¿Por Qué Nos Gusta Cargar Basura?

Hay personas que son frenéticas con la limpieza. Se les llama comúnmente “germofóbicos”. Son aquellos que tienen que tener todo limpio y aún cuando está todo limpio, quieren seguir limpiando. Se reconocen por llegar a un lugar y en vez de hacer contacto visual con las personas, tienen un detector de baterías incorporado en sus ojos. Son aquellos que cargan diferentes tipos de actibacteriales y cuando ven alguna promoción de estos productos, compran algunos como para todo un año. Son obsesivos y compulsivos con la limpieza.

Pero, ¿son también así de intensos con limpiar su alma? Es decir, ¿son propensos a limpiar sus sentimientos, emociones y voluntad de cualquier raíz de amargura o suciedad? Desafortunadamente, no todos estos “germofóbicos” son intencionales con limpiar su corazón con la misma intensidad. Tienen una obsesión por limpiar todo menos por limpiar lo que está adentro de ellos mismos. Te recomiendo algo: seas bueno con la limpieza corporal o no, limpia tu corazón y no acumules basura allí. Será tóxico para tu vida y para quienes te rodean. Si no puedes hacerlo, deja que Dios lo haga por ti. Él es experto en limpiar corazones y en dejarlos como nuevos.

La Biblia dice en Isaías 1:18b, “…Aunque sus pecados sean como la escarlata, yo los haré tan blancos como la nieve. Aunque sean rojos como el carmesí, yo los haré tan blancos como la lana” (NTV).

No Puedes Retroceder El Tiempo

“No puedes retroceder el tiempo, pero con una actitud correcta podrás recuperar en el futuro más de lo que perdiste en el pasado”. En otras palabras, no puedes cambiar tu pasado, pero sí la actitud con la que enfrentas tu presente y esperas el futuro. Como dicen por ahí: “El tiempo contesta tus preguntas o hace que ya no te importen las respuestas”. El juez llamado tiempo se encargará de poner todas las cosas en su lugar.

En relación a eso, leí lo siguiente: “Yo amo es tiempo presente, yo amé es tiempo pasado, yo amaré es tiempo futuro y amar sin ser amado es tiempo perdido”. Esto nos habla de la trascendencia del amor en el tiempo. No importa si fue ayer, si lo es hoy o lo será mañana, el amor lo trasciende todo. Así que, aunque no puedas retroceder el tiempo, sí puedes amar en tiempo y fuera de tiempo.

Debemos orar para que Dios sea nuestro reloj y Su voluntad sea nuestro caminar. Entonces ¿te encuentras haciendo la voluntad de Dios? ¿esperas tu futuro en Sus manos? La Biblia dice en Génesis 28:15, “He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho” (NTV).

Daños

Los abogados mencionan que son muchos billones de dólares los que se sufragan en demandas por daños y perjuicios. La indemnización intenta compensar a la víctima por la pérdida sufrida y restablecer la situación en la que se encontraba el demandado antes de la lesión. Sin embargo, otra suma extravagante se paga en daños punitorios que tienen el propósito de castigar al demandado para evitar que se repita la conducta que ocasionó la lesión.

Pero, ¿qué pasa cuando los daños son tales que ninguna indemnización los puede pagar? ¿qué decir de las heridas que parecen ser irreparables? El ser humano ha cometido muchos daños, algunos que suelen ser irreparables. No obstante, Dios envío a Su Hijo para pagar por todos los daños y lesiones que hemos causado. Aunque le hallamos errado al blanco y cometido pecados que hayan causado muchos daños, Dios ha pagado por estos daños y promete restaurarnos para vivir en plenitud de vida.

De modo que si has causado mucho daño o te lo han causado a ti, Dios promete sanarte y restaurarte. Jesús ya pagó por todos los daños que hayas podido causar y el fallo de la demanda está a tu favor. ¿Deseas pasar por esa restauración? Solo Él lo puede hacer. Él pagó la indemnización completa. La Biblia dice 1 Pedro 2:24, “Él mismo cargó nuestros pecados sobre su cuerpo en la cruz, para que nosotros podamos estar muertos al pecado y vivir para lo que es recto. Por sus heridas, ustedes son sanados, (NTV).

Comer Bien

Algunos piensan que el comer bien o saludable es alimentarse con una buena dosis de vegetales, una porción de proteína y cuidarnos de los excesos en los carbohidratos y comida frita. Otros, evitan a toda costa el azúcar, la sal y las harinas. Algunos comentan que comen de todo para acostumbrar al cuerpo, y otros, deciden de la noche a la mañana dejar de comer carne porque dicen y es perjudicial para la salud. 

En fin, actualmente hay muchos puntos de vista en cuanto a la alimentación. Es más, entre la literatura que más se vende, están los libros de nutrición, ejercicio y hábitos alimenticios. ¡Qué decir de los libros de la pérdida del peso y la comida que no engorda! Se venden como dicen en mi tierra: como pan caliente. 

Sin embargo, hay tantas dietas nutricionales, estudios, estadísticas y experiencias en cuando a “comer bien” para cada filosofía que se desee adoptar en la dieta alimenticia. Porque lo que a unos les resulta, a otros puede que no. En nuestra vida espiritual, no es tan complicado. Una buena dieta alimenticia es nutrirnos de la Palabra de Dios, refrescarnos con las alabanzas a Dios, ejercitar nuestra vida de oración y ser constantes en la obediencia diaria a nuestro Señor. Te aseguro que te irá muy pero muy bien. Siempre podemos comer bien espiritualmente de esta manera. La Biblia dice, “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”, (Filipenses 4:8, RV1960).

Detrás Mío

Un joven pasó de largo por la puerta al entrar a una tienda llevando en su mano la pelota de softball que había comprado mientras sus amigos le esperaban en el parque para su juego. Estaba tan de prisa que no se dio cuenta de la señora que venía detrás de él. Ella traía a un bebé en una mano y muchas bolsas en la otra. El joven no detuvo la puerta al salir y le pegó directamente a la mujer haciéndole caer todas las bolsas que cargaba. Cosas como los biberones del bebé, diminutos juegos, pañales y diferentes artículos salieron volando hasta la calle. El bebé comenzó a llorar asustado y el joven volteó rápidamente diciéndole a la mujer: “perdón, no sabía que venía detrás mío. La señora le dijo: está bien, algunas veces yo tampoco presto atención”.

El joven ayudó a la mujer a recoger todas sus cosas. Al recogerlas, el joven pensó en la frase, “algunas veces yo tampoco presto atención”. Él se puso a pensar en las innumerables ocasiones que no prestaba atención en su vida diaria. Pensó en que pudiera haber dejado que la mujer pasara y nada de esto hubiese pasado. ¿Cuántas veces nos pasa lo mismo en nuestra vida cotidiana? ¿Cuántas veces nos pasa lo mismo en nuestra vida espiritual al no prestar atención a Dios?

Debemos prestar más atención a nuestros alrededores para ayudar a otros. Pero también debemos estar alerta a la voz de Dios. Probablemente Él nos abre la puerta muchas veces y nosotros no queremos entrar. La Biblia dice en 1 de Tesalonicenses 5:6, “Así que manténganse en guardia, no dormidos como los demás. Estén alerta y lúcidos”, (NTV).

La Gente

La gente suele añadirnos gozo o robarnos el que solemos tener. La gente es rápida para juzgar a los demás, pero muy lenta corrigiendo sus propios errores. Como seres relacionales estamos interconectados con los demás. Cada persona nos añade valor o tiende a agotárnoslo. La gente puede reír, pero al mismo tiempo puede estar llorando emocionalmente. La gente puede dar una cara, pero en realidad puede actuar de otra manera. La gente puede decir algo y ser un cúmulo de muchas mentiras. La gente puede enseñar lo más bueno y esconder lo más oscuro de cada uno. 

Entonces, ¿qué podemos hacer? Recordar que todos somos creación de Dios, pero que somos seres pecaminosos llenos de complejidades y pecados. También, debemos poner lo mejor de nosotros para tratar bien a los demás trabajando en nuestra integridad. Debemos recordar que no tenemos control de la gente, sino que debemos ejercer el control de nuestro propio ser. Además, trabajemos cada vez más para ser de bendición y apoyo a los demás y no pensar en primera instancia en nosotros mismos. 
Finalmente, pidámosle dirección a Dios para que cada día la gente no nos robe el gozo, sino que nosotros les podamos añadir de nuestra paz. La Biblia dice en Mateo 7:12, “12 »Haz a los demás todo lo que quieras que te hagan a ti. Esa es la esencia de todo lo que se enseña en la ley y en los profetas” (NTV) 

Las Reglas del Juego

En cada deporte hay reglas de juego. No se puede jugar exitosamente sin saber las reglas del juego. En la vida hay ciertas reglas que aplicamos diariamente. Por ejemplo, leí una frase titulada siete reglas básicas de vida que dicen: “Haz las pases con tu pasado, lo que otros piensen de ti, no es de tu importancia, el tiempo casi lo cura todo así que dale tiempo, nadie es responsable de tu felicidad-sólo tú, no te compares con los demás y dejar de juzgar, deja de pensar tanto y sonríe más”.

Aunque me gustan estas reglas para la vida y deseo también practicarlas, ¿qué tal unas reglas para vivir mejor espiritualmente? Por ejemplo, buscar cada día más de Dios, escuchar Su dirección, seguir Su Palabra, cuidar de nuestras relaciones, recursos y de nuestro tiempo. Qué tal si permanecemos en la brecha de lo que nos hemos propuesto, si somos fieles a las tareas asignadas, flexibles cuando sea necesario e innovadores cuando se presente la oportunidad.

Pidámosle a Dios que nos ayude a guardar las reglas del juego, pero sobre todo a permanecer en ellas. Él nos ayudará. La Biblia dice en 2 Tesalonicenses 3:5, “5 Que el Señor les guíe el corazón a un entendimiento total y a una expresión plena del amor de Dios, y a la perseverancia con paciencia que proviene de Cristo” (NTV)

Compromisos

Compromisos, compromisos y más compromisos. Parece ser que nuestras agendas están cada vez más llenas y nuestras vidas más ajetreadas corriendo de aquí para allá, de un lado hacia el otro. Por más de que tratemos de cumplir con todos los compromisos, sentimos que no podemos cumplir con todo. Pero, ¿a qué se debe este sentimiento?

Una de las enfermedades psico-emocionales del siglo XXI se le atribuye al estrés y uno de los factores que producen más estrés en el ser humano son la acumulación excesiva de compromisos que producen ansiedad, preocupación, cansancio físico y emocional. Un consejo práctico y simple es examinar nuestros compromisos haciéndonos las siguientes preguntas: ¿Cuáles de estos son vitales y esenciales? ¿Cuáles son urgentes e importantes? ¿Cuáles pueden esperar y de cuáles se puede desistir?

Hay un compromiso que es vital y del cuál nunca debes desistir. Este compromiso es tu relación con Dios. Si tu compromiso con Dios está bien, se notará en los demás compromisos que tienes en tu vida. Pero, si tu compromiso con Dios es débil, entonces, muchos de tus otros compromisos serán afectados. ¿Estás comprometido(a) con Dios? La Biblia dice en Deuteronomio 6:5, “5 Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (NTV).

Caminando Solo

Abraham Lincoln dijo, “voy despacio, pero jamás desandando lo andado”. En otras palabras este hombre entendió que a veces se camina solo y lento pero se está avanzando. Muchas veces son pasos paulatinos pero a su vez progresivos. El caminar solo es bueno para la salud física, emocional y espiritual.

Los médicos y profesionales de la salud mental recomiendan el caminar por lo menos cuatro veces por semana por media hora para obtener resultados duraderos. La oxigenación que se produce en el cuerpo y la liberación de toxinas, son solo algunos de los beneficios del caminar constantemente. Cuando caminamos podemos pensar, reflexionar y meditar en lo que Dios ha hecho y puede hacer en nuestras vidas.

Pero, ¿realmente caminas solo? La Palabra de Dios nos afirma una y otra vez que Dios va delante de nosotros y camina con nosotros. Él envía ángeles que nos protegen de mal y de peligro y nos ha provisto de Su Espíritu para que repose en nuestros corazones. Así que si piensas que caminas solo, la verdad no lo estás. La presencia de Dios está alrededor tuyo. Él nunca te dejará ni desamparará. Él guarda cada uno de tus pasos para que no tropieces y si te llegas a caer, Él estará allí para recogerte. Así que nunca caminas realmente solo. Él camina contigo. La Biblia dice en Salmo 121:3, “Él no permitirá que tropieces; el que te cuida no se dormirá”, (NTV).

Escondite

¿Cuántas veces te has escondido? ¿Recuerdas el juego del escondite que jugabas cuando eras niño? Usualmente buscábamos un lugar donde poder refugiarnos y escondernos para no ser descubiertos. Entre más creativos fuésemos, podríamos ganar al no ser descubiertos rápidamente. Este es un juego clásico que lo he visto jugar en niños de diferentes continentes alrededor del mundo. La verdad es que es muy divertido.

Sin embargo, esto muestra también una condición de nuestro corazón. Disfrutamos el esconder nuestros sentimientos y nuestras emociones en lo más recóndito de nuestro ser. Escondemos lo que realmente nos afecta y nos molesta. Nos gusta escondernos bajo una sonrisa falsa, bajo una fachada ante los demás, pero nunca nos podremos esconder de Dios. Él conoce el todo de nosotros y nada ni nadie se puede esconder delante de Su presencia.

Medita si lo que escondes es por seguridad, comodidad o por pena. Ven delante de Dios y expone delante de Él todo lo que hay en tu ser. Él desea consolar, animar y bendecir tu vida de una manera impresionante. ¿Dejarás de esconderte de Él? Aunque creas hacerlo, no lo lograrás. La Biblia dice en el Salmo 139:8, “Si subo al cielo, allí estás tú; si desciendo a la tumba, allí estás tú”. (NTV)