En 2016, un fuerte terremoto sacudió con violencia la provincia de Manabí, en Ecuador, dejando comunidades enteras que debieron reconstruir desde cero. Una década después, la reconstrucción sigue incompleta en muchas zonas, y persisten deudas pendientes; pero también existen nuevas normas técnicas y comunidades que aprendieron, con dolor, la importancia de exigir que se cumplan.
Dios permite que aprendamos de la dificultad sin desperdiciar ni un solo momento del dolor ya atravesado. El Señor Jesús enseñó que las pruebas producen paciencia y la paciencia, a su vez, un carácter probado capaz de sostener la esperanza incluso en circunstancias futuras aún desconocidas para nosotros.
Tal vez atraviesas actualmente una dificultad de la que todavía no ves ningún aprendizaje claro ni propósito evidente. Confía en que Dios, con el tiempo necesario, revelará qué parte de este proceso te preparará para sostener a otros más adelante.
Ninguna lección aprendida en la tormenta se desperdicia.
La Biblia dice en Santiago 1:2-3: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia”. (RV1960).