En 1971, los biólogos Roger Payne y Scott McVay publicaron en la revista Science que cada ballena jorobada posee un canto propio, irreproducible por cualquier otro individuo de la especie. Es decir, en millones de kilómetros de océano, cada ballena es reconocible por su voz particular. La creación misma parece diseñada con una identidad individual.
De modo que, Dios no trata a las personas en masa. El buen pastor en la Biblia deja las noventa y nueve y va por la oveja perdida. El Señor Jesús, al resucitar, no llamó a María Magdalena con un título ni con un rol; la llamó por su nombre. Ese detalle íntimo revela algo sobre el carácter de Dios. Él conoce, distingue y llama a cada persona de manera personal e irrepetible.
Por eso, no eres uno entre millones para Dios. Eres conocido, nombrado y sostenido de manera individual.
La Biblia dice en Isaías 43:1: “No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú”. (RV1960).