Hacer lo que no se quiere

¿Cuántas veces tienes que hacer lo que no quieres? Repetidas veces en la vida tenemos que hacer algo que no queremos pero sabemos que tenemos que hacerlo. Esto puede ser a nivel físico, relacional o espiritual. Hay ciertas rutinas que debemos mantener, ciertas palabras que debemos de evitar, ciertos hábitos que debemos cultivar queramos o no. Esto va relacionado con la “diligencia”. Es más, la mayor parte de cosas que se conquistan en la vida no es porque sea fácil hacerlas o siempre se quieran hacer, es porque hay que hacerlas aunque no se quiera.

Por ejemplo, muchas veces no se quiere comer, estudiar, hacer ejercicio, establecer límites o cambiar algunas cosas pero tenemos que hacerlo. La diligencia y la constancia producen grandes dividendos en nuestra vida. Si hay algo grande que deseas conquistar, muchas veces no vas a querer hacer todo lo que tienes que hacer para lograrlo. Requiere de diligencia, esfuerzo y constancia.

De modo que, “hacer lo que no se quiere” desde la perspectiva de la constancia y la permanencia pueden ser la receta para conquistar lo que sí se quiere. Parece paradójico pero es una gran verdad. La Biblia dice que, “Él fortalece al cansado y acrecienta las fuerzas del débil”, (Isaías 40:29, NVI)

¿Estás bien?

¿Estas bien? Son de las preguntas que más hacemos a diario. Esta pregunta se hace retóricamente aún cuando sabemos y la persona no se siente bien. Es más, en algunos casos decimos, ¿estás bien, verdad? De esta manera, no dejamos ni responder a otros lo que la pregunta transmite. Lo más interesante es que casi todas las personas responden “sí” como si fuera verdad aunque por dentro se pueden estar derrumbando gravemente.

La realidad es que son de las preguntas que usamos como un dicho común ya que si de verdad respondiésemos como deberíamos, se necesitaría más que unos simples segundos para responder sinceramente. Nuestra cultura y práctica nos hace responder que “sí estamos bien” aunque no lo estemos. Sin embargo, Dios es el único que sabe si de verdad lo estamos o no. Él sabe si estás bien o mal y la raíz de tus problemas. Lo más impresionante es que como nuestro Padre Celestial nos pregunta, ¿estás bien?

La diferencia es que a Él no le tenemos que mentir, ni afirmar algo que no sentimos o que nos esté pasando. Le podemos compartir todos nuestros problemas, frustraciones y situaciones. Él sí sabrá hacernos sentir mejor. La Biblia dice: “Pues yo te sostengo de tu mano derecha; yo, el Señor tu Dios. Y te digo: “no tengas miedo, aquí estoy para ayudarte”, (Isaías 41:13, NTV).

Complacer

Vivimos en un mundo de complacientes. Es decir, cada ser humano necesita ser complacido y por ende complacer a alguien más. El complacer en su misma definición es “causar agrado o placer”. Unos por un lado tratan de complacer a otros de una u otra forma y no lo logran. Otros dicen que no les importa complacer a nadie. Todos los días se vive en una danza de complacencia y su título es “compláceme y te complaceré”. En otras palabras, “si me agradas, te agradaré”. Sin embargo, parece ser que el ser humano vive en un mundo de insatisfacción y poca complacencia.

Lo que antes nos causaba gozo, ya no lo hace. Lo que antes nos llenaba, ya no nos llena. Lo que antes nos causaba agrado, ya no lo hace. Lo que antes nos placía, ya no nos place. ¿Por qué? La Palabra de Dios dice que nuestro corazón es engañoso, y es allí donde se albergan nuestros sentimientos, emociones y voluntad. El proverbista dice que “en el agua se refleja el rostro, pero en el corazón se refleja la persona”(Proverbios 27:19, NVI)

Si te sientes insatisfecho, sin agrado y poco complacido, busca el complacer a Dios y te darás cuenta que Él te llenará y complacerá mucho más de lo que te puedes imaginar. La Biblia dice, “Ponme a prueba, Señor, e interrógame; examina mis intenciones y mi corazón”, (Salmos 26:2, NTV).

No Sueltes la Cuchara

“No sueltes la cuchara”, es un dicho que he escuchado refiriéndose a no dejar las cosas inconclusas o a no renunciar fácilmente de algún objetivo. El no soltar la cuchara significa el seguir comiendo, seguir avanzando hasta estar totalmente satisfecho. ¿Cuántas veces soltamos la cuchara en medio de una suculenta sopa de mariscos? Yo no la suelto mucho hasta acabar de comer el plato por completo.

De la misma manera, debemos estar comprometidos con finalizar los objetivos que nos proponemos por más pequeños e insignificantes que parezcan ser. La Biblia está llena de ejemplos donde muchos decidieron “no soltar la cuchara” hasta terminar el plato. Así que, elige el plato u objetivo que deseas alcanzar, ponlo encima de la mesa, prepárate antes de comenzar a degustarlo, agarra la cuchara y no la sueltes hasta terminar. Dios tiene grandes platos de ricos objetivos, planes y metas que desea alcanzar a través de ti. Sin embargo, debes agarrar la cuchara y no soltarla. Él te ayudará.

La Biblia dice, “28 ¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. 29 El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas” (Isaías 40:28-29, NTV).

Tirar La Toalla

“Tirar la toalla” es una expresión que usamos cuando estamos a punto de desistir de algo o de darnos por vencidos. Hay días que queremos tirar la toalla en nuestras relaciones, en nuestro trabajo, en nuestra salud y aún en nuestra vida espiritual. Aunque estemos en el lugar indicado, con la gente correcta, y en el momento oportuno, nos llegan esos sentimientos de querer desistir.

El síndrome de “tirar la toalla” no es nuevo. Muchos de los hombres y mujeres exitosos de la historia sintieron y quisieron darse por vencidos. Sin embargo, la diferencia entre los que siguieron adelante y no desistieron con los que sí, es que unos no tiraron la toalla y por eso sus nombres están escritos en la historia. Los demás son NN’s porque no marcaron la diferencia. En otras palabras, el “no tirar la toalla” es una característica fundamental de aquellos con mentalidad de luchadores y vencedores. Así que si te viene el sentimiento de querer tirar la toalla, no te apures, es normal. Simplemente, no la tires y sigue persistiendo en lo que Dios te ha llamado a hacer. La Biblia dice, “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe”, (2 Timoteo 4:7-8, NTV).

Cinturón de seguridad

Las estadísticas comprueban que el ponerse el cinturón de seguridad salva vidas. Si éste se pone de la manera correcta, puede evitar las muertes fatales de los pasajeros que van al frente hasta en un 50%. Para aquellos que se sientan en las sillas traseras, el ponerse el cinturón puede llegar a prevenir una lesión fatal hasta en un 73%. Además, se estima que más de 50,000 muertes en Estados Unidos se otorgan a la falta de usar el cinturón de seguridad. También se afirma que aproximadamente $20 billones de dólares están envueltos en los costos de estos accidentes anualmente. ¿Por qué? Simplemente por no ponerse el cinturón de seguridad.

En nuestra vida, debemos ponernos diferentes cinturones de seguridad. Debemos establecer límites sanos que nos permitan no tener consecuencias desagradables. Uno de los cinturones que debemos ponernos a diario es el cinturón del “dominio propio”. Debemos ponernos este cinturón de seguridad para controlar nuestras emociones, palabras y acciones. Al igual que las muertes fatales, el no ponernos este cinturón puede llegar a causar tragedias fatales en nuestra vida. Así que, “ponte el cinturón del dominio propio”, te salvará de perder muchas cosas en la vida.
La Biblia dice, “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio (2 Timoteo 1:7, RV 1960).

Tratar y Tratar

“Trato y trato” y no logro alcanzar lo que quiero. El tratar una y otra vez es parte de esencial para poder desarrollar la persistencia en el ser humano. Abraham Lincoln fue sin duda muy persistente. A los 21 años, falló en los negocios; a los 26 tuvo que superar la muerte de su novia; a los 27 tuvo un ataque fuerte de nervios, perdió la contienda por el congreso a los 34 años y las elecciones para el senado a los 45. A los 47 intentó convertirse en vicepresidente, a los 49 perdió nuevamente las elecciones para el senado, pero finalmente a los 52 años se convirtió en el presidente de los Estados Unidos.

¿Cuántas veces has tratado una y otra vez y has desistido por no haberlo alcanzado? Creo que más de una vez. Sin embargo, las cosas que valen la pena no resultan de la noche a la mañana. Hay que “perseverar”, porque como dice el dicho, “el que persevera, alcanza”. Así que no te canses de tratar una y otra vez. Aprende el principio de la persistencia, pídele a Dios dirección y sabiduría y lograrás lo que Él tiene preparado para ti.
La Biblia dice, “Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman (Santiago 1:12, LBLA).

Buscando y no encontrando

¿Cuántas veces buscamos y buscamos algo y no lo encontramos? Buscamos las llaves del carro o de la casa, los papales importantes que necesitamos, la licencia de manejo, etc. Se dice que una persona desorganizada puede invertir hasta el cinco por ciento de su vida entera buscando algo que él o ella misma ha dejado. Es decir, si esa persona vive 80 años, puede llegar a pasar hasta cuatro años buscando lo que se le ha perdido. ¿Parece un poco exagerado, verdad? Sin embargo, esto no se refiere solo a pérdidas simples como unas llaves. Involucra el buscar proyectos, relaciones, oportunidades, trabajos y muchas cosas más. Cuando todas estas cosas que buscamos no se logran encontrar, entonces pueden ser muchos más años de nuestra vida.

La pregunta que surge es, ¿qué es lo que buscas y buscas y no has podido encontrar? Hay personas que buscan posesiones, posiciones y relaciones. Lo interesante es que una vez y las encuentran, quieren aún más. Perece ser que aunque se encuentre, se sigue en una búsqueda constante. ¿Por qué? Porque siempre queremos más. Es allí donde tenemos que buscar a Dios. Él es el único que nos puede saciar lo que parece ser insaciable. Si eres, desordenado, “pon las cosas en un mismo lugar y te aseguro que allí estarán cuando las busques”. La Biblia dice, “Busquen al Señor mientras puedan encontrarlo; llámenlo ahora, mientras está cerca”, (Isaías 55: 6, NTV).

Retroceso

“Retroceder nunca, rendirse jamás” fue una película que salió cuando yo era niño la cuál quedó grabada en mi mente por el mensaje de su título. Aunque es una película de acción y karate, no recuerdo mucho de su contenido. Lo que si recuerdo es que su protagonista, después de todas las palizas que recibía, se levantaba aún a pelear. ¿No deberíamos tener nosotros la misma actitud después de recibir las palizas inesperadas que nos da la vida? Debemos cultivar ese espíritu de lucha perseverante que nos permita pararnos una y otra vez ante las circunstancias difíciles y percances que experimentamos diariamente.

Las palizas pueden ser palabras, abusos, decepciones, pérdidas, enfermedades, rupturas familiares, depresión y muchas cosas más a las que nos enfrentaremos alguna vez en el transcurso de nuestra vida. Sin embargo, lo peor que podemos hacer cuando estamos caídos, es quedarnos en el piso. Lastimosamente hay personas que les gusta quedarse abajo y no pueden levantarse para seguir peleando. Déjame decirte que Jesús experimentó palizas literales que lo tumbaron pero se levantó una y otra vez en camino hacia la cruz. Él tenía Su propósito y lo cumplió. Así que, en la vida cristiana, también podemos adoptar esa frase, “retroceder nunca, rendirse jamás” porque Cristo está de nuestro lado. La Biblia dice, “El nombre del Señor es una fortaleza firme; los justos corren a él y quedan a salvo”, (Proverbios 18:10, NTV).

Tracción

La tracción es conocida en la ingeniería como “el esfuerzo interno al que está sometido un cuerpo por la aplicación de dos fuerzas qué actúan en sentido opuesto y tienden a estirarlo”. Una tracción bien enfocada produce un movimiento, cambio o estiramiento.

Todos en nuestra vida estamos sometidos a diferentes fuerzas de tracción que pueden ser nuestro propio ego, otras personas, las circunstancias y demás factores que nos causan un movimiento. Pero, lastimosamente algunas de estas tracciones que pueden servir para movernos hacia delante, trabajan como una retracción, moviéndonos hacia atrás. ¿Por qué dejamos que lo que intenta movernos hacia delante, nos mueva hacia atrás? Es decir, nuestros pensamientos, acciones, y sentimientos que nos llevan por la misma carretera pero de reversa. ¿Te has dado cuenta que el manejar de reversa por tiempo extendido es muy difícil? Así manejamos muchas veces nuestra vida.

Deja que tus tracciones sirvan para impulsarte y no para retrasarte en el camino que tienes por delante. La Biblia dice, “6 Por lo tanto, de la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, ahora deben seguir sus pasos. 7 Arráiguense profundamente en él y edifiquen toda la vida sobre él. Entonces la fe de ustedes se fortalecerá en la verdad que se les enseñó, y rebosarán de gratitud”, (Colosenses 2:6-7, NTV).