Leche

“Se nota que el niño se toma la lechita” le decían a los niños gorditos o cachetones cuando yo estaba creciendo. Aunque yo me tomaba la leche de pequeño, no fui del club de los cachetones. Eso vino después en mi juventud. Sin embargo, la leche es un alimento fundamental para los recién nacidos y para los niños pequeños.

No hay nada más tierno y conmovedor que ver como un bebé toma su leche en los brazos de sus padres. Cuando la leche se acaba, los pequeños bebés si aún no se han llenado, lo dejan saber con un llorido muy fuerte y particular. Entre más crecen, menos leche toman. Sin embargo, la leche sigue siendo un símbolo de nutrición a través de la vida. Algunos que abusan de su consumo, desarrollan otros problemas en la edad adulta.

El deseo de tomar leche de un niño debe ser comparado con el deseo de tomar la leche espiritual que el la Palabra de Dios. Debemos desearla todo el tiempo para poder crecer espiritualmente. Si no tomas la leche espiritual, no podrás crecer como un cristiano fuerte y mucho menos probar alimento sólido porque no te caerá bien. Te hará mala digestión y te frustrarás. Entonces, ¿te has tomado tu leche hoy? La Biblia dice, “Como bebés recién nacidos, deseen con ganas la leche espiritual pura para que crezcan a una experiencia plena de la salvación. Pidan a gritos ese alimento nutritivo” (1 Pedro 2:2, NTV).

Ceguera Espiritual

Desde que estamos pequeños, uno de los juegos que nos enseñan cuando queremos sorprender a alguien es cerrar los ojos para después darnos o mostrarnos algo que causará sorpresa al verlo. Esto puede ser un regalo, un lugar, una persona que hace mucho tiempo no vemos, un animal, etc. El abrir y cerrar los ojos es un acto que tomamos a la ligera pero es un milagro medicamente y científicamente. Las personas que tienen dificultad con su visión saben a lo que me refiero. Unos usan lentes de contacto diariamente, otros usan lentes o gafas para poder manejar, leer, caminar y desarrollar las tareas cotidianas. Los que tenemos una buena visión somos realmente bendecidos.

El no poder ver, es una gran limitante ya que la visión es muy importante. Pero, ¿qué de aquellos que ven físicamente pero espiritualmente están ciegos? Ellos tienen una “ceguera espiritual”. El Señor Jesús dijo que tenían “ojos pero no podían ver” (Marcos 8:18). La Biblia dice que, “Ahora vemos todo de manera imperfecta, como reflejos desconcertantes, pero luego veremos todo con perfecta claridad. Todo lo que ahora conozco es parcial e incompleto, pero luego conoceré todo por completo, tal como Dios ya me conoce a mí completamente”, (1 Corintios 13:12, NTV)

Acciones

¡Acciones! A todas las personas nos gustan las acciones. Nos gusta que las cosas se demuestren con actos y no solo con palabras. Creemos muy bien en el dicho que dice, “las palabras se las lleva el viento”, o en otro dicho que dice, “son hechos, no palabras”.

Es así como las acciones marcan mucho de nuestra vida. Por eso las películas de acción son tan populares y les gustan a muchas personas que son movidas a la acción. La gente hoy en día le fascina ver una vida llena de acciones que concuerden con las creencias. La autoridad y respeto se le otorgan a las personas a través de las acciones.

Esa fue la manera como predicó el Señor Jesús. Él creyó profundamente en lo que hacía dándole la gloria al Padre. Sus obras, milagros y proceder, siempre iban conectadas con Su misión. Es decir, “la acción procede de la misión en la vida”. La pregunta es, ¿son tus acciones congruentes con tu misión”

El Señor Jesús dijo: “…porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre”, (Juan 5:30b, RV1960).

Buenos para algunas cosas

Yo tengo una frase que comparto mucho que dice lo siguiente: “no somos buenos para todo, tampoco somos buenos para nada, somos buenos para algunas cosas”. En otras palabras, todos los seres humanos hemos sido diseñados de manera única con dones y talentos para servir a otros. La razón de nuestra existencia es poder servir el propósito por el cual fuimos creados.
Es de suma importancia que podamos descubrir para qué fuimos diseñados y para eso tenemos que conocer a Dios como nuestro diseñador.

La Biblia dice que a nivel general, todos hemos sido diseñados para traerle gloria a Dios. Sin embargo, podemos malgastar nuestras vidas siendo alguien que no somos o haciendo cosas para las cuales no hemos sido creados. Debemos pedirle a Dios que nos ayude a encontrar la razón para la cual fuimos diseñados. Al hacerlo, podemos servir a otros con lo mejor de nuestras vidas.

Descubre la razón de tu diseño y sirve a otros con pasión y devoción. Recuerda que no eres bueno para todo pero sí para lo que fuiste diseñado. La Biblia dice, “El Señor ha hecho todo para sus propios propósitos, incluso al perverso para el día de la calamidad”, (Proverbios 16:4, NTV).

Ven y Mírame

“Come and check on me” (ven y mírame) es la frase celebre de mi hija todos los días al ponerla a dormir. Ella quiere que vaya y cheque una vez y este dormida que verdaderamente lo está. El solo hecho que vaya a mirarle luego de ponerla a dormir, le da seguridad y le ayuda a concebir el sueño rápidamente. De la misma manera, somos así con Dios como nuestro Padre.

Le decimos con nuestras palabras y acciones, “ven y mírame Dios”. Los patriarcas no solo pedían que los mirara a ellos sino a todo un pueblo. De la misma forma, los profetas, apóstoles, y hasta el mismo Jesús le pidió a Su Padre que lo viera en los momentos más críticos de Su vida como lo fue antes de Su crucifixión.

Lo más hermoso es saber que nuestro Padre celestial realmente nos ve. Él no solo nos observa, sino que nos sustenta, protege, dirige y ayuda. ¡Qué bendición es saber esto! No solo podemos concebir el sueño sino estar seguros que Él siempre estará allí con nosotros. Su presencia es real. La Biblia dice, “pero el Señor vela por los que le temen, por aquellos que confían en su amor inagotable”. (Salmo 33:18, NTV).

Creer como los niños

En una reciente encuesta, la reconocida y confiable empresa “Gallup” arrojó estadísticas reveladoras. Según los resultados, 19 de 20 personas cristianas dijeron haber recibido a Cristo antes de los 20 años. A la edad de 20 años, 1 entre 10,000 sería creyente. A la edad de 35, 1 entre 50,000. A la edad de 45, 1 en 200,000. A la edad de 55, 1 entre 300,000; y a la edad de 75, 1 entre 700,000 personas estadísticamente vendrían a conocer a Jesús. Parece ser que entre más crecemos, más tercos y duros de corazón nos volvemos para creer.

Los niños confían, son humildes, y dependientes.

Son tan confiados que nos toca advertirles que no hablen con extraños, son tan humildes que rápidamente perdonan a quién les acaban de atacar, son tan dependientes que descansan en el hecho que otros alrededor de ellos suplirán todas sus necesidades. Esos son los requerimientos para la persona que quiera entrar en el reino de los cielos. “Se debe creer en Jesús, ser humilde para comprender que necesitamos pedir Su perdón y depender totalmente en Él”.

Esto es lo que explica el Señor Jesús en referencia al reino de los cielos. Para entrar en él debemos tener la fe de un niño. Es Señor Jesús dijo, “15 Les digo la verdad, el que no reciba el reino de Dios como un niño nunca entrará en él”, (Marcos 10:15, NTV).

En la Cuerda Floja

Un personaje muy rico que vivía en los Estados Unidos había escuchado hablar de un hombre en Francia que caminaba la cuerda floja. Según lo que había escuchado, este francés tenía la fama de caminar la cuerda floja a grandes alturas con los ojos vendados empujando una carretilla; algo que el estadounidense no podía creer. Un día le escribió y le dijo que no podía creer que nadie podía hacer la hazaña que se le acreditaba. Le ofreció un millón de dólares para que viniera y cruzara las cataratas de Niagara desde el lado de New York hasta Canadá. El francés inmediatamente aceptó el reto. Llegó el día de la actuación, y muchos se reunieron para ver este acto tan peligroso. El francés subió a la cuerda floja, le vendaron los ojos, y comenzó a caminar empujando la carretilla, mientras que el estadounidense observaba todo y le esperaba en la otra punta de la cuerda. Todos se quedaron fascinados al ver la agilidad con que este hombre caminaba atravesando de un lado al otro sin problema alguno.
Al llegar al otro lado se dirigió al hombre escéptico y le dijo: ¿crees que puedo hacer esto? A lo que le respondió: “Te acabo de ver con mis propios ojos, esto fue algo impresionante”. El francés contesto: “no, no, ¿crees que puedo hacer esto?” El hombre frustrado le contestó, “todos vimos lo que hiciste, fue algo genuinamente digno de admirar”, a lo que el francés contestó, “entonces móntate en la carretilla que nos regresamos al otro lado juntos”. Creo que todos aunque veamos, no queremos montarnos en la carretilla de regreso dejando que Cristo nos lleve por la cuerda floja. Nuestro Dios nos dice, “Pues yo te sostengo de tu mano derecha; yo, el Señor tu Dios. Y te digo: no tengas miedo, aquí estoy para ayudarte”, (Isaías 41:13, NTV).

La Polilla en el Corazón

Un hombre trabajó arduamente por muchos años. Este fiel trabajador con frecuencia depositaba billetes de alta denominación en una caja fuerte absteniéndose de muchas cosas y aún de compartir con otros por el celo de guardar sus posesiones hasta el día de su retiro. Todos los días soñaba con el día en que abriría su urna y disfrutaría de sus riquezas.
Con el paso del tiempo al considerar que ya era rico y que era el tiempo de disfrutar de sus haberes, trajo a un cerrajero para que abriera la urna. Tuvo que hacerlo cortando la tapa por medio de un soplete por la parte de arriba para que no viera lo que estaba adentro. Al quedar abierta el hombre despidió al cerrajero y vació la urna esperando encontrar miles de billetes. Muy grande fue su sorpresa al darse cuenta de que su fortuna se reducía a un montón de papelitos sin ningún valor. La polilla se había comido todos los billetes en esa caja. Este hombre se volvió loco y murió poco después sin recobrar la razón. Moraleja: “No ames el dinero”. Te volverás loco. Cuanta razón tiene el Señor Jesucristo cuando dice: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro. allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:l9-21, NTV)

El Poder de Decir No

¿Cuantas veces has luchado con decir NO? Yo no creo que soy el único que sufre con eso pero muchas veces tengo un grave problema con decir NO. Aunque esta palabra es aprendida desde los primeros años del desarrollo humano, se hace más complicada el pronunciarla en momentos claves de nuestra vida en la edad adulta.

Al pronunciar un “no”, accedemos a un “si” y al pronunciar un “si” accedemos automáticamente a un “no”. Parece paradójico pero así es. Sin embargo, hay muchas cosas a las cuales debemos decir no. Por ejemplo, a las cosas que dañan nuestro cuerpo, a las relaciones tóxicas, a los lugares indebidos, a las cosas que inapropiadas. En fin, debemos decir, “no”, al pecado. A todo lo que nos hace errar el blanco. Debemos tomar una decisión de “no contaminarnos” como lo hizo Daniel en la Biblia (Daniel 1:8).

Piensa en la lista a la cual debes decir no hoy. Podría ser un no a la tristeza, un no al dolor, un no a la amargura, un no al maltrato, un no al chisme, o un no a una relación tormentosa. En fin, solo Dios y tu saben a que tienes que decir NO. Es una simple palabra pero a su vez muy profunda. Es mejor decir un no ahora, que experimentar un no por siempre por una mala decisión. La Biblia dice, “Simplemente di: Sí lo haré, o no lo haré. Cualquier otra cosa proviene del maligno”, (Mateo 5:37, NTV).

Te caes y Te levantas

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¿Has visto a los niños cuando apenas están tratando de caminar? Dan tres y cuatro pasos hasta que se caen pero luego se levantan. Practican por pocos días y ya no desean estar en los brazos de nadie. Lo que desean es caminar, explorar el mundo y correr por la casa o por donde les sea posible.

Como padres al principio les decimos, “levántate, no pasa nada, sigue adelante”. Después de un tiempo, ya no tenemos que decirles nada porque ellos se levantan solos. Pero, ¿qué pasa cuando crecemos? ¿Por qué parece que el levantarnos después de nuestras caídas parece ser cada vez más difícil? Debemos aprender de los niños y levantarnos tan pronto como sea posible. Entre más estamos en el piso, más nos alimentaremos de pensamientos negativos y de conmiseración que nos impiden seguir caminando.

Hoy Dios como buen Padre desea que te levantes, que le mires a Él y corras libremente a sus brazos. Él esta allí para ayudarte. Así que si te caes, ¡levántate¡ Dios está de tu lado. La Biblia dice, “Los justos podrán tropezar siete veces, pero volverán a levantarse. En cambio, basta una sola calamidad para derribar al perverso”, (Proverbios 24:16, NTV).