No Sé Qué Hacer

¿Cuántos nos hemos visto en una encrucijada donde decimos: No sé qué hacer? Le piensas, le das vueltas al asunto y por más que lo analizas llegas a la misma simple y llana conclusión: no sé qué hacer. Muchos nos hemos visto en esa disyuntiva en algunas ocasiones. Al evaluar o mirar hacia atrás, nos damos cuenta que de una u otra manera pudimos resolver o salir del asunto en el que estábamos metidos. ¿Cómo? Sólo por la gracias de Dios. 

He aquí algunos pasos para que los apliques bajo dichas situaciones: Detente para pensar, examina tus posibilidades, enumera tus recursos disponibles, habla con alguien que tenga experiencia o que haya pasado por algo similar, comparte el problema con un mentor, amigo o pastor, desarrolla un plan de acción, ataca el problema un proyecto a la vez y un día a la vez, trabaja diligentemente paso por paso, sé paciente, rodéate de personas que te ayudan a salir adelante y sobre todo, pide la dirección, la intervención y los recursos de parte de Dios. Él sabe qué hacer en tu vida y con tu vida cuando tú no sabes qué hacer.    
La Biblia dice en Proverbios 2:6, ¡Pues el Señor concede sabiduría! De su boca provienen el saber y el entendimiento” (NTV)

La Verdadera Libertad

El polaco Josef Hofmann nacido en 1876 fue un aclamado y reconocido músico e instructor de algunos de los pianistas más brillantes del mundo. A lo largo de sus años de enseñanza observó que muchos músicos nunca alcanzaron su potencial porque se dejaron llevar por su “libertad”. Una vez dijo: “No se pueden imaginar en qué medida su ‘libertad’ distorsiona la música que tocan . Su ‘libertad’ es una licencia, no una libertad. La verdadera libertad proviene de la disciplina. Esa disciplina proporciona una base a la música y permite que surja la verdadera libertad”.

¿La libertad está relacionada a la disciplina? Esta idea puede parecer extraña para muchas personas. Muchos se pierden en su noción de libertad en su vida espiritual. Viven una vida de libertinaje acobijada por una supuesta libertad. Sin embargo, la Biblia nos recuerda una verdad básica: “Nos convertimos en esclavos de lo que obedecemos y de lo que domina nuestras vidas. La verdadera libertad proviene de rendir nuestras vidas al señorío de Jesucristo, de vivir en obediencia a Dios y a Su palabra”.

Todos los días te enfrentas a muchas elecciones y opciones en cuanto a tu libertad. Renueva tu compromiso con Dios hoy. Él puede darte la verdadera libertad. La Biblia dice en Gálatas 5:1, “Por lo tanto, Cristo en verdad nos ha liberado. Ahora asegúrense de permanecer libres y no se esclavicen de nuevo a la ley” (NTV)

Cuando Te Cansas

Tengo momentos en que me canso de hacer lo que estoy haciendo. Todos tenemos esos momentos. No importa cuál sea tu posición en la vida, habrán días en los que el cansancio te agobiará. Incluso, puedes pasar por una temporada más larga en la que sientes apatía y desinterés. Pueden haber muchas razones por las que tendríamos que buscar diligentemente en oración. Pero a menudo solo necesitamos animarnos y volver a empezar. 

Tenemos que hacerlo a propósito en lugar de esperar a que aparezca un sentimiento que nos mueva de nuevo hacia la acción. La gratitud me ayuda a empezar de nuevo en esos días. Cuando cuento todas mis bendiciones, me sorprende ver la bondad de Dios hacia mí. Me hace ser agradecido conmoviéndome y haciendo que mi vida se cobre más fuerza y esperanza. Tener grandes expectativas también me energiza y me motiva. Eso se llama “fe”. No tenemos que esperar para ver, sino creer para ver. 

La tercera cosa que hago cuando me canso, es quitar de mí ese pensamiento de cansancio y servirle a alguien más. Cuando lo hago, funciona todo el tiempo. En poco tiempo, me siento entusiasmado con la vida y emocionado de reanudar mi servicio al Señor. La Biblia dice en el Salmo 27:13, “Sin embargo, yo confío en que veré la bondad del Señor mientras estoy aquí, en la tierra de los vivientes” (NTV).

Saber, Esperar Y Creer

“Las cosas buenas vienen a los que saben esperar. Las mejores a los que no se rinden y luchan y las grandes bendiciones son para los que creen”. Me encanta esta frase porque comprende tres verbos esenciales para vivir que son: saber, esperar y creer. Los tres son necesarios porque el conocimiento nos ayuda a creer para en su efecto poder esperar. Además, el saber esperar es clave en nuestra vida. Sin embargo, es difícil esperar porque va en contra de la cultura actual. 

Nos gusta tener todo lo más pronto posible. No queremos esperar en la fila, no queremos esperar en el carro, no queremos esperar para subirnos a un avión. En fin, no nos gusta esperar. Es más, entre más estatus tengas, menos tienes que esperar. ¿Y qué decir del saber? Dicen que el conocimiento es poder, pero no todo el que sabe algo puede compartirlo y experimentarlo con los demás. El saber más no garantiza el éxito. Porque entre más sabemos nos damos cuenta que no sabemos mucho y que hay mucho más por aprender.

Pero el creer trasciende aun más que el esperar y el saber. El creer nos motiva, nos desafía y se vuelve en la misma razón por la cual podemos esperar. No solo debemos “saber” sino “creer” para poder “esperar”. La Biblia dice en 2 Corintios 5:7, “Vivimos por fe, no por vista”, (NVI).

No Corre, Vuela

Muchos hemos escuchado el refrán que dice: “No corre, vuela”. Posiblemente este es uno de los refranes populares españoles más usados, ya que puede emplearse en muchas situaciones. Se usa para indicar que cuando surge la oportunidad, hay que aprovecharla, porque sino, otro lo hará en nuestro lugar. El famoso refrán sirve para motivar a otros y para alentarles a actuar con rapidez, diligencia y entusiasmo. 

En otras ocasiones, escuchamos este dicho para denotar que muchas personas toman ventaja de su situación y vuelan cuando otros apenas quieren correr. Si algo podemos aprender del dicho popular es la prontitud para responder con diligencia. En otras palabras, debemos desarrollar prontitud al responder a las circunstancias de nuestra vida. 
Dios es un Dios de oportunidades. Muchas veces las oportunidades vienen y nosotros las dejamos pasar y de esa manera ellas vuelan. ¿Qué oportunidades te ha dado Dios a las que debes responder rápidamente? Quizá no puedas volar, pero si puedas correr y atravesar las puertas que Dios ya ha abierto y tú no has querido entrar por ellas. La Biblia dice en Deuteronomio 31:8, “  8No temas ni te desalientes, porque el propio Señor irá delante de ti. Él estará contigo; no te fallará ni te abandonará” (NTV)   

La Paciencia

“La paciencia no es algo fácil de lograr, sino algo que sólo se logra al saber esperar”. La paciencia no es esperar pasivamente para que todo se termine. No es sobrevivir semana tras semana, mes tras mes y año tras año. No es esperar que una persona se vaya, que una oportunidad se presente, que nos cambiemos de lugar, de una posición o de una situación. La paciencia no es un objetivo al cual tenemos que llegar, ni una meta que debemos conquistar. Es todo lo contrario. La paciencia es una esperanza activa, proactiva y muchas veces dolorosa, dependiente y expectante. En otras palabras, el esperar produce paciencia.

Yo defino la paciencia de una manera simple. “La paciencia es la ciencia de tener paz”. Es saber concebir, mantener y compartir la paz personal en cada circunstancia de nuestra vida. La paciencia va conectada con la espera. No se lleva a cabo de la noche a la mañana como pasa con los agricultores. Ellos esperan con paciencia las lluvias tempranas y tardías. Ellos esperan con ansias a que maduren los preciosos cultivos.
En el caminar de la fe, la paciencia es esperar para que Dios produzca el fruto reconociendo que hay algo más grande que está por venir. No es una marca de tiempo, ni es una carrera de velocidad, sino una carrera de resistencia. Es una maratónica de vida. El Señor es nuestra ayuda y nos hace pacientes. La Biblia dice en Proverbios 14:29, “El que es paciente muestra gran discernimiento; el que es agresivo muestra mucha insensatez” (NIV).

Nunca Te Confíes De Más

¿Cuántas veces nos confiamos de más en las cosas que no debemos hacerlo? Por ejemplo, nos confiamos en que todo saldrá como siempre ha salido, que no tendremos ningún percance, que todas las personas nos quedarán bien, que nada se cancelará, que todo marchará viento en popa, etc. Otras veces confiamos en nuestra experiencia, en nuestra preparación, inteligencia, fuerzas, destrezas y habilidades. La verdad es que nos confiamos de más. 

Al parecer cuando nos confiamos de más tarde que temprano estaremos prontos a recibir una decepción. Muchas veces la decepción viene por las circunstancias, por los eventos o por las personas a las cuales les hemos confiado. En numerables ocasiones la decepción viene por nosotros mismos, lo cual suele ser más frustrante. 
Sin embargo, hay una persona a la cual siempre le podremos confiar de más. Esa persona es nuestro Señor Jesucristo quien murió, pero también resucitó para que nosotros pudiésemos tener una vida en plenitud. ¿Confías en Él? Te aseguro que nunca saldrás defraudado ni decepcionado. La Biblia dice en el Salmo 125:1, “Los que confían en el Señor están seguros como el monte Sion; no serán vencidos, sino que permanecerán para siempre” (RV1960)  

Enfermedad Que Te Acerca A Dios

Alguien me dijo: “No he estado tan cerca de Dios como ahora que estoy pasando por esta enfermedad”. Thomas Fuller dijo: “La salud no se valora hasta que llega la enfermedad”. El tener salud es una bendición que muchas veces tomamos a la ligera. Sin embargo, debemos actuar y decidir bien en cuanto al cuidado de nuestro cuerpo, porque lo que hagamos hoy tendrá efectos permanentes en nuestra salud. La enfermedad en sí es una muestra de que nuestro cuerpo se va desmejorando gradualmente. En cada segundo que pasa nuestro cuerpo instintivamente sufre cambios mínimos y otros progresivos. 

Las enfermedades tienen una raíz y se llama pecado. La Palabra de Dios dice que por el pecado entró la muerte. Con esto no quiero decir que si te encuentras enfermo es porque es el resultado de un pecado en particular. Lo que quiero decir es que día tras día nuestro cuerpo se muere y lentamente nos acercamos más al momento donde estaremos siempre con nuestro Creador. 

Pero, ¿qué hacer si estamos enfermos? Buscar la manera de examinar dicha enfermedad, bien sea física o emocional, para buscar el tratamiento adecuado. Seguir con los cuidados indicados para experimentar una mejoría. Esperar en Dios y confiar en Él si los médicos y profesionales no encuentran qué hacer. Por último, cuidar siempre nuestro cuerpo como una prioridad. La Biblia dice en 1 de Corintios 6:19, “19 ¿No se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes y les fue dado por Dios? Ustedes no se pertenecen a sí mismos” (NTV).

Levantándose Hacia La Meta

En el año 2008, la corredora Heather Dorniden estaba liderando la carrera de los 600 metros hasta que una vuelta antes de terminar se cayó de cabeza al suelo desplazándola al último lugar. Lo impresionante fue cómo se levantó y comenzó aguerridamente a recobrar su posición hasta terminar en primer lugar en la carrera. Desde ahí su video se ha convertido en un ejemplo motivacional de alguien que no se da por vencido y que persevera hasta el final. 

Pero, ¿qué la hizo levantar del suelo? ¿Cuál fue su motivación? En una de las tantas entrevistas que hay por el internet, ella mencionó, “yo tenía mi mente y mi corazón en la meta, el caerme sirvió como combustible porque mis ojos estaban puestos en la meta final”. Esta es realmente una lección para nuestra vida cristiana. No debemos quitar nuestra mirada de la meta que es Cristo Jesús. Él orquesta nuestra carrera de la vida, nos acompaña en ella, y se convierte en nuestra meta final. Corremos y vivimos en la carrera de Jesús. La Biblia dice, “13 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. (Filipenses 3:13-14, NTV).

En Todo Tiempo La Fe

En todo tiempo se necesita tener fe. Martín Lutero dijo: “La fe verdadera y duradera necesita sujetarse solo a Cristo y a nada más”. La fe es el antiséptico del alma. Por ejemplo: “En la vida hay que saber cuando tener fe para comenzar, cuando tener fe para seguir y cuando tener fe para finalizar”, porque la fe nos ayuda a comprender que las circunstancias no dictan nuestra felicidad ni nuestra paz interior. Me gusta pensar que la fe es el puente que nos ayuda cruzar desde donde estamos hacia donde Cristo quiere que estemos.

La fe no hace las cosas sencillas, sino que las hace posibles. La fe es creer. ¿En qué o en quién crees? Si crees en Jesús y depositas tu fe en Él, el mundo de imposibilidades, podrá ser posible. En otras palabras, la fe muestra la realidad de lo que deseamos y esperamos y producirá la evidencia de lo que aún no podemos ver.

Un amigo siempre me decía: “La fe ve lo invisible, cree lo increíble y recibe lo imposible”. ¿Tienes fe? ¿Necesitas incrementarla? Es más, ¿es Cristo el autor de tu fe? La fe es una palabra pequeña que puede lograrlo todo. Entonces, levanta tu mirada, confía en Dios y ten fe en Él. La Biblia dice en Juan 11:40, “Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” (RV1960).