El Camino Real de Tierra Adentro se extendía unos 2600 kilómetros desde la Ciudad de México hasta Nuevo México, pasando por la región de El Paso, Texas. Durante casi trescientos años, a partir de mediados del siglo XVI, por él circularon plata, mercancías, lenguas y fe. Al declararlo Patrimonio de la Humanidad en 2010, la UNESCO destacó los vínculos sociales, culturales y religiosos que esa ruta tejió entre los pueblos que se encontraban en ella. Muchas de nuestras raíces pasaron por ese camino.
Aquella ruta nos recuerda que los encuentros que transforman la vida suelen ocurrir en pleno trayecto. El Señor Jesús resucitado se acercó a dos discípulos desanimados que iban rumbo a Emaús. Más tarde, en el camino desierto hacia Gaza, el Espíritu llevó a Felipe junto a un funcionario etíope que leía al profeta Isaías sin entenderlo. En ambos casos, una conversación en el camino cambió el rumbo de una vida.
Hoy podrías cruzarte con alguien que necesita una palabra de esperanza. Mantén los ojos abiertos y el corazón disponible, porque quizá Dios ya preparó ese encuentro.
Ningún encuentro en el camino de Dios es casualidad.
La Biblia dice en Hechos 8:39: “Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino”. (RV1960).