En 1900, un huracán devastador golpeó la ciudad de Galveston, en Texas, cobrando miles de vidas porque las advertencias meteorológicas de la época resultaron completamente insuficientes. El meteorólogo Isaac Cline sobrevivió a la tragedia y dedicó el resto de toda su carrera a mejorar los sistemas de alerta temprana, salvando así incontables vidas en tormentas posteriores.
Dios puede transformar incluso la peor experiencia en una fuente de sabiduría duradera para el futuro. El Señor Jesús habló del grano de trigo que debe caer a tierra para dar mucho fruto, enseñando que el quebranto no siempre es el final, sino a veces el principio de algo mucho mayor.
Quizá atravesaste una tormenta devastadora en el pasado y todavía te preguntas qué sentido tuvo realmente todo aquello. Dios no desperdicia el dolor vivido; con frecuencia lo convierte en la sabiduría exacta que protege a otros más adelante en su propio camino personal.
Del quebranto también nace la sabiduría que protege.
La Biblia dice en Salmos 107:29: “Cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas”. (RV1960).