No me pierdo, me desubico

“Yo no me pierdo, me desubico”, es la frase que uso muchas veces con mi familia cuando voy manejando y creen que estoy perdido. La verdad es que muchas veces si lo estoy pero no lo admito tan rápidamente. Deseo tratar de ubicarme antes de aceptar que si estoy perdido y recurrir a la ayuda del GPS. La retentiva para las direcciones, no está dentro de mis habilidades más fuertes, pero como quiera me ubico después del tiempo. Solo hago como dicen los Boy Scouts, “me detengo, busco un punto de referencia, retomo la dirección y sigo el camino”.

Muchas veces debemos hacer lo mismo en nuestra vida diaria. La Palabra de Dios dice que tenemos la tendencia de agarrar por un camino que no es el correcto. Tendemos a perdernos y a apartarnos de Dios. Tenemos una naturaleza pecaminosa que nos hace errarle al blanco. Una naturaleza que nos hace desviarnos fácilmente del camino de Dios. Es más, el camino hacia la perdición es amplio y la puerta es ancha para los muchos que escogen este camino (Mateo 7:13). Sin embargo, Dios desea que escojamos el camino angosto.

Para esto, debemos detenernos, buscar el punto de referencia que es Cristo y seguir Sus indicaciones. No importa que estés perdido o desubicado, lo que importa es que puedes retomar en este mismo momento la dirección correcta. La Biblia dice, “Pues el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar a los que están perdidos” (Lucas 19:10, NTV).

Un Mundo Ideal

Se dice que el 30 por ciento de las personas que habitan en el mundo son idealistas. Viven esperando vivir en un mundo ideal sin poder enfrentar y encarar su realidad. Hay una gran diferencia entre ser idealistas y tener ideales. El uno trata con una realidad que añora tener y el otro trabaja para que ese ideal se haga realidad aunque parezca ser un proceso largo, doloroso y tedioso. Uno siempre piensa en lo que podría ser y el otro trabaja diligentemente en lo que quiere ver que pase en su vida.

Se necesitan personas que alberguen ideales transferibles y alcanzables. Se necesitan personas con visión y enfocados a la misión. Desafortunadamente las personas que viven en un mundo ideal no podrán vivir vidas productivas y trascendentes.

Los estudiosos en el comportamiento humano dicen que hay una solución para los idealistas y se llama “planeación”. Es decir, poner en pasos concretos los ideales con objetivos claros, progresivos y obtenibles. De esta manera el idealismo se convierte en una visión y propósito enfocado que dará fruto durante la vida. Así que si eres idealista, está bien, solo planea cómo puedes pasar de lo ideal a lo real para cumplir lo que Dios te ha llamado a hacer. Si confías en Dios, Él te ayudará en hacer de tus ideales metas concretas de acuerdo a Sus planes para tu vida. La Biblia dice que, “Pon todo lo que hagas en manos del Señor, y tus planes tendrán éxito”, (Proverbios 16:3, NTV)

Recuerdos

“Recordar es vivir” dice el común refrán. En el vagón de los recuerdos albergamos las memorias más preciadas como aquellas que aún pueden minar nuestra vida. Recordar es “armar las piezas de nuevo” para poder sentir, añorar y pensar en las experiencias que nos ha traído la vida.

Se ha comprobado que lastimosamente el ser humano tiene una tendencia a recordar lo negativo y olvidar lo bueno que le ha pasado. Nos acordamos más de las malas palabras, de las malas acciones, de las malas experiencias y de las malas relaciones. Pero, ¿por qué no recordar los mejores momentos donde hemos sobrepasado obstáculos grandes y obtenido gratas victorias? El pueblo de Dios en el Antiguo Testamento en la Biblia tenía la misma tendencia. Ellos olvidaban las grandes cosas que Dios había hecho en sus vidas. Olvidaron que los libró de las manos de los egipcios, que los alimentó y cuidó en el desierto, que los dio victorias milagrosas, y aún cuando conquistaron la tierra prometida, seguían recordando lo malo como si fuera lo bueno. Eso es un reflejo de lo que nosotros hacemos.

¿Por qué no recordar lo que los hombres y mujeres de Dios invitaban al pueblo a recordar? Recordemos las cosas grandes de la vida, los momentos pequeños pero significativos y el valor de la victoria en el día a día.
Si recordar es vivir, entonces recordemos lo bueno y no lo malo. Dios no nos recuerda lo malo, Él recuerda lo que hizo Su Hijo por nosotros. Te aseguro que “si recuerdas las obras de Dios verás de nuevo Su mano en acción”. Eso esta garantizado. La Biblia dice: “Recuerden las maravillas y los milagros que ha realizado, y las resoluciones que ha dictado”, (1 Crónicas 16:12, NTV).

Disfrutar

Leí la siguiente frase en la pared del consultorio de la doctora de mi hija, “danza como si nadie estuviese mirando, ama como si nunca tu hubiesen herido, canta como si nadie te estuviera escuchando, y vive como si el cielo estuviera en la tierra”. Me puse a pensar que esta frase se resume en una simple palabra: “disfrutar”.

Hay personas que les cuesta mucho disfrutar la vida. Están pensando en el qué dirán y no hacen lo que han deseado hacer. Se están quejando de lo que no tienen y dejan de ver lo que sí tienen. Hablan de otros y no se miran a sí mismos. No disfrutan el hoy porque viven en el ayer o en el mañana. Todo esto nos muestra la insatisfacción del ser humano.

Vivimos en un mundo de insatisfechos. Un mundo de necesidad, dolor, frustración, amargura y persecución. Pero también vivimos en un mundo de recursos, de amor, de gozo, paz y tranquilidad. Y tú, ¿cómo decides vivir tu vida? Deseas disfrutar de cada segundo, minuto, día y año que tengas sobre la faz de la tierra o esperarás con un sin fin de excusas para disfrutar lo que Dios ya te ha dado. Un consejo: “disfruta la vida hoy, quizá mañana sea un poco tarde”. La Biblia dice, “El que busca la justicia y el amor inagotable encontrará vida, justicia y honor”, (Proverbios 21:21, NTV).

Vivir

“Qué bonita es está vida”, es el título de un famoso vallenato de mi tierra Colombiana exaltando lo bello que es vivir. Aunque no toda la letra de la canción ejemplifica lo que es la vida. La verdad es que la vida “si es muy bonita” porque es un regalo de Dios.
Aunque hayan pruebas, aflicciones, pérdidas, y situaciones desafiantes, la vida también está llena de alegrías, victorias, celebraciones y momentos memorables que la embellecen a diario.

La vida está llena de personas, lugares, oportunidades y emociones que la enriquecen. La vida también está llena de experiencias que nos enseñan, pruebas que nos retan, relaciones que nos hacen crecer, enfermedades que nos fortalecen, circunstancias que explotan nuestra creatividad y situaciones que queremos repetir y otras que queremos evadir a toda costa. Sin embargo, al hacer un análisis pragmático de nuestra vida, podemos decir, “qué bonita es está vida”.

Si está vida es bonita, ¿te imaginas la vida venidera de la cual habla la Palabra de Dios? Será una vida mucho mejor que esta simplemente porque no estaremos limitados a lo finito sino a los trascendente y eterno. A un mundo nuevo. Un cuerpo nuevo, relaciones nuevas, y hogar nuevo. Todo esto esta preparado para nosotros. Esa vida no será buena sino excelente. ¿Estás listo para vivirla? La Biblia dice, “Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más”. (Apocalipsis 21:4, NTV).

Sonreír

“Reír para vivir más y vivir mejor”, esa es la conclusión a la que han llegado los psicólogos y doctores. Se ha comprobado que las personas que se ríen más, tienden a soltar más toxinas que afectan su cuerpo y suelen vivir mejor. Es más, hay algo conocido como la “risoterapia”.
Es una técnica psicoterapéutica tendente a producir beneficios mentales y emocionales por medio de la risa. No se puede decir que es una terapia adoptada en sí porque no cura por sí misma las enfermedades pero en muchos casos logra sinergias positivas que ayudan a curar al paciente. En otras palabras, debemos reírnos más. Hay personas que no se ríen y hay otras que al parecer se ríen de más ya que toman todo como una broma. Los dos extremos son malos. La risa debe ir conectada con nuestras emociones y en muchos casos lo que necesitamos es una buena dosis de “risa”. En la Biblia encontramos muchos casos de risa. Uno de los más interesantes es cuando Dios le dice a Abraham y su esposa Sara que iban a tener el hijo de la promesa en su vejez. Sara se rió y cuando nació su hijo le pusieron por nombre, Isaac, hijo de la “risa”.

A veces nos reímos de lo que Dios pueda llegar a hacer con nosotros pero la verdad es que Sus designios nos pueden dejar sorprendidos por Su buen sentido del humor. Dios desea que seamos felices, que mostremos nuestras emociones de manera sana y que sepamos reírnos. Te aseguro que muchas veces la risa te ayudará a enfrentar lo más difícil en tu vida. La Biblia dice, “El corazón alegre es buena medicina, pero el espíritu quebrantado consume las fuerzas”, (Proverbios 17:22, NTV).

Soñar

Todos hemos tenido sueños. Algunos sueñan constantemente y se levantan asustados del sueño. Otros sueñan y no desean despertarse de sus sueños porque sus sueños son mucho mejores que su propia realidad. Para algunos los sueños son un concepto muy lejano porque no les hacen sentido y muchas veces se convierten en grandes pesadillas.

El sueño en su misma definición es “la actividad mental caracterizada por una imaginación sensomotora vivida que se experimenta como si fuera la realidad despierta, a pesar de las características cognitivas como la imposibilidad del tiempo, lugar, personas, acciones y emociones” (Hobson 2000). Sin embargo, todo acaba al despertar. Algunos desean volverse a dormir para terminar el sueño, pero al final de todo es un juego mental de la imaginación. La verdad es despertarse a la realidad aunque ésta no sea la que se quiere.

Así que si sueñas, no hay problema, pero no te aferres a tus sueños ya que solo son un producto de tu imaginación. Sueña con objetivos puros y espera lo que Dios puede hacer con tus sueños. Como dicen, “soñar no cuesta nada”, sin embargo, si te quedas soñando te costará hacerle frente diligente a tu realidad. Sueña en grande bajo los propósitos de Dios. Acuérdate lo que Él dice, “Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos- dice el Señor- Y mis caminos están por muy encima de lo que pudieran imaginarse. Pues así como los cielos están más altos que la tierra, así mis caminos están más altos que sus caminos y mis pensamientos, más altos que sus pensamientos”, (Isaías 55:8-9, NTV).

Fiestas

¿A quién no le gustan las fiestas? Desde temprana edad se celebran las fiestas de cumple años, aniversarios, graduaciones, y celebraciones patrióticas o regionales. Cada cultura aún dentro de un mismo país adopta celebraciones que conmemoran un triunfo, una memoria o la libertad del dominio de sus conquistadores.
Todos de una u otra manera hemos participado de fiestas. Algunos tienen la fama de ser tan fiesteros que toman cualquier excusa para armar una fiesta, otros no les gustan mucho las fiestas pero no quiere decir que no las disfruten. En cierta instancia Dios nos ha diseñado dentro de un ámbito de celebración. De hecho, el paraíso donde Dios puso al primer hombre y mujer fue una expresión de celebración de Su misma creación. Pero, ¿qué es lo que opaca las fiestas? Todo se resume en una palabra: pecado. Es decir, errarle al blanco. Tratamos y tratamos y muchas veces fallamos.

La Biblia habla de una gran fiesta en el cielo preparada para todos aquellos que creen en Jesús. Habrá una gran celebración por la eternidad con aquellos que han decidido acceder a dicha fiesta. Todos están cordialmente invitados pero solo entrarán aquellos que aceptan la invitación de Jesús. ¿Estás preparado(a) para ir? Si no, cree en Jesús y serás parte de esta celebración.
La Biblia dice, “De la misma manera, ¡hay más alegría en el cielo por un pecador perdido que se arrepiente y regresa a Dios que por noventa y nueve justos que no se extraviaron!”, (Lucas 15:7, NTV).

Trabajo

Algunos dicen: “trabajo, trabajo, y más trabajo”. Esa es la vida de muchos. Pero, ¿es el trabajo un castigo de Dios como algunos creen o es parte de Su plan? Bueno, desde el inicio Dios le dio un mandato al hombre de “gobernar la tierra”, es decir, de administrarla. El trabajo no es una maldición sino una bendición otorgada por Dios porque Dios es excelente trabajador.

Se les preguntó a 1,000 personas si estaban satisfechas y felices con sus trabajos. 902 personas dijeron no estarlo. 49 afirmaron que dependía del día. 30 dijeron que estaban satisfechas pero no felices, y solo 19 afirmaron que sí lo eran. Los que respondieron positivamente dijeron que “les pagaban por hacer lo que les gustaba”. En otras palabras, la satisfacción del trabajo esta relacionada con la proporción en la cuál usemos nuestros talentos para trabajar. Entre más usemos nuestros talentos para el trabajo, nos daremos cuenta que se nos pagará por algo que disfrutamos plenamente hacer.

De modo que si no estas contento(a) con tu trabajo, evalúa el uso de tus talentos, pídele a Dios que te abra otra puerta, se fiel en donde estás y Él te bendecirá. Dios honra a los diligentes y no a los perezosos. La Biblia dice, “…Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma”, (2 Tesalonicenses 3:10b, NTV).

Dosis Familiar

“Todos necesitamos una buena dosis familiar”. Los estudios han arrojado que las personas que crecen en un buen ambiente familiar poseen fundamentos sólidos que los capacitan para tener más éxito en la vida. Algunos son bendecidos con lindas familias. Otros, son carentes de una familia biológica pero si tienen un círculo familiar donde son recibidos, aceptados y animados.

Se dice que cada familia tiene un intelectual, un alborotador, un organizador, un tío rico, una oveja negra, un pacificador y uno que otro loco. Y tú, ¿cuál de esos eres? Independientemente si gozas de familia consanguínea o no, nos es necesario vivir bajo un ambiente familiar. Algo que me parece impresionante es que la Biblia habla de una gran familia la cual es el gran sueño de Dios. Nos habla de una familia compuesta por toda raza, tribu, lengua y nación. Lo único que debemos hacer es “creer” en Jesús.

Así que, te guste o no tu familia biológica, también puedes tener una familia espiritual en todos los lugares del mundo. ¿No te parece impresionante tener hermanos y hermanas en todo el mundo? Entonces, siéntete privilegiado de ser parte de esta familia y si no lo eres, ¿qué esperas? Sólo debes creer en Jesús. La Biblia dice, “Dios decidió de antemano adoptarnos como miembros de su familia al acercarnos a sí mismo por medio de Jesucristo. Eso es precisamente lo que él quería hacer, y le dio gran gusto hacerlo”, (Efesios 1:5, NTV).