No todo el que persevera lo hace bien. Algunos siguen adelante, pero con el corazón endurecido, con la paciencia desgastada y con la ternura ausente. Es decir, se cumple, se resiste y se avanza, pero se ha perdido la sensibilidad. Por eso, perseverar con salud espiritual implica cuidar no solo el paso, sino el espíritu con el que se camina.
Dios no busca resistencia vacía, sino fidelidad acompañada de amor. El Señor Jesús perseveró en medio del rechazo sin perder la compasión. De modo que, cuando la perseverancia se desconecta del amor, se convierte en carga. Recuerda que Dios renueva fuerzas no solo para seguir, sino para seguir con el corazón sano.
Tal vez el cansancio ha comenzado a afectar la manera en que respondes, confías o amas. Por lo tanto, no lo ignores. Llévalo a Dios con honestidad. Perseverar no es negar el desgaste, sino entregarlo. Allí la gracia suaviza lo que la presión ha endurecido. Así que, sigue caminando, pero cuida tu interior. La Biblia dice en Gálatas 6:9: “No nos cansemos, pues, de hacer bien…”. (RV1960).