Desde 1943, un escuadrón especial conocido como los Cazadores de Huracanes vuela deliberadamente hacia el interior de las tormentas más peligrosas del planeta para recolectar datos que permiten alertas mucho más precisas. Su misión consiste en entrar exactamente donde otros huyen, no por simple temeridad, sino por la firme convicción de que esa información salvará vidas humanas.
Algunos llamados de Dios requieren avanzar directamente hacia la dificultad en lugar de evitarla por completo. El Señor Jesús no rodeó el sufrimiento humano; se acercó deliberadamente a quienes otros evitaban, sabiendo que ahí residía la necesidad más urgente de todas. El servicio genuino a veces exige entrar donde el confort simplemente no llega.
Quizá Dios te ha llamado a acompañar a alguien en una crisis que preferirías evitar. Esa cercanía incómoda puede convertirse en el instrumento exacto que otra persona necesita para sobrevivir su tormenta. De modo que, somos llamados a entrar, no solo a observar desde lejos.
La Biblia dice en 2 Corintios 4:8-9: “Que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos”. (RV1960).