Condiciones O Decisiones

Algunos le echan la culpa a las condiciones que rodean sus vidas en cuanto a las decisiones que han tomado. Pero no es así. Son tus decisiones y no tus condiciones lo que determinan el éxito en tu vida. Cada decisión que tomamos en la vida esta relacionada a una condición. Aunque las condiciones pueden llegar a influir mucho en la toma de decisiones, estas no deben ser una excusa para la toma de malas decisiones.

Por ejemplo, si creciste en un ambiente hostil y abusivo, no tienes que decidir necesariamente ser una persona abusiva. Si creciste con muchas carencias, no debes conformarte con ser carente por el resto de tu vida. Si no tuviste una formación o educación formal, nunca es tarde para comenzar a estudiar. Si fuiste recíproco de la mentira, esto no te debe convertir en un mentiroso de por vida. 
Por lo tanto, deja que tus decisiones cambien tus condiciones y no que tus condiciones dicten tus decisiones.   La Biblia dice en el Salmo 19:8, “Las leyes del SEÑOR son justas, hacen feliz a la gente. Los mandamientos del SEÑOR son buenos, le muestran a la gente el camino correcto a seguir” (PDT)

Cuidado

¿Cuántas veces vemos el anuncio que dice: “cuidado”? Dicho anuncio funciona como una advertencia en muchas instancias en la vida. Por ejemplo, desde pequeños escuchamos frases como: “cuidado con lo que haces”, o “cuidado con las malas compañías porque estas corrompen”. Nuestros padres nos enseñan el tener cuidado con lo que decimos y hacemos. En otras ocasiones se nos ha dicho que debemos cuidar lo que tenemos y también a quienes tenemos alrededor nuestro.

Hay personas que no tienen cuidado de las cosas o de sus relaciones. ¿Por qué? Porque ni siquiera pueden cuidarse a sí mismas. Spencer Johnson dijo: “Cuanto más cuido de mí mismo, menos resentimiento e irritación tengo y más cariñoso me muestro hacia los demás”. Cuando no cuidamos de nosotros mismos, entonces exigimos a otros que hagan lo que solo nosotros podemos hacer.

De modo que ejercita el “cuidado” en todas las áreas de tu vida. Cuida tu relación con Dios y con los demás. Cuida tu tiempo, tus tesoros y tus talentos. Cuida las relaciones más preciadas, pero sobre todo, cuídate a ti mismo, porque si no lo haces, no podrás cuidar a nadie más. La Biblia dice en Efesios 5:15-16 “15 Así que tengan cuidado de cómo viven. No vivan como necios sino como sabios. 16 Saquen el mayor provecho de cada oportunidad en estos días malos”, (NTV).

Lo Que Falta

Una vez leí la siguiente frase, “si te falta dinero, no te preocupes. Si te falta la casa o vestimenta, no te afanes. Si te falta fe, no te desesperes. Pero si te falta Dios, te falta todo”. Esta frase tiene mucha verdad. Nos preocupamos tanto cuando nos falta el dinero. Trabajamos y trabajamos hasta poder tenerlo. Sin embargo, no lo es todo. Nos enfocamos en lo material porque es lo tangible y lo que nuestros ojos pueden ver. Nos damos cuenta que el ojo nunca se sacia.

Nos esforzamos por creer más y esperar más. Pero nos damos cuenta que somos débiles y que nuestra fe y esperanza suele menguar cuando más la necesitamos. Nos afanamos por lo que dejamos de hacer en el ayer y por lo que haremos en el mañana. Nos preocupamos desmedidamente por las cosas pasajeras como si fueran eternas, y nos desesperamos porque no alcanzamos todo lo que quisiéramos lograr al final de cada día.

Entonces, ¿qué es lo que nos falta? Como bien lo expresa esta frase, nos falta Dios. Queremos ser dioses pequeños llenos de esfuerzo humano y sin cabida a lo espiritual. Queremos hacer de lo pasajero algo trascendente y de lo eterno algo temporal. Deseamos vivir en el mañana sin valorar el hoy y nos frustramos por no saberlo todo cuando en verdad, no tenemos por qué saberlo. Nos falta entender que somos seres finitos y diseño de Dios. Sólo Él nos puede llenar. Así que, “sólo nos falta Dios”. ¿Lo tienes? Porque si no, no tienes nada. La Biblia dice en Mateo 6:33, “Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas, (NIV).

Encontrando El Contentamiento

Me gusta la siguiente frase que leí un día: “La felicidad no es mi destino, es la actitud con la que viajo por la vida”. Esto tiene que ver con el contentamiento. Mucha gente piensa que el contentamiento es difícil de alcanzar, porque la felicidad y la paz nunca duran. ¿Pero es esa la verdadera razón? Es común asociar un estado de satisfacción con una situación positiva. El contentamiento no es algo que venga de modo natural, se aprende. Usualmente, no es en medio de la comodidad que sentimos gratificación, sino en situaciones que nos causan problemas, temor y ansiedad.

El apóstol Pablo tuvo muchas oportunidades de aprender estas lecciones, porque su vida fue una serie de dificultades (2 Cor. 11:23-33). En sus cartas, él comparte lo que había aprendido sobre el contentamiento con la siguiente conclusión: “Enfocarse en Cristo en vez de las circunstancias”. Pablo tenía todas las razones para quejarse, porque fue encarcelado de manera injusta. Sin embargo, en su carta a los filipenses, no culpó a nadie ni se quejó. Al contrario, siguió regocijándose en Cristo porque allí es donde se encontraban su enfoque, afecto y devoción.

En resumen, debemos enfocarnos en lo que Dios está haciendo por medio de cada situación. En otras palabras, podríamos decir que Pablo evaluó sus circunstancias a través de un lente enfocado en Dios. El resultado fue el gozo y el contentamiento en toda su vida. La Biblia dice en Filipenses 4:11 , “No que haya pasado necesidad alguna vez, porque he aprendido a estar contento con lo que tengo” (NTV).

La Voz de Dios

En el polo sur, después de que las mamás pingüinos han tenido a sus crías, se regresan al océano para alimentarse y dejan a sus bebés al cuidado de sus padres. Al transcurrir de algunas semanas, las mamás regresan buscando a sus crías entre miles de pingüinos hasta que la mamá y sus hijos reconocen el sonido de sus voces y son reunidos.

La Biblia dice que Jesús y Sus seguidores son así, aprenden a reconocer Su voz en medio de todas las voces espirituales que tienden a confundirlos en el mundo de hoy. Si no tenemos cuidado, podemos ser llevados por voces que nos guiarán por el camino espiritual erróneo al no reconocer la voz de Jesús a través de Su Palabra.

Invierte un tiempo con Jesús quien es tu pastor para que puedas reconocer Su voz. Él te guiará por el camino correcto si solo escuchas Su voz. La Biblia dice, “27 Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco, y ellas me siguen. 28 Les doy vida eterna, y nunca perecerán. Nadie puede quitármelas”, (Juan 10:27-28, NTV).

Los Años No Pasan En Vano

Solo basta mirar algunas de nuestras fotos de años atrás para llegar a la conclusión de que “los años no pasan en vano”. Algunos se miran y jocosamente se burlan de sí mismos diciendo cosas como: este era yo cuando tenía cabello, este soy yo con unos kilos menos o esta soy yo sin arrugas y con un cuerpo escultural. Sin embargo, queramos o no, como dice el dicho: el tiempo nos pasa la factura de cobro. En otras palabras, lo que no cuidamos o invertimos en nuestra vida hoy en día, nos será cobrado con intereses a nivel personal, familiar, profesional y espiritual. Entonces, ¿qué debemos hacer?

Primero, valorar al máximo cada día que Dios nos da. Segundo, administrar nuestro tiempo, talento y tesoro porque éstos son los que nos ayudarán para que nuestros años no pasen en vano. Por último, debemos entregar cada día a Dios. Él se encargará de que cada día cobre significado en Sus planes para nosotros.

Abraza tus canas, arrugas, libras de más y muchas cosas que vienen con los años. Son una muestra de la gracia, amor y misericordia de Dios para ti. Puedes decir, “hasta aquí me ha ayudado Dios”. Pero mira con fe hacia delante y confía en Dios en los días por venir. La Biblia dice, “Entrega al Señor todo lo que haces; confía en él, y él te ayudará” (Salmo 37:5, NTV).

Saber, Esperar Y Creer

“Las cosas buenas vienen a los que saben esperar. Las mejores a los que no se rinden y luchan y las grandes bendiciones son para los que creen”. Me encanta esta frase porque comprende tres verbos esenciales para vivir que son: saber, esperar y creer. Los tres son necesarios porque el conocimiento nos ayuda a creer para en su efecto poder esperar. Además, el saber esperar es clave en nuestra vida. Sin embargo, es difícil esperar porque va en contra de la cultura actual. 

Nos gusta tener todo lo más pronto posible. No queremos esperar en la fila, no queremos esperar en el carro, no queremos esperar para subirnos a un avión. En fin, no nos gusta esperar. Es más, entre más estatus tengas, menos tienes que esperar. ¿Y qué decir del saber? Dicen que el conocimiento es poder, pero no todo el que sabe algo puede compartirlo y experimentarlo con los demás. El saber más no garantiza el éxito. Porque entre más sabemos nos damos cuenta que no sabemos mucho y que hay mucho más por aprender.

Pero el creer trasciende aun más que el esperar y el saber. El creer nos motiva, nos desafía y se vuelve en la misma razón por la cual podemos esperar. No solo debemos “saber” sino “creer” para poder “esperar”. La Biblia dice en 2 Corintios 5:7, “Vivimos por fe, no por vista”, (NVI).

Con Todo El Corazón

Usualmente cuando las personas escuchan la expresión, “con todo el corazón” se están refiriendo al centro de las emociones que llega a dominar la razón. También se refiere a las ganas, las fuerzas y el empeño con el cual trabaja el ser humano. Una persona que hace las cosas con el corazón se esfuerza, se alienta y se desafía para salir adelante ante las circunstancias más adversas que pueda llegar a atravesar. El corazón se convierte en el símbolo y en la fuerza propulsora que muestra mucho de lo que realmente somos. Cuando nos lanzamos de corazón, saltamos los obstáculos. Muchos desfallecen ante los obstáculos porque no se han lanzado con el corazón. Alguien dijo: “lo que hoy siente tu corazón, mañana lo entenderá tu cabeza”.

Por naturaleza, nuestra mente, voluntad y emociones no desean servir a Dios. Somos egoístas, centrados en nosotros mismos y nos cuesta perdonar. El corazón es como un niño: siempre espera lo que desea. Podemos hacer las cosas con el corazón pero nos cuesta perdonar de corazón porque jamás se penetra por la fuerza en él. Entonces, dejémosle nuestro corazón a Dios y cuidémoslo día a día para que este saludable.
La Biblia dice en Proverbios 4:23, “sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida”, (NTV).

Seis Pautas Para La Vida

El día de hoy leí unas frases que se titulan, “seis pautas para la vida”. Me gustó cada una de ellas por su profundidad y a su vez su simplicidad. Estas frases dicen lo siguiente: “Cuando estés solo, cuida tus pensamientos. Cuando estés con amigos, cuida tu lengua. Cuando estés enojado, cuida tu temperamento. Cuando estés en grupo, cuida tu comportamiento. Cuando estés en problemas, cuida tus emociones. Por último, cuando empieces a tener éxito, cuida tu ego”. 

¿Qué verdades tan prácticas se nos presentan aquí? Al estar solos, tenemos una batalla campal con nuestros pensamientos. Estos nos pueden alentar o atormentar. Cuando estamos con amigos, batallamos con callar o hablar cuando es debido al frente de las personas correctas y en el momento indicado. Por lo tanto, el cuidar la lengua es crucial en la vida. Al estar enojados, solemos explotar con lo peor que aflora de nuestro temperamento. Así que controlarnos es lo mejor. Cuando estamos en grupo, debemos siempre cuidar nuestro proceder ya que estamos al escrutinio de todos y cada cosa que hagamos puede llegar a ser cuestionada. 

De la misma manera, al estar en problemas no debemos dejarnos dictar por emociones sino por convicciones y razones. Finalmente, al probar un poco de éxito siempre batallaremos con nuestro ego. Debemos humillarnos constantemente ante el Todopoderoso porque de acuerdo a esa medida, todos saldremos cortos. La Biblia dice en Proverbios 19:20-21, “Escucha el consejo y acepta la corrección, y llegarás a ser sabio” (NTV).

Carrera

Me gusta mirar algunas de las carreras de 200 metros planos en los juegos olímpicos. Aunque este tipo de carrera es una prueba de velocidad del atletismo actual, lo que más me impresiona es saber la carrera que se ha corrido antes de la carrera en los juegos olímpicos. Al escuchar las historias de muchos de estos atletas, quedo impresionado de todo lo que han tenido que sobrepasar para llegar a los juegos olímpicos.

Al igual que ellos nosotros estamos en una carrera. Tenemos que sobrepasar obstáculos de enfermedades, entrenamientos dolorosos y esforzarnos grandemente para poder llegar a la meta. Los atletas que corren en los 200 metros planos, usualmente han corrido miles de metros antes de su participación. Se han caído, lastimado, desanimado, enfermado, frustrado y han querido tirar la toalla. Sin embargo, su pasión por participar en la carrera los hace levantar una y otra vez.

Y tú, ¿cómo te encuentras hoy? Quieras o no, te des cuenta o no, estás corriendo la carrera de tu vida. Dios puede ser tu entrenador, tu sustentador y quien te puede llevar a la meta. La Biblia dice, “Por lo tanto, ya que estamos rodeados por una enorme multitud de testigos de la vida de fe, quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante.” (Hebreos 12:1, NTV).