Un corazón enseñable es señal de madurez espiritual. No se trata de saberlo todo, sino de permanecer abierto a la dirección de Dios. Cuando dejamos de aprender, la fe corre el riesgo de volverse rígida.
Todos conocemos personas que, con los años, se vuelven más sabias porque siguen aprendiendo. Esa actitud también es espiritual. El Señor Jesús formó a Sus discípulos con paciencia, corrigiendo, enseñando y acompañando sus procesos.
Tal vez Dios está usando circunstancias incómodas para mostrarte algo nuevo. Resistirse endurece el corazón; aprender lo ablanda. Un espíritu enseñable crece incluso en medio de la corrección.
Por eso, mantén una disposición constante a aprender de Dios. La enseñanza continua fortalece la fe.
La Biblia dice en Proverbios 9:9: “Da al sabio, y será más sabio”. (RV1960).