El 29 de mayo de 1953, a las once y media de la mañana, Edmund Hillary y Tenzing Norgay se convirtieron en los primeros en pisar la cumbre del monte Everest. Tenzing no era un recién llegado. Había comenzado como porteador en una expedición de reconocimiento en 1935, y en los años siguientes participó en más expediciones al Everest que cualquier otro escalador. En 1952, junto al suizo Raymond Lambert, había alcanzado cerca de 8 600 metros, un récord de altura para su época. Conocía la montaña, sus peligros y sus tiempos.
Nadie sensato emprende una subida así detrás de alguien que nunca la ha recorrido. Tampoco el pueblo de Israel cruzó el desierto a ciegas; siguió una columna de nube de día y de fuego de noche, porque Dios mismo conocía el camino. De la misma manera, el Señor Jesús no nos llama a seguir una idea, sino a seguirle a Él, quien ya atravesó la cruz y la tumba y resucitó victorioso.
¿A quién sigues en tus decisiones importantes? Busca la guía de Dios en oración y rodéate de hermanos maduros que conozcan el terreno de la fe. La cumbre se alcanza caminando detrás de quien conoce la montaña.
Sigue a Aquel que ya recorrió el camino.
La Biblia dice en Éxodo 13:21: “Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche”. (RV1960).