El Regalo Más Preciado

¿Quién puede resistirse a un regalo? Desde el más tierno bebé que se divierte con el envoltorio hasta el anciano que se conmueve con los abrazos de sus bisnietos que resultan en lágrimas. Todos los regalos comparten una cualidad única: “no los pagamos nosotros, alguien más los paga”.

¿Recuerdas los regalos más conmovedores que has recibido en tu vida? A veces no son objetos materiales. Pueden ser palabras amables, gestos de cariño, abrazos inesperados. En fin, hay tantas formas de regalos.

El regalo más precioso que Dios nos ha dado no vino envuelto en papel, sino que fue colocado sobre una cruz. Es el regalo que no merecíamos, un acto de amor sacrificial sin igual. Este regalo fue planeado desde el principio, esperado con anhelo y llegó en el momento adecuado, transformando la historia para siempre. Ese regalo es Jesús. ¿Lo has aceptado en tu vida? Si aún no lo has hecho, hoy es el momento perfecto para hacerlo. ¿Deseas recibirlo? Solo necesitas abrir tu corazón y recibirlo por fe, y él permanecerá contigo para siempre.La Biblia dice en Juan 3:16, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, más tenga vida eterna” (LBLA).

En las Aguas Profundas

Recientemente encontré una frase que me impactó profundamente: “Le pregunté a Dios por qué me estaba llevando a aguas profundas, y Él me respondió: porque tus enemigos no saben nadar”. ¿Alguna vez has sentido esa sensación de estar en medio del mar, rodeado por vastas extensiones de agua, enfrentando olas imponentes? ¿Te has aventurado a nadar mar adentro? Es una experiencia hermosa pero, al mismo tiempo, abrumadora. Incluso los nadadores más experimentados dudan en aventurarse en aguas profundas a menos que estén seguros de que podrán ser rescatados. De manera similar, nuestras vidas a menudo nos llevan a situaciones desafiantes que se asemejan a esas profundidades marinas. Son esos momentos en los que sentimos que las olas de las circunstancias nos golpean sin piedad, amenazando con hundirnos.
Sin embargo, en esos momentos de desafío, es donde encontramos algunas de las lecciones más valiosas. Es en medio de esas profundidades donde Dios nos enseña a ser más fuertes, a mantenernos a flote incluso cuando parece que todo está en su contra. Nos enseña a levantar la cabeza por encima de las olas, confiando en que, aunque las tormentas sean intensas, Él está con nosotros para sostenernos. Es allí donde la determinación se fusiona con la fortaleza espiritual y donde experimentamos el poder transformador de Dios. Así que, cuando te encuentres navegando en aguas profundas, recuerda que no estás solo. Confía en que Dios está contigo, guiándote y fortaleciéndote en medio de las tormentas. Él te levantará por encima de las olas y te llevará a tierras seguras. La Biblia dice en el Salmo 23:6, “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días” (NTV).

Haciendo algo Nuevo

“Si Dios ya ha respondido todas tus oraciones, ha puesto a prueba tu fe. Si todavía no lo ha hecho, está probando tu paciencia”. ¿Cuántas veces esta afirmación se manifiesta en nuestras vidas? Creo que muchas veces. Clamamos una y otra vez, pero parece que no hay respuesta. Nuestras oraciones parecen no traspasar el techo y nos sentimos desamparados, desprotegidos y angustiados. Esperamos un sí inmediato, pero nos encontramos con un constante no. Confiamos, esperamos, pero parece que nada sucede.
La verdad es que algo está sucediendo. Dios está obrando. Él está presente y no nos ha olvidado. El salmista pasó por muchas situaciones similares: clamó, esperó desesperadamente, se frustró constantemente y se quejó continuamente. Sin embargo, llegó a la conclusión de que “Pacientemente había esperado a Jehová y Él se había inclinado hacia él” (Salmo 40:1). Por eso, la próxima vez que sientas que tus oraciones no son escuchadas, recuerda que Dios está realizando tres cosas: “poniendo a prueba tu fe, moldeando tu carácter y obrando a tu favor, incluso cuando tú no lo percibas así”. La Biblia dice en Salmos 34:19-20 “La persona íntegra enfrenta muchas dificultades, pero el Señor llega al rescate en cada ocasión. Pues el Señor protege los huesos de los justos; ¡ni uno solo es quebrado!” (TLA).

Prueba en la Oración

“Si Dios ya ha respondido todas tus oraciones, ha puesto a prueba tu fe. Si todavía no lo ha hecho, está probando tu paciencia”. ¿Cuántas veces esta afirmación se manifiesta en nuestras vidas? Creo que muchas veces. Clamamos una y otra vez, pero parece que no hay respuesta. Nuestras oraciones parecen no traspasar el techo y nos sentimos desamparados, desprotegidos y angustiados. Esperamos un sí inmediato, pero nos encontramos con un constante no. Confiamos, esperamos, pero parece que nada sucede.
La verdad es que algo está sucediendo. Dios está obrando. Él está presente y no nos ha olvidado. El salmista pasó por muchas situaciones similares: clamó, esperó desesperadamente, se frustró constantemente y se quejó continuamente. Sin embargo, llegó a la conclusión de que “Pacientemente había esperado a Jehová y Él se había inclinado hacia él” (Salmo 40:1). Por eso, la próxima vez que sientas que tus oraciones no son escuchadas, recuerda que Dios está realizando tres cosas: “poniendo a prueba tu fe, moldeando tu carácter y obrando a tu favor, incluso cuando tú no lo percibas así”. La Biblia dice en Salmos 34:19-20 “La persona íntegra enfrenta muchas dificultades, pero el Señor llega al rescate en cada ocasión. Pues el Señor protege los huesos de los justos; ¡ni uno solo es quebrado!” (TLA).

Tienes todo lo que necesitas

Una vez escuché la siguiente frase: “Si Dios es todo lo que tienes, entonces tienes todo lo que necesitas”. ¿Lo comprendes? Muchas personas poseen todo y al mismo tiempo, carecen de todo. Dedican sus vidas en acumular riquezas, conocimientos, estatus, poder y fama, pero aun así, sienten un vacío en sus corazones. Buscan la felicidad en cosas externas, intentando afirmar su identidad en relaciones, posesiones y circunstancias. Pretenden mostrar una sonrisa en público mientras se desmoronan por dentro. A pesar de tenerlo todo, sienten como si no tuvieran nada. Corren sin descanso, agotándose en el proceso. Se enfrentan a fracasos y se levantan una y otra vez, pero a veces, no encuentran la fuerza para levantarse. Persiguen sus ideales incansablemente, pero estos cambian constantemente, dejándolos a la deriva como una veleta en un océano tumultuoso de posibilidades que se convierten en decepciones.

A pesar de tener todo lo que necesitan, viven con un profundo sentido de carencia. Sus almas anhelan significado, propósito y pasión, pero no los encuentran. ¿La razón? Han buscado en todo menos en Jesús. Por lo tanto, si Dios es todo lo que tienes, entonces tienes todo lo que necesitas. ¡Puedes estar seguro de ello! 
La Biblia dice en 2 Corintios 9:8, Y Dios proveerá con generosidad todo lo que necesiten. Entonces siempre tendrán todo lo necesario y habrá bastante de sobra para compartir con otros” (NTV).

La Tentación Es Real

La tentación es algo palpable en el ser humano. Todo ser humano ha experimentado y experimentará la tentación por el resto de su vida. Como alguien dijo: Nadie está graduado en el arte de la vida mientras no haya sido tentado. La tentación es real, evidente e inevitable. Muchas personas batallan y se frustran con el hecho de ser tentados, pero mientras vivan, bien sea en poca o en alta proporción serán tentados. 

Unos con la práctica acceden al dicho que dice: La única manera de vencer una tentación es sucumbiendo en ella. Sin embargo, la mejor manera de vencer la tentación no es cayendo en ella. La mejor manera de vencer la tentación es reconociendo nuestra vulnerabilidad, trabajando en cada una de nuestras debilidades y construyendo en nuestras fortalezas. Debemos también reconocer que no podemos solos y que necesitamos la ayuda de Dios para resistir las tentaciones, fortalecer nuestro carácter y salir victoriosos(as) cada día. 

Dios desea empoderarnos para resistir nuestras tentaciones cualquiera y esta sea. Pero, no podemos bajar la guardia, porque de ser así sucumbiríamos fácilmente a todas las tentaciones que se nos presenten por delante. Recuerda que cada tentación tiene su salida y su aprendizaje. La Biblia dice en 1 Corintios 10:13, “Las tentaciones que enfrentan en su vida no son distintas de las que otros atraviesan. Y Dios es fiel; no permitirá que la tentación sea mayor de lo que puedan soportar. Cuando sean tentados, él les mostrará una salida, para que puedan resistir” (NTV)    

Solamente no Temas

Tan solo no temas. No temas al tiempo, pues nadie es inmune a su paso. Las heridas no deben ser motivas por temor ya que nos fortalecen. El llanto, lejos de ser algo a temer, purifica el alma. Los retos nos hacen más ágiles y equivocarnos nos enseña sabiduría. La soledad tampoco debe asustarte, pues Dios siempre está contigo. Tan sólo, no temas.

Desde Moisés hasta Josué, desde los profetas hasta los reyes, el mensaje fue el mismo: “No temas”. ¿Por qué este énfasis? Porque el miedo paraliza y bloquea las bendiciones de Dios para nuestras vidas. Incluso los discípulos, enviados por Jesús, admitieron haber sentido temor. Nuestro relato diario no difiere mucho. Vivimos entre el temor y la calma. 


Por lo tanto, hoy te animo a dejar atrás el miedo. Mira a Jesús. Él prometió estar contigo siempre y así será. Rechaza el miedo, acepta el perdón de Dios y vive bajo Su guía. La Biblia dice en Isaías 41:10, “No tengas miedo, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te daré fuerzas y te ayudaré; te sostendré con mi mano derecha victoriosa” (NTV).

Antes de lanzar la piedra

Cuida tus acciones hoy, pues podrían ser el tropiezo de mañana. Juzgar precipitadamente no es sabio, ya que quien juzga rápidamente suele arrepentirse pronto. Cuando nos inclinamos a juzgar a otros, en realidad revelamos nuestras propias inseguridades. A menudo, juzgamos basándonos en lo superficial, ignorando la complejidad de cada persona y de la situación. Recordemos que las apariencias pueden ser engañosas.

Es más difícil juzgarnos a nosotros mismos que a los demás, pero esta autoevaluación es crucial para obtener sabiduría. Es fácil criticar, menospreciar o actuar en contra de otros sin comprender plenamente su perspectiva. En repetidas ocasiones juzgamos a las personas por sus amistades o enemistades, pero cuanto más juzgamos, menos amor mostramos.
Nunca podemos entender completamente la vida de los demás, pues cada uno carga con su propio dolor y sacrificio. Como dijo el Señor Jesús: “Quien esté libre de pecado, que arroje la primera piedra” (Juan 8:7b). Por eso, en lugar de juzgar, practiquemos la comprensión y la empatía recordando que todos estamos luchando nuestras propias batallas invisibles. La Biblia dice en Mateo 7:1-2, “No juzguen a los demás, y no serán juzgados. Pues serán tratados de la misma forma en que traten a los demás. El criterio que usen para juzgar a otros es el criterio con el que se les juzgará a ustedes” (NTV).

Unos Principios para la Vida

Hace algún tiempo encontré unas frases tituladas “Seis principios para la vida” que me impactaron por su profundidad y sencillez. Estas frases dicen: “Cuida tus pensamientos cuando estés solo. Controla tu lengua en compañía. Domina tu temperamento en la ira. Modera tu comportamiento en grupo. Gestiona tus emociones en problemas y controla tu ego en el éxito”. ¿Qué verdades prácticas encontramos aquí, verdad? 


En otras palabras, en la soledad, lidiamos con nuestros pensamientos, que pueden convertirse en nuestros aliados o en nuestros enemigos. Con nuestros amigos, debemos saber cuándo hablar y cuándo callar. En los momentos de ira, es crucial controlar nuestras emociones y reacciones, porque al estar en grupo, nuestras acciones están bajo el escrutinio constante. Además, en medio de los problemas, la razón debe guiar nuestras decisiones sobre las emociones que estemos experimentando. Finalmente, en el éxito, es importante mantener la humildad ante el Todopoderoso, reconociendo nuestras limitaciones y nuestra completa dependencia en Él. La Biblia dice en Proverbios 19:20-21, “Escucha el consejo y acepta la corrección, y llegarás a ser sabio” (NTV).

La Pregunta de la Envidia

“¿Por qué tú y no yo?” Esta es la típica pregunta que surge de un corazón envidioso. Como dice el dicho, “No se puede ser envidioso y ser feliz al mismo tiempo. Elige qué quieres ser”. La envidia se manifiesta de diversas maneras, como críticas, ofensas, rechazo, difamación, agresión, rivalidad y venganza. Sin embargo, creo que la envidia surge en personas que no pueden aceptar la felicidad de los demás porque, en el fondo, son infelices consigo mismas. Miguel de Unamuno dijo una vez: “La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual”. Estoy completamente de acuerdo con esta afirmación. La envidia revela un vacío espiritual.

Por lo general, las personas envidiosas no están contentas ni con lo que son ni con lo que hacen. Esto simplemente refleja una cosa: “la necesidad de Dios en sus corazones”. Él es el único capaz de transformar un corazón envidioso al otorgarle una nueva identidad y un nuevo propósito.
Si alguien te envidia, no les permitas ocupar espacio en tu mente ni en lo más profundo de tu corazón. Esto solo significa que para ellos tu vida es más relevante que la suya propia. La Biblia dice en 1 de Pedro 2:1-2, “Por lo tanto, abandonando toda maldad y todo engaño, hipocresía, envidias y toda calumnia, deseen con ansias la leche pura de la palabra, como niños recién nacidos. Así, por medio de ella, crecerán en su salvación” (NTV).