Cuando un árbol joven se planta en tierra fértil, los primeros años de crecimiento ocurren principalmente bajo la superficie. Las raíces se extienden antes de que las ramas se eleven. El agricultor ve poco al principio, pero el árbol está construyendo lo que lo sostendrá después.
Dios forma el carácter antes de la plataforma. Forma la fidelidad antes de la visibilidad. El Señor Jesús pasó treinta años en Nazaret antes de tres de ministerio público. Ese tiempo no fue desperdicio; fue fundamento. Lo que Dios construye despacio, sostiene a largo plazo.
Si sientes que Dios te ha tenido en preparación, no lo interpretes como abandono. Las raíces profundas no se forman en la velocidad, sino en la constancia.
La Biblia dice en Jeremías 17:8: “Será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto”. (RV1960).