En 1827, Franz Schubert dejó incompleta su Sinfonía n.° 8 en Si menor. Solo escribió dos de los cuatro movimientos previstos. No se conoce con certeza por qué no la terminó; murió al año siguiente, en 1828, a los treinta y un años. Sin embargo, esa obra inconclusa es hoy considerada una de las cimas de la música romántica, no a pesar de lo que le falta, sino por la profundidad extraordinaria de lo que tiene. Así que, lo incompleto no siempre equivale a fallido.
Hay etapas de vida que no se terminan como las planeamos. Por ejemplo, proyectos que no llegaron a la forma soñada. Relaciones que quedaron con preguntas sin respuesta. Llamados que se truncaron antes del desenlace esperado. Dios no evalúa la vida humana como una lista de logros completos. Él ve la fidelidad sostenida, el amor ejercido con constancia y el carácter formado en el camino.
Por lo tanto, lo que hoy parece incompleto puede ser exactamente lo que Dios diseñó que fuera. De modo que, confía en Su perspectiva sobre tu historia. Él hace todo hermoso en su tiempo, incluso lo que a tus ojos parece inconcluso. La Biblia dice en Eclesiastés 3:11: “Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos”. (RV1960).