El 29 de mayo de 1953, Edmund Hillary y Tenzing Norgay alcanzaron la cima del Everest por primera vez en la historia. Ninguno habría llegado sin el otro. Hillary tenía experiencia técnica en escalada de alta montaña y conocimiento del equipo. Norgay conocía el terreno, el clima y los patrones de la montaña como ningún otro. La cima fue el resultado de una colaboración que ninguno podría haber logrado en solitario.
Salomón observó algo simple y profundo: dos son mejor que uno. No porque la soledad sea un defecto, sino porque la comunidad tiene recursos que el individuo no puede generar por sí mismo. El diseño de Dios incluye la interdependencia. La iglesia no es una colección de individuos espirituales autónomos; es un cuerpo donde cada parte necesita a las demás para funcionar con plenitud.
De modo que, no intentes escalar solo lo que Dios diseñó para hacerse en compañía. La Biblia dice en Eclesiastés 4:9-10: “Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero”. (RV1960).