En el año 1972, el beisbolista puertorriqueño Roberto Clemente murió en un accidente aéreo mientras transportaba ayuda humanitaria para las víctimas de un terremoto en Nicaragua. Había insistido en acompañar personalmente el envío tras enterarse de que la ayuda anterior no llegaba a quienes más la necesitaban.
Entregarse por otros en medio de la tormenta ajena revela el corazón que Dios ha ido formando con el tiempo. El Señor Jesús enseñó que no existe amor más grande que dar la vida por los demás, y Su propio ejemplo definió para siempre ese estándar de entrega hasta el final del camino.
Quizá no enfrentes un riesgo tan extremo, pero sí una oportunidad diaria de ayudar a alguien atravesando su propia tempestad. Cada gesto de entrega, por pequeño que parezca, refleja el corazón de Cristo en acción y deja huella más allá de tu propia vida.
Firmes en la tormenta, entregados por otros. La Biblia dice en 1 Juan 3:16: “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos”. (RV1960).