Viejas Costumbres

Todos hemos heredado o aprendido ciertas costumbres. Algunos hemos mantenido ciertas costumbres sin saber porqué las hemos guardado como tal. Son costumbres viejas. Unas de ellas son buenas, pero otras no lo son. Si una costumbre nos invita a salir adelante o incita al aprendizaje, es una buena costumbre. Esto puede ser el leer durante el día, el meditar, el reflexionar, el escribir, etc. Sin embargo, hay otras costumbres que pueden ser nocivas como comer comida chatarra muy tarde en la noche, el no descansar ni dormir lo suficiente, etc. Todos mantenemos tanto buenas como malas costumbres. 

En la vida cristiana las malas costumbres son el ponerse la ropa vieja en la carne y vivir practicando el pecado. Muchos cristianos viven descontentos porque están usando las ropas viejas de su pasado. Estas ropas pueden ser traumas o sentimientos de la infancia, dichos inapropiados o el aferrarse a comportamientos de su vida antigua. La solución es ponerse la ropa nueva que Cristo nos da. Debemos dejar a un lado las viejas costumbres y los malos hábitos, de la misma manera que lo haríamos con la ropa sucia diariamente. No debemos hacer ni pensar en lo que hacíamos antes. En cambio, debemos ejercitar nuestros pensamientos y ponernos las vestiduras nuevas que Dios nos ha entregado. La verdadera satisfacción vendrá cuando dejemos lo viejo y nos pongamos lo nuevo. 
La Biblia dice en Romanos 13:12, “12 La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz” (RV1960) 

Cuando Te Quedan Mal

¿Cuántas veces nos han quedado mal cuando alguien se ha comprometido con nosotros? Recientemente fui testigo de personas cercanas a mi a quienes les habían asegurado y tenían un cupo en un avión para su destino de vacaciones. Ellos confiaron en esta persona quien les aseguró y tendrían los boletos para entrar en el avión. Al llegar al aeropuerto con equipaje y todo, después de un tiempo dicha persona quien trabajaba para esta empresa, no pudo cumplir con su promesa. Todos ellos se quedaron con reservaciones de hotel, boletos de diversión y todo planeado en su destino final. No contaban con que esta persona les quedara mal y sus planes fueran totalmente frustrados, alterados y cambiados. Cada uno de ellos sufrió pérdidas por no poder llegar a su destino final. 

Aunque este caso sea sólo un ejemplo de las muchas veces cuando alguien nos queda mal, en repetidas ocasiones nosotros también podemos quedarle mal a alguien. Piensa en las veces que has prometido algo y no lo has cumplido. Piensa en las veces que has dicho alguna palabra que te ha comprometido y no le has podido dar seguimiento. Piensa en las decisiones que has tomado y que han afectado radicalmente la vida de otros para bien o para mal. Piensa en que todo lo que haces individualmente ya que también puede tener repercusiones hacia otros. 
De modo que cuando otros te queden mal, piensa en no hacerlo tú y así poder ser de bendición a los demás. La Biblia dice en Romanos 12:21, “No dejen que el mal los venza, más bien venzan el mal haciendo el bien” (NTV)

Truenos de la Vida

Soy una de esas personas que ha aprendido a disfrutar las tormentas fuertes pero no siempre ha sido así. Cuando estaba chico y llovía fuertemente, el sonido que producía la lluvia en el techo de la casa donde crecí era muy escandaloso. Lo que me hacía correr hacia el cuarto de mis padres no era la lluvia, eran los grandes truenos y su impetuoso sonido. Este sonido tan peculiar me hacía sentir un poco nervioso porque no entendía el por qué se producía. Más adelante, cuando tenía unos cinco años de edad mi madre me enseñó con fotos el proceso que se suscita en las nubes y el porqué de dicho sonido. Recuerdo que me dijo: “no te dejes asustar por el sonido de los truenos. Recuerda que los truenos son necesarios y normales para que sea una tormenta buena y cumpla su objetivo de regar la tierra que Dios ha creado”. Aunque entendí el concepto de los truenos y su propósito, no dejé de ir al cuarto de mis padres hasta cuando lo consideré necesario.

Esto me puso a pensar en los muchos ruidos extraños y fuertes que suelen atormentar nuestra vida. Hay problemas tan fuertes que nos aturden y nos hacen esconder bajo el techo del temor y de la preocupación. Hay otros que no nos permiten escuchar ni ver lo que está alrededor nuestro. Debemos aprender que así como los truenos son necesarios para que las tormentas naturales se acaben, así lo son las circunstancias difíciles que enfrentamos diariamente.

A pesar de los truenos de la vida, nunca pierdas la esperanza. No dejes que el ruido de este mundo te impida escuchar la voz de Dios. La Biblia dice en Salmo 4:3, “Sepan que el Señor honra al que le es fiel; el Señor me escucha cuando lo llamo”, (NVI).

Nubes Negras, Aguas Limpias

Una vez leí la siguiente frase: “De las aguas negras cae el agua más limpia y de los momentos más difíciles, sacamos las mejores lecciones”. Las aguas negras son una fuente de motivación para recordarnos que los obstáculos se pueden ver de una manera, pero se pueden aclarar con el transcurso del tiempo. La vida misma está llena de retos desde que nacemos hasta que morimos, pero incluso en los momentos de más flaqueza y debilidad, podemos hacer mucho para mejorar cada situación dentro de cada una de nuestras posibilidades. Debemos recordar que “detrás de una imposibilidad siempre se asoma la posibilidad”. 

Benjamin Flanklin escribió acerca de cómo sobrepasar los obstáculos diciendo: “Pocos son los que tienen el coraje suficiente para reconocer sus fallas, la resolución suficiente para repararlos y la esperanza para enfrentar las imposibilidades”. En repetidas ocasiones solo queremos ver las imposibilidades sin esperar los cambios que pueden surgir de los grandes obstáculos que enfrentamos día tras día. 

Entonces, la mayor prueba de coraje en la tierra es superar la derrota sin perder el corazón. Yo añadiría, “La mayor prueba de valentía es aprender de las derrotas, superarlas y nunca perder la fe”. La Biblia dice en el Salmo 34:17-18, “17 El Señor oye a los suyos cuando claman a él por ayuda; los rescata de todas sus dificultades. 18 El Señor está cerca de los que tienen quebrantado el corazón; él rescata a los de espíritu destrozado” (NTV).

Deseos Del Corazón

¿Qué desea tu corazón? ¿Cuáles son los anhelos y deseos más grandes por los que gime tu alma? Una sabia frase dice: Un corazón agradecido, ama lo que recibe. Un corazón sabio, ama lo que da. Nuestro corazón ama al dar y al recibir. Nuestro corazón ama al no esperar nada a cambio y al sacrificar mucho de nuestro ser. Nuestro corazón se llena de los momentos más pequeños como si fueran los más grandes y de los momentos más insignificantes como si fueran los más significativos. 

Pero, ¿qué albergas en tu corazón? Albergas gozo, paz, alegría, mansedumbre, confianza, fortaleza, sabiduría, o albergas temor, confusión, angustia, resentimiento, amargura, tristeza, etc. La Palabra de Dios dice que “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34b). Entonces, ¿qué albergas ahí? Un excelente consejo es adorar, alabar y deleitarnos en lo que Dios nos ha dado y esperar con fe lo que Él nos dará. 

Ora a Dios y pídele que te ayude a cultivar un corazón con deseos que vayan de acuerdo a Su voluntad. Te aseguro que será de mucha bendición para tu vida.


La Biblia dice en el Salmo 37:4 , “Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón” (NTV).

Un Abrazo

Algunos investigadores afirman que el abrazar sinceramente tiene beneficios muy buenos. Un abrazo ayuda con la presión arterial, alivia el temor, cuida el corazón y mejora la salud mental. ¿Sabías esto? El abrazar en su sentido más puro es una muestra de cariño donde se realiza una leve presión sobre la persona a la que es ofrecido dicho gesto al ceñirlo con los brazos. Es más, la terapeuta Lía Barbery, autora del libro, “El lenguaje de los abrazos” afirma que al abrazar no solo segregamos oxitoxina (que es la hormona del apego) sino también se libera serotonina y dopamina, generando una agradable sensación de bienestar, armonía y plenitud. 

Así que, ¿cómo estás tu en aquello de recibir y ofrecer abrazos bien intencionados? Si no lo haces constantemente, estas son unas de las muchas razones por las cuales deberías hacerlo. La Palabra de Dios nos muestra muchos casos donde hubo abrazos muy emotivos. Es más, Jesús en una ocasión tomó en sus brazos a los niños para mostrar su gesto de cariño y amor a los que estaban alrededor. De modo que, “abraza un poco más”, es bueno para la salud. La Biblia lo explica muy bien cuando dice que hay, “Un tiempo para abrazarse y un tiempo para apartarse” (Eclesiastés 3:5, NTV).

Mi Fuerza

¡Ya no tengo fuerzas, ya no puedo seguir adelante, ni quiero vivir! Esta fue la expresión de una señora quien frustrada y agobiada vino al frente después de una predicación durante el tiempo del llamado ¿Qué hacemos cuando ya no tenemos fuerzas? ¿Qué hacer cuando pensamos que ya no hay nada más que hacer? Es allí precisamente donde Dios desea obrar.

Cuando no tenemos fuerzas reconocemos que no podemos solos y que necesitamos ayuda. Cuando se nos acaban las fuerzas reconocemos que somos débiles y que necesitamos renovar nuestras fuerzas poco a poco. Cuando se acaban las fuerzas es una oportunidad para depender de “Aquel” cuyas fuerzas nunca se agotan. Freud, padre de la psicología, dijo que “El secreto de la fuerza está en la fuerza de los deseos”. Aunque no estoy de acuerdo con toda esta declaración, sí lo estoy en parte. Si deseamos solo las fuerzas humanas y nos basamos en nuestros deseos, saldremos cortos de fuerzas. Sin embargo, si nos basamos en las fuerzas divinas, nuestros recursos nunca se acabarán ni desvanecerán.

Entonces, ¿en quién depositas tus fuerzas? La Biblia dice en el Salmo 28:7, “El Señor es mi fuerza y mi escudo; mi corazón en él confía; de él recibo ayuda. Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias” (NTV).

Marineros Espirituales

Leyendo un artículo en un magazine, tomé nota de la siguiente frase: “Cualquiera navega en aguas tranquilas, pero los mejores marineros aprendieron en medio de las tormentas más difíciles”. Edward Gibbon, experto en marineros, dijo: “Los vientos y las olas siempre están al lado de los navegantes más expertos”. En otras palabras, las tormentas más fuertes son el aula de clases de los marineros más prominentes.

Nosotros somos los marineros en el océano llamado vida. Las tormentas torrenciales con sus fuertes vientos y sus violentas aguas son inevitables. En vez de esperar una vida sin dichas tormentas, debemos hacer de las tormentas una sala de enseñanzas para aprender a cómo navegar y sobrepasar cada una de ellas. Las grandes olas, no podrán hacernos bajar ni hundir en la barca de nuestra vida. De modo que cuando vengan los vientos y las olas más fuertes, debemos aprender que lo único que podemos hacer cuando llueve, es dejar que pase, protegernos y esperar que todo se calme. Todas las tormentas tienen una característica fundamental: “Todas, sin excepción, terminarán”. No hay tormentas eternas, pero sí se pueden aprender lecciones de tenacidad, perseverancia, dependencia y diligencia en cada una de ellas.

Dios es tu refugio en medio de la tormenta, ¿deseas refugiarte como un buen marinero en Él? La Biblia dice en Isaías 32:2,“Cada uno será como un refugio contra el viento, como un resguardo contra la tormenta; como arroyos de agua en tierra seca, como la sombra de un peñasco en el desierto” (NVI).

Dolorosamente Doloroso

“Es dolorosamente doloroso”, fue la expresión que escuché de un doctor al salir de la sala de emergencias y comunicarle a una familia que su padre había fallecido. Al hablar de “dolorosamente doloroso” nos referimos a esos momentos de supremo sufrimiento, frustración y desánimo. El dolor se puede presentar a nivel físico, emocional o hasta espiritual. Físicamente, al estar hospitalizados después de una operación, los doctores o enfermeros preguntan: “De uno a diez, ¿cómo está su dolor?”. Por lo menos los profesionales de la salud tratan de implementar un sistema métrico para medir el nivel de dolor. Pero, ¿cómo se puede medir un dolor emocional o espiritual?

La verdad es que el dolor nos afecta de diferentes maneras y en diferentes circunstancias. Alguien dijo que “La única manera de hacer desaparecer el dolor es mediante la muerte”. En otras palabras, en esta vida, siempre experimentaremos el dolor. Sin embargo, Dios nos enseña mucho en los momentos que estamos experimentando dolor. ¿Cuál es tu dolor? ¿Qué te está enseñando ese dolor? ¿Cómo puedes sobrepasar el dolor que tienes? ¿Puedes clamar a Dios en medio de tu dolor? 

Dios conoce nuestro dolor y está atento para ministrarnos y darnos paz en el corazón. Puedes estar seguro(a) que Él conoce tu aflicción, ha llevado todo tu dolor y puede aminorar cualquier carga que tengas. La Biblia dice en Eclesiastés 1:18, “Cuanta más sabiduría tengo, mayor es mi desconsuelo; aumentar el conocimiento solo trae más dolor” (NTV).

Por Sus Frutos

¿Has escuchado la frase: “Por sus frutos los conoceréis”? Creo que sí. Algunos piensan que fue dicha por un filósofo, otros piensan que es un dicho común y otros apenas la acaban de escuchar. Sin embargo, muchos ignoran que esta frase fue compartida por Jesús. Lo que quiere comunicar es que las acciones mostrarán la verdad acerca de cada persona. 

Muchas veces nos hemos preguntado lo siguiente: ¿Será que esta persona sí es como se ve? ¿Será que lo que se ve es lo que realmente es? Creo que todos nos hemos hecho esa pregunta o no la han hecho a nosotros. La autenticidad y genuinidad es algo que este mundo necesita ver cada vez más. La gente anhela ver nuestras grandes destrezas y fortalezas, pero también nuestra vulnerabilidad. El mundo necesita ver que somos honestos con nuestro hablar y con nuestro proceder. El mundo necesita ver que las palabras concuerden con los hechos los cuales corroboren nuestras creencias. 

Hay cuatro tipos de personas: Los que tienen las creencias correctas, pero las acciones incorrectas. Los que tienen las creencias incorrectas, pero tratan de proceder correctamente, los que tienen las creencias y las acciones incorrectas y los que luchan y trabajan por tener las creencias y las acciones correctas. Así que, deja que Dios obre en ti y aunque falles en repetidas ocasiones, Él te podrá restaurar.   La Biblia dice en Mateo 7:20: “Así que, por sus frutos los conoceréis” (RV1960)