Las células del cuerpo humano se renuevan de manera constante y diferenciada: las células del estómago cada pocos días, las de la piel cada pocas semanas, las del hígado cada varios meses. El organismo no espera a que el daño sea irreversible; se renueva antes de que el deterioro se acumule. Así que, la renovación no es la excepción en la biología; es el diseño que sostiene la vida.
Jeremías escribió desde la devastación de Jerusalén destruida, en medio del luto más profundo de su historia, que las misericordias de Dios no decaen; son nuevas cada mañana. Esto no fue optimismo romántico; fue teología anclada en el carácter de Dios. Su fidelidad no depende de las circunstancias del que la recibe. Llega nueva, sin desgaste, antes de que se le pida. Esta mañana ya fue provista la misericordia que necesitabas. Así que, recíbela.
La Biblia dice en Lamentaciones 3:22-23: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad”. (RV1960).