El agricultor no cosecha el día que siembra. Entre la semilla y el fruto hay un proceso que exige constancia, cuidado y paciencia. Nadie espera lo contrario. Sin embargo, en la vida espiritual con frecuencia se busca la cosecha sin haber sembrado o se abandona la siembra antes de tiempo.
La fidelidad diaria es el tipo de siembra que Dios honra. No los grandes actos extraordinarios, sino los pequeños actos constantes como una oración breve sostenida en el tiempo. Una obediencia que se repite sin aplausos. Un servicio que no pide reconocimiento. El Señor Jesús describió al siervo fiel como aquel que fue encontrado haciendo su trabajo cuando su señor llegó. No el que hizo lo más impresionante, sino el que no dejó de hacer lo correcto. De modo que, sigue siendo fiel en lo cotidiano porque la cosecha llegará. La Biblia dice en Mateo 25:21: “Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”. (RV1960).