Amar bien no siempre es fácil, pero amar desde la verdad es indispensable. Muchas relaciones se debilitan no por falta de afecto, sino por ausencia de honestidad. Cuando el amor se construye solo sobre emociones, se vuelve frágil; en cambio, cuando se afirma en la verdad, adquiere firmeza. Por eso, el amor que sana no es el que evita la confrontación, sino el que la ejerce con gracia.
El Señor Jesús amó con verdad incluso cuando esa verdad incomodó. No suavizó el mensaje para ser aceptado, ni endureció el corazón para imponerse. De modo que, amar desde la verdad implica hablar con respeto, corregir con humildad y escuchar con apertura. La verdad sin amor hiere, pero el amor sin verdad confunde y termina desorientando.
Tal vez haya conversaciones que has postergado por temor a incomodar o perder cercanía. Preséntalas a Dios antes de hablar. Amar desde la verdad no significa decirlo todo de cualquier manera, sino decir lo necesario con el corazón correcto. Por eso, ama con verdad, sabiendo que ese amor no destruye, sino que permanece y edifica con el tiempo.
La Biblia dice en Efesios 4:15: “Siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo…”. (RV1960).