El año ha llegado a su punto central. Atrás quedaron los propósitos de enero, las resoluciones del invierno y la energía del comienzo. Aquí, en la mitad del camino, el corazón suele hacerse preguntas difíciles como: ¿Vale la pena seguir? ¿Hay algo que mostrar? ¿Qué pasó con lo que prometí en fe?
Recuerda que Dios no solo está al inicio y al final; Él está en el centro. El Señor Jesús no desistió en la mitad de Su ministerio cuando las multitudes se dispersaron, ni cuando los discípulos no entendían. Continuó con fidelidad constante porque el propósito no dependía de la respuesta del entorno, sino de la dirección del Padre.
La mitad del camino es el lugar donde se revela lo que realmente sostiene la fe. No el entusiasmo, sino la convicción. No el impulso inicial, sino la gracia que renueva. Este mes es una invitación a retomar el paso con la misma intención del primer día, pero con la madurez de quien ya ha caminado, porque el que comenzó la obra también sostiene el trayecto. Sigue adelante: “Dios no abandona lo que comenzó en ti”.
La Biblia dice en Habacuc 3:19: “Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar”. (RV1960).