En 1986, el físico Richard Feynman fue convocado para investigar el desastre del transbordador Challenger ante una comisión presidencial. En medio de expertos intimidantes y presión institucional enorme, tomó un pedazo de goma O-ring, lo sumergió en agua helada y demostró en directo, con sencillez absoluta, la causa del accidente. La presencia de quien realmente sabe cambia toda la dinámica de una sala.
Cuando los discípulos vieron al Señor Jesús caminar sobre el agua en medio de la tormenta, gritaron de miedo. Su primera respuesta no fue una instrucción ni una corrección. Fue identificación. Soy yo. No teman. Dios no llega a las tormentas de la vida con un manual de instrucciones. Él llega con Su presencia. Esa presencia es suficiente para transformar el pánico en paz.
En tu tormenta de hoy, escucha primero: “Él dice, no temas, soy yo”. La Biblia dice en Isaías 41:10: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”. (RV1960).