La Edad y la Vida

Un día escuché una frase que me dejó pensando y dice: “La edad se calcula en minutos, pero la vida se calcula en momentos”. Esta es una gran verdad. Tratamos de vivir nuestra vida por el tiempo que asignamos a cada cosa. Andamos corriendo para aquí y para allá con todo lo que tenemos que hacer. La lista de tareas parece ser interminable y los quehaceres parecen nunca acabar. Nos concentramos en los minutos, en las horas y en la productividad de nuestros días. 

Sin embargo, nuestro enfoque debe ser diferente. Nos debemos concentrar en vivir cada momento en plenitud. Nos debemos enfocar en hacer memorias con los seres más queridos en lugar de pasar por desapercibidos los momentos más importantes por la premura de los minutos menos relevantes. ¿Cómo podemos hacerlo? En primer lugar, debemos cambiar nuestro enfoque. Debemos vivir la vida construyendo en cada momento que tengamos en lugar de calcular los minutos que tengamos.
El tiempo no regresa, pero los momentos más preciados, nos dejarán marcados por el resto de nuestras vidas. Así que, disfruta e invierte en cada momento y tu perspectiva de vida cambiará radicalmente. La Biblia dice en el Salmo 39:4,Señor, recuérdame lo breve que será mi tiempo sobre la tierra. Recuérdame que mis días están contados, ¡y cuán fugaz es mi vida!” (NTV)  

Levantarnos

¿Cuántas veces nos hemos caído? Probablemente nos hemos caído una y otra vez en nuestra vida. Desde pequeños, al aprender a caminar, nos comenzamos a caer al solo dar nuestros primeros pasos. Sin embargo, parece ser que al crecer, la realidad sigue siendo en parte la misma. Nos caemos una y otra vez, pero tenemos que aprender a levantarnos una y otra vez. 
Como dijo el filósofo y controversial Confucio: “Nuestra mayor gloria no está en no caer nunca, sino en levantarnos cada vez que caemos”. Sí. La pregunta no es si caeremos, la pregunta es qué vamos a hacer cuando nos caemos. Su respuesta rápida debe ser: “Tratar de levantarnos lo más rápido que podamos”. Cuando hemos caído hay una mirada que es clave y es la mirada hacia arriba. En este ámbito, nuestra mirada hacia arriba es mirar a nuestro Padre Celestial. Él es quien nos podrá levantar del foso donde hayamos caído. No hay caída que le sorprenda a Dios y de la cual no nos pueda rescatar. Sólo debemos mirar a Él, creer en Él y confiar de que todo saldrá muy bien. Recordemos que los más grandes han caído en múltiples ocasiones, pero se han levantado y sobre todo los creyentes por el poder de Dios. Él se perfecciona en nuestra debilidad. La Biblia dice en Proverbios 24:16, “Los justos podrán tropezar siete veces, pero volverán a levantarse. En cambio, basta una sola calamidad para derribar al perverso.” (NTV)  

Hay Que Reírse Un Poco Más

La risa es contagiosa e impregna con alegría cada esfera de la vida. Usualmente sabemos que el reír como el llorar son parte esencial de nuestra existencia. Alguien dijo que el día más desaprovechado de todos los días es aquel en que no nos hemos reído. El reír ha demostrado ser terapéutico, médicamente recomendado, emocionalmente encomendado y espiritualmente alentado. 

La risa es una expresión externa y está directamente conectada con nuestras emociones. La risa nos mantiene más sobrios que el enojo y se convierte como el sol que ahuyenta el frío en el invierno de nuestro rostro. La risa es un buen comienzo, un buen hábito para el presente y una práctica para toda amistad. La risa como dice un dicho: “es la distancia más corta entre dos personas”. Otro bien dijo que “Dios creó el amor a primera risa”. ¡Eso me hizo reír!

El punto es que en repetidas ocasiones pasamos más tiempo quejándonos, enojándonos, amargándonos por cosas que de verdad, no valen la pena. Si adoptáramos el hábito de reír más, nuestra vida cobraría un mejor sentido y una mejor perspectiva. ¡No esperes, porque el tiempo vuela y podrás llegar a arrepentirte! Así que, tenemos que reírnos un poco más. La Biblia dice en Proverbios 17:22,El corazón alegre es una buena medicina, pero el espíritu quebrantado consume las fuerzas” (NTV)    

Dejando El Pasado

Hay personas que viven en el pasado y parecen alimentarse cada día del ayer. Muchos sueñan con el ayer, añoran el ayer y parecen vivir de los recuerdos, aunque eso es humanamente imposible. Las personas que se concentran en el ayer no pueden experimentar los beneficios del hoy y mucho menos prepararse diligentemente para un buen mañana, porque “no podemos avanzar hacia el futuro cuando tenemos un pie en el ayer”. 

El tener una mano en el ayer y otra tratando de luchar en el presente, representa en sí un conflicto constante y muy desafiante. No se puede mirar con enfoque hacia adelante cuando repetidamente se mira hacia atrás. No se puede trabajar diligentemente en el presente cuando no se ha trabajado con perdonar, limpiar y abandonar las ataduras del pasado. El pasado es entonces un maestro que te enseña las mejores lecciones, es el consejero que te alienta a emprender de mejor manera, es el espejo que te hace ver las imperfecciones, pero también las enseñanzas más gratas de tus errores. El pasado es el amigo de quien lo consulta y el enemigo de quien vive esclavizado a él. 
De modo que, “aprende de tu pasado, adopta los desafíos de tu presente y emprende con fuerza la carreta que tienes por delante”. ¡Dios te ayudará! La Biblia dice en Lucas 9:62, 62 Jesús le dijo: El que pone la mano en el arado y luego mira atrás no es apto para el reino de Dios” (NTV)

Asumir Los Errores

“Tu vida no cambiará hasta que asumas tus errores del pasado y decidas cambiarlos”. La vida tiene buenos y malos momentos, pero a las personas nos cuesta aceptar que no siempre nos salgan las cosas como deseamos. Sin embargo, las experiencias negativas y los fracasos, son oportunidades para aprender y crecer como personas. Nadie consigue llegar al éxito sin haberse caído alguna vez por el camino.

No aprender de los errores es negativo para nuestro bienestar. Vivir del pasado es un grave error que debemos evitar y el peor error es tirar la toalla a mitad del camino. Equivocarse puede doler, pero crecer significa cometer errores y sobrepasar el dolor. Sin embargo, cuando nos caemos es necesario levantarse y seguir adelante. Como dicen por ahí: “Cada fracaso es una oportunidad para crecer”. Los errores a menudo suelen ser los buenos maestros del éxito.

Por otro lado, la experiencia es el nombre que todo el mundo le da a sus errores. Debemos orar que Dios convierta nuestros peores errores en peldaños hacia la victoria. En conclusión, intentar evitar errores es el error más grande de todos. La Biblia dice en Isaías 43: 18-19, “ Olviden las cosas de antaño; ya no vivan en el pasado. ¡Voy a hacer algo nuevo! Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta?
Estoy abriendo un camino en el desierto, y ríos en lugares desolados” (NTV).

Cuidado

¿Cuántas veces vemos el anuncio que dice: “cuidado”? Dicho anuncio funciona como una advertencia en muchas instancias en la vida. Por ejemplo, desde pequeños escuchamos frases como: “cuidado con lo que haces”, o “cuidado con las malas compañías porque estas corrompen”. Nuestros padres nos enseñan el tener cuidado con lo que decimos y hacemos. En otras ocasiones se nos ha dicho que debemos cuidar lo que tenemos y también a quienes tenemos alrededor nuestro.

Hay personas que no tienen cuidado de las cosas o de sus relaciones. ¿Por qué? Porque ni siquiera pueden cuidarse a sí mismas. Spencer Johnson dijo: “Cuanto más cuido de mí mismo, menos resentimiento e irritación tengo y más cariñoso me muestro hacia los demás”. Cuando no cuidamos de nosotros mismos, entonces exigimos a otros que hagan lo que solo nosotros podemos hacer.

De modo que ejercita el “cuidado” en todas las áreas de tu vida. Cuida tu relación con Dios y con los demás. Cuida tu tiempo, tus tesoros y tus talentos. Cuida las relaciones más preciadas, pero sobre todo, cuídate a ti mismo, porque si no lo haces, no podrás cuidar a nadie más. La Biblia dice en Efesios 5:15-16 “15 Así que tengan cuidado de cómo viven. No vivan como necios sino como sabios. 16 Saquen el mayor provecho de cada oportunidad en estos días malos”, (NTV).

Frustración

¡Estoy frustrado! es una expresión muy común en nuestros días que desde los niños más pequeños hasta los adultos mayores usan constantemente. Algunos se levantan y acuestan frustrados, en cambio, otros trabajan a toda costa para evitar la frustración. Se sabe que la vida muchas veces es desafiante y provoca frustraciones, pero no debemos navegar siempre en el océano de la frustración ya que su raíz esta conectada con una actitud profunda de nuestro corazón.

La frustración es una típica respuesta emocional que manifestamos los seres humanos cuando se produce el fracaso de un deseo o esperanza. Es un sentimiento de negatividad producido por la insatisfacción. Las frustraciones pueden ser internas causadas por tus propios sentimientos, o externas, causadas por situaciones que están fuera de tu control.

Cualquiera y sea la causa o raíz de tus frustraciones, entrégaselas diariamente al Señor. Él desea cargar con el peso que tu no le quieres entregar y aliviar todas tus frustraciones. La Biblia dice, “Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso”, (Mateo 11:28, NTV).

Amárgate, Adáptate O Vete

Alguien escribió la siguiente recomendación para aplicarla en las relaciones o en las situaciones. Simplemente: “Amárgate, adáptate o vete”. En otras palabras, al amargarnos permitimos que nuestros sentimientos nos gobiernen porque de la raíz de amargura surgen el enojo, la ira, la incertidumbre, el coraje y la insensibilidad. En cambio, si nos adaptamos, bien sea para bien o para mal, podemos hacer los cambios necesarios y mejorar la situación actual. 

Sin embargo, muchas veces tenemos que huir por la paz personal y relacional. Algunas veces tenemos que salirnos de dicha situación o relación. Aunque no se puedan afrontar todas las situaciones o relaciones con estos tres enfoques, estos si son un reflejo de en una realidad que vivimos diariamente. 

De modo que, “amárgate, adáptate o vete”. No sacas nada siendo amargado porque parece que el ser humano se estaciona estáticamente allí como un comportamiento defensivo habitual. Entonces, o te adaptas o te vas, ¿cuál decides hoy? Pídele a Dios y Él te ayudará. La Biblia dice en 1 Timoteo 2:22, “Huye de todo lo que estimule las pasiones juveniles. En cambio, sigue la vida recta, la fidelidad, el amor y la paz. Disfruta del compañerismo de los que invocan al Señor con un corazón puro” (NTV).

El Temor Te Está Frenando

¿Sientes que el temor te está frenando? ¿Sientes que el miedo no te deja hacer ni alcanzar todo lo que puedes? Como dice una frase: “La persona más peligrosa es una que este llena de miedo. Esa es la que hay que temerle más”. El temor es paralizante y frustrante. Usualmente hay tres tipos de temor que evitarán que desarrolles tus talentos y cumplas tu propósito.

Primero es “dudar de ti mismo”. Eso mantiene a las personas encerradas en una prisión e incapaces de desarrollar su potencial. Este es en realidad el temor al fracaso. ¡Pero el fracaso no tiene que ser fatal! De hecho, el temor al fracaso es mucho peor que el fracaso en sí mismo. El fracaso es como aprendes lo que no funciona.

En segundo lugar es tu auto-consciencia. Si te preocupas sobre lo que otras personas piensan, no harás nada en tu vida. Solo tienes que hacer lo que Dios te dice que hagas. Eso es todo lo que cuenta.

Por último, es tu auto-compasión. Habían dos discípulos quienes tuvieron grandes fracasos. Pedro y Judas, ambos negaron a Jesús en momentos de crisis, pero cada uno respondió a su fracaso de forma diferente. Judas se fue y tuvo mucho remordimiento y luego se colgó. Pedro, por otro lado, lloró amargamente, se avergonzó de lo que hizo, se arrepintió y le pidió perdón a Dios. Luego, se levantó y regresó a servir a Dios. En lugar de vivir con miedo, cree lo que Dios tiene para ti. La Biblia dice en el Salmo 56:3, “Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza” (NVI).

Sin Fuerzas

¿Te has sentido alguna vez sin fuerzas? ¿Te has sentido como si no pudieras seguir adelante? ¿Te has sentido sin ganas de levantarte de la cama y de emprender el día? Creo que todos sin excepción nos hemos sentido alguna vez sin fuerzas. Algunos literalmente sin fuerzas físicas, pero otros ya no tienen nada de fuerza emocional o espiritual para proseguir. Si te has sentido de esta manera déjame decirte que hay buenas noticias. ¡No eres el único que se ha sentido así! En una estadística reciente, se arroja que más del 60 por ciento de la población menciona el haber perdido sus fuerzas emocionales. Parece ser que las enfermedades del siglo XXI son más de carácter emocional que de carácter físico. 

Pero, ¿qué hacer ante esta situación? Reconocer que el quedar sin fuerzas no es ajeno al ser humano, y por lo tanto, se debe identificar cuando te sientas de esta manera. En segundo lugar, debes levantarte por obediencia y compromiso buscando ayuda. Muchas veces una simple conversación con alguien maduro, unas palabras de aliento o una oración, pueden cambiar la manera como te sientes. Además, pídele a Dios que multiplique tus fuerzas. Él se place en fortalecernos, alentarnos y suplir nuestras carencias físicas, emocionales y espirituales. La Biblia dice en Isaías 40:29, “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas” (RV1960).