca ha visto. Investigadores de la Universidad de Cambridge siguieron por satélite a cucos jóvenes criados por padres adoptivos en Finlandia y comprobaron que llegaron hasta Angola sin la guía de ninguna ave experimentada.

Algo parecido viven muchos creyentes. Comenzaron el camino de la fe sin mapa y sin nadie que les enseñara; quizá en su casa nadie oraba ni abría la Biblia. Sin embargo, Dios no depende de nuestra herencia para guiarnos. El Creador que puso en una pequeña ave el rumbo hacia el sur conoce también el camino de tu vida, y el Señor Jesús afirmó que Sus ovejas oyen Su voz y le siguen.

Por eso, no te descalifiques por lo que no recibiste. Aquel que te formó sabe hacia dónde vas, y te mostrará cada tramo a su tiempo. Tu ruta no depende de tu pasado, sino de Aquel que te guía.

La Biblia dice en Salmos 16:11: “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre”. (RV1960).

Soltar para seguir vivo

Cada otoño, los árboles de hoja caduca hacen algo que a simple vista parece una pérdida. Antes de que llegue el frío, forman en la base de cada hoja una delgada franja de células, llamada capa de extirpación, que poco a poco la separa de la rama. Primero recuperan los nutrientes que pueden guardar; después sueltan la hoja, y una capa protectora sella el lugar donde estaba. Según los especialistas, así el árbol conserva el agua y la energía que necesitará para atravesar el invierno.

Lo que el árbol hace por instinto, el creyente aprende a hacerlo por fe. Hay costumbres, cargas y hasta planes que ya cumplieron su propósito, y aferrarse a ellos solo agota el alma. El Señor Jesús enseñó que el Padre limpia al pámpano que da fruto para que lleve más fruto. Por eso, no todo lo que cae es pérdida; muchas veces es preparación.

Al comenzar este recorrido de octubre como peregrinos, detente antes de dar el primer paso. Pregúntale al Señor qué necesitas soltar para seguir caminando con Él. Hazlo sin miedo, porque Dios sabe sellar la herida y guardar lo que de verdad necesitarás en la próxima estación. Peregrinos en camino, porque Dios guía cada estación.

La Biblia dice en Eclesiastés 3:1: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”. (RV1960).

 Una Palabra, mil lenguas

El calendario de la ONU marca hoy el Día Internacional de la Traducción, una fecha elegida a propósito: coincide con el aniversario de la muerte de Jerónimo de Estridón, ocurrida en el año 420. Jerónimo dedicó buena parte de su vida a una tarea que pocos habrían tenido la paciencia de completar: traducir toda la Biblia, del hebreo y del griego originales, a un latín que cualquier persona del imperio romano pudiera entender.

Esa traducción, conocida después como la Vulgata, se convirtió durante más de mil años en el texto bíblico más leído de la historia occidental. Jerónimo trabajó gran parte de ese proyecto encerrado cerca de Belén, cotejando manuscritos, discutiendo por carta con otros eruditos, corrigiendo una y otra vez lo que ya creía terminado. No lo hizo por encargo de nadie poderoso; lo hizo porque creía que la gente común merecía leer la Palabra en su propio idioma, no solo escucharla de boca de un experto.

Dieciséis siglos después, la Biblia sigue siendo el libro más traducido de toda la historia humana, disponible hoy en miles de idiomas gracias a generaciones enteras de traductores que siguieron ese mismo impulso.

La Biblia dice en Hechos 2:6: “Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua”. (RV1960).