Sorpresa

¡Sorpresa! Es la palabra que escuchamos cuando algo nos sorprende, bien sea para bien o para mal. Hay sorpresas muy agradables como la visita de un ser querido que no veíamos desde hace mucho tiempo, un logro esperado, un trabajo anhelado, un negocio concretado, un premio recibido, etc. Por otro lado, hay sorpresas que nos cambian la vida. Por ejemplo, las pérdidas de seres queridos, el ser despedido de un trabajo o el ser diagnosticado con una enfermedad que no se esperaba. Qué decir de las rupturas relacionales o emocionales o de las noticias sorprendentes que muchas veces no podemos creer. Nos quedamos con la boca abierta y con el corazón en conflicto.

Sin embargo, las sorpresas son parte esencial de nuestra vida. Es más, le dan sentido y color a nuestro diario vivir. Si nunca somos sorprendidos, nunca hubiésemos experimentado ciertas emociones y aprendido de ciertas respuestas. Es decir, que las sorpresas pueden llegar a ser un regalo de Dios para prepararnos mejor y crear en nosotros conceptos, emociones y situaciones que nos permitan crecer en la vida.

Desde un regalo sorpresa para un niño, como una noticia sorpresa para el mismo pueden ser parte vital en la Universidad de la vida. Así que, déjate sorprender, recibe tus sorpresas, aprende de ellas y sorprende a otros. Recuerda que las sorpresas le dan color a la vida. Job dijo en la Biblia, “Señor, sé que tolo lo puedes y que nadie puede detenerte”, (Job 42:2, NTV)

Forzados ni los zapatos

“Forzados ni los zapatos”, es una frase que se usa popularmente para describir usualmente a una persona o situación que es forzada. El forzar a una persona o las cosas tiene dos posibles respuestas: puede ser productivo o contraproducente. Por ejemplo, hay niños y jóvenes que hay que forzarles a desarrollar ciertas disciplinas de comportamientos que les habilitarán a vivir de mejor manera y obtener mejores resultados en la vida. Por otro lado, hay personas que forzan situaciones o relaciones que a lo último terminan mal.
Por ejemplo, una novia o novio que forza a su pareja a quedarse con él o con ella porque sino dice que puede llegarse a quitar la vida. Ese tipo de manipulación termina mal y usualmente la relación se acaba.

Hay una gran diferencia entre “esforzarse y forzarse”. El esfuerzo es una condición interna del corazón que mueve al ser humano a dar lo mejor de sí y a sacrificarse por el beneficio propio o de otros. El forzarse o ser forzado viene de una presión externa queriendo producir sacrificio y entrega sin sentirse ni valorarse internamente. Tiene que ver con el sentido de valoración personal.

Nuestro Señor Jesús se esforzó a lo sumo para cumplir con la misión encomendada por Su Padre en la tierra. Sin embargo, también fue forzado a hacer cosas que no le fueron fáciles como cargar un madero cuesta arriba o aguantar calumnias que no eran verdad pudiendo desistir de ellas. La verdad es que en la vida tendremos que esforzarnos y muchas veces seremos forzados. Sin embargo, pidámosle a Dios que nos ayude en esos momentos. El Señor Jesús lo vivió cuando dijo, “¡Padre mío! Si no es posible que pase esta copa a menos que yo la beba, entonces hágase tu voluntad” (Mateo 26:42, NTV).

Una Cita Inesperada

¿Cuántas veces hemos tenido alguna cita inesperada? Por ejemplo alguien quien no veíamos hace tiempo, una visita en la puerta de la casa de un ser querido, una sorpresa de un familiar quien vive lejos y llegó de repente, etc. Muchos hemos tenido estas citas inesperadas. Algunas veces estamos en el supermercado y nos encontramos con personas que no pensábamos encontrarnos o que si lo hubiésemos planeado no hubiera salido tan fácil. ¡La vida está llena de citas inesperadas! Algunas son gratas y otras hubiésemos querido evadirlas.

Pero qué decir de las citas inesperadas que Dios orquesta a favor nuestro. Por ejemplo, aquella persona que nos ayuda cuando el carro falla, otros que nos levantan cuando nos caemos, aquellos que nos guían cuando nos perdemos, otros que nos advierten de peligros cercanos y los que son enviados como si fueran ángeles cuando estamos desesperados. Dios está atento a cada uno de nosotros. Su cuidado es excepcional y ningún detalle se escapa de Sus manos.

Antes de que pensemos y actuemos, Él ya está al pendiente de nosotros. Aunque parezcan citas inesperadas, son citas coordinadas por Él. Así que tus citas inesperadas cobran sentido cuando son orquestadas por Él. La Biblia dice, “Los ojos de Jehová están en todo lugar, vigilando tanto a los malos como a los buenos”, (Proverbios 15:3, NTV).

Compromiso

Una vez leí una anécdota de un muchacho que entró a una joyería y pidió que le mostraran el mejor anillo de compromiso que tuvieran. El joyero le presentó uno muy hermoso donde la hermosa piedra solitaria brillaba como un diminuto sol resplandeciente.

El muchacho contempló el anillo y con una sonrisa lo aprobó. De inmediato preguntó por el precio y se disponía a pagarlo cuando el joyero le preguntó, ¿Te vas a casar pronto? ¡No! – Le respondió el muchacho – Ni siquiera tengo novia. La muda sorpresa del joyero divirtió al comprador. Es para mi mamá – dijo el muchacho – Cuando yo iba a nacer estuvo sola. Alguien le consejo que me abortara y así se evitaría de problemas. Pero ella se negó y no me negó en don de la vida. La verdad si tuvo muchos problemas… demasiados diría. Fue padre y madre para mí, fue amiga y hermana, y fue mi maestra. Me hizo ser lo que soy hoy. Ahora que puedo le compro este anillo de compromiso porque nunca tuvo uno. Yo se lo doy como una promesa de que si ella hizo todo por mí, ahora yo haré todo por ella. ¡Quizá después entregue otro anillo de compromiso! El joyero no dijo nada, solamente ordenó a su cajera que hiciera al muchacho el descuento que se hacía nada más a los clientes importantes.

¿Tenemos ese tipo de compromiso sacrificial? Un compromiso desinteresado, esforzado y constante. El compromiso se torna en el motor interno que enciende lo mejor de nosotros para servir a los demás. ¿Cómo está tu compromiso con Dios? Él dio el todo de sí por ti al ofrecer a Su propio Hijo en la cruz, ¿cómo le demuestras tu compromiso? La Biblia dice, “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”, (Deuteronomio 6:5, NTV).

Todos Podemos Cantar

Fue en Noviembre del año 2015 donde tuve la bendición de viajar a Guatemala por motivos de un seminario doctoral. Aparte de conocer un poco de la herencia y cultura de ese hermoso país, lo que más me impactó no fue el seminario del cual participé. Me impactó la gente y su hermosa hospitalidad. En particular recuerdo una presentación teatral y artística de jóvenes y niños discapacitados. Entre los números del arte más preciado se encontraban dos jóvenes en sillas de ruedas con retraso mental y cuadripléjicos. Sin embargo, en el momento del solo en su canto, cantaron con todo el corazón. Sus voces no eran fuertes y totalmente afinadas pero su expresión y esfuerzo fue tanto que ganó la ovación general de toda la sala.

De repente se sintió que estos dos jóvenes al parecer débiles sacaron toda su fortaleza y dieron el todo de sí en el momento indicado. Recuerdo literalmente un letrero que decía, “todos podemos cantar”. La verdad es que sí. Todos podemos cantar de corazón. Claro que algunos tienen voces angelicales y otros es mejor que tatareen la canción escondidos o en el baño. Pero, la realidad es que hasta los pájaros cantan y elevan con su cántico una expresión de gratitud a Su Creador.

Estos dos jóvenes me enseñaron más que la clase en ese día. Me enseñaron que en la vida se puede cantar y sacar una hermosa melodía aún en medio de todos los limitantes imposibles. De modo que, “canta”. Tu melodía es hermosa para tu Creador. La Biblia dice, “Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra. Servid a Jehová con alegría; venid ante su presencia con regocijo, (Salmos 100:1-2, RV 1960).

Celebración

Una de las características que más me gustan de la cultura Latinoamericana es el sentido de “celebración” que se guarda por diferentes razones. No importa si es una fiesta de cumpleaños, un festivo nacional, una fiesta regionalista o un festival conmemorable; lo que si es claro es que cualquier razón puede ser una excusa para armar una fiesta. Somos culturalmente fiesteros.
Juana Bordas, autora del libro, “El poder del liderazgo Latino”, muestra la cultura de celebración de los latinos como una fortaleza. Frases como, “al mal tiempo, buena cara”, o, “echarle ganas” vienen de este tipo de cultura. Las ganas de celebrar deben salir de un corazón agradecido con las cosas más sencillas de la vida. La celebración extrema puede ser un problema o una excusa para no ser responsable ya que no se puede estar en una fiesta todo el tiempo como algunos lo hacen. Sin embargo, cuando la cultura de celebración ánima, esfuerza, y levanta a los demás, es de suma importancia.

Así que celebremos la hermosa vida que Dios nos ha dado. Denotemos las grandes bendiciones que tenemos a diario, y celebremos el hecho de que Dios está de nuestro lado. Su salvación, Su presencia, Su protección y Su dirección son solo unas de las tantas razones para celebrar. La Biblia dice, “Este es el día que hizo el Señor; nos gozaremos y alegraremos en Él”. (Salmos 118: 24, NTV).

Salida de Emergencia

Fue en el invierno del año 2001 donde al llegar al aeropuerto de Atlanta, Georgia, nos hicieron salir rápidamente del avión y evacuar apresuradamente el aeropuerto. En aquel entonces con mi inglés limitado solo seguía el montón de gente que corría siguiendo las señales hacia salida de emergencia. Por muchos años había visto las salidas de emergencia en muchos lugares pero no había sido guiado por ellas para evacuar un lugar tan grande como lo era este aeropuerto. Seguí a la gente pero más que la algarabía y la fobia social que se podía percibir, pude seguir claramente las señales de las salidas de emergencia. Después de estar afuera por algunos breves minutos nos hicieron entrar. Muchos vuelos se retrasaron, perdí mi conexión hacia donde iba, pero gracias a Dios, no pasó nada grabe. Al parecer era una falsa alarma.

Esto me puso a pensar en las salidas de emergencia que debemos tener presentes en nuestra vida. Hay lugares, relaciones y situaciones de las cuales debemos salir rápidamente antes de que sea demasiado tarde. Muchas veces debemos habilitar estas salidas de emergencia y cuando sea necesario usarlas en el tiempo preciso, en el lugar indicado y con las personas correctas.

Así que cuando tengas que salir de emergencia, no dudes en hacerlo. Te puede salvar la vida y tan bien salvarás a otros. La Biblia dice, “Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir”, (1 Corintios 10:13, NTV).

Tranquilo

“Tranquilo” o “it’s okay” en inglés, son frases que decimos y recibimos a diario. Para algunos el estar tranquilos es no tener ningún problema ni circunstancia que les robe la tranquilidad. Para otros, el estar tranquilos se concibe solo al estar en unas gratas vacaciones al frente del océano o en un lugar sin distracciones. Sin embargo, la verdad es que experimentamos muchos momentos y episodios de intranquilidad en nuestra vida diaria. Por ejemplo, la intranquilidad por seguridad, por una enfermedad terminal, por una relación desafiante, por un trabajo muy desgastante, por los hijos, etc.

Según el diccionario, la intranquilidad es “la falta de tranquilidad” (Dic. RAE). Es una falta de sosiego y quietud en el ánimo. Se puede denotar fácilmente cuando una persona se encuentra intranquila. Muchas veces su rostro o expresiones corporales lo sacan a relucir.

Pero, ¿cómo recobrar la tranquilidad? Primero, encontrando la causa que roba la tranquilidad. Segundo, atacando de frente el asunto, persona o circunstancia que roba la paz. En tercer lugar, crecer emocionalmente ya que si es un problema recurrente no te logre robar la paz. Finalmente, entregar tus cargas a Dios ya que Él sabrá como hacer que tus ansiedades y temores se conviertan en paz y calma. La Biblia dice, “La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden”, (Juan 14:27, NTV).

Fama

“La fama” es algo que muchos buscan y pocos tienen. He tenido la oportunidad de conocer algunos actores, escritores, deportistas y políticos famosos en el transcurso de los últimos años. La televisión y las redes sociales proyectan a las personas de una manera muy superficial e ideal. Sin embargo, al conocer algunas de estas personas famosas en la sociedad, te das cuenta que algunos que parecen ser humildes no lo son, y otros, que parecen ser engreídos son humildes. Algunos que se expresan bien en frente de los medios son tímidos y los que parecen ser tímidos muchas veces no lo son.

¿A qué se debe esta aparente paradoja? La fama sólo reconoce algunas cualidades de una persona y sus actos, pero no puede mostrar todo el ser. La fama crea opiniones y conceptos de la gente que muchas veces son erróneos. Son como la pintura o la fachada por fuera de una casa, pero no lo que se ve y vive adentro. La fama puede lograrse por características loables o por acciones penosas pero todas van conectadas con el proceder y con el ser.

Entonces, ¿cómo quieres que te conozcan las demás personas? ¿Cuáles son las cualidades que otros ven en ti? Qué nuestra fama sea hacer famoso a aquel que nos creó y mostrar a quien dio Su vida por nosotros, a Cristo Jesús. La Biblia dice, “por tanto, no desmayamos; antes aunque nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día”, (Mateo 4:24, NIV).

Obediencia que cuenta

La “obediencia” está relacionada con el acto de respetar, acatar y cumplir la voluntad de la autoridad o de quien manda. Según esta definición este término se relaciona con una acción voluntaria. He allí el meollo del asunto. Muchas veces no queremos obedecer voluntariamente a las autoridades, a la ley o a estructuras que nos hacen ser obedientes involuntariamente. ¿Por qué? Porque nuestra voluntad muchas veces no desea someterse a nada ni a nadie.

Por ejemplo, una de las frases que más escucho en el día de las madres cuando reciben un regalo de sus hijos es: “pórtate bien y sé obediente, ese es el mejor regalo que me puedes dar”. Pero la obediencia tiene repercusiones muy hermosas y promesas que se cumplen inevitablemente aunque muchas veces sea involuntaria. Sin embargo, cuando se practica como un sacrificio al ego se convierte en la fortaleza más grande para alcanzar metas en todo ámbito de nuestra vida.

La obediencia que cuenta es la que prestas día a día sacrificialmente. No esperes el querer ser obediente todo el tiempo porque entonces te frustrarás. Sé obediente a Dios, a Su Palabra, a tus autoridades y aún a ti mismo. Notarás la diferencia. La Biblia dice, “Jesús contestó: Todos los que me aman harán lo que yo diga. Mi Padre los amará, y vendremos para vivir con cada uno de ellos” (Juan 14:23, NTV).