Flexibilidad

Hay gimnastas que son supremamente flexibles. Pasan horas y horas entrenando para que sus coyunturas, tejidos y músculos estén listos para el momento de sus competencias. Si ellos no desarrollan flexibilidad todos los días, no podrán tener un buen desempeño en sus competencias. De la misma manera, debemos aprender a ser mentalmente más flexibles y no tan rígidos. 

Para ser más flexibles hay algunos consejos: 1. Escucha con interés y curiosidad. Esto no te obliga a cambiar. 2. Recuerda que cambiar no es una debilidad. 3. Sé curioso y trata de aprender a cada momento. 4. Muchas veces cambiar es progresar. 5. Sé generoso y cede cuando sea lo correcto. 6. Cuida tu comunicación, ya que eres un modelo de conducta. Por último, el ser flexible es reconocer que no todo lo que se planea sale y que de las sorpresas que nos da la vida resultan grandes enseñanzas. 

¿Qué tan flexible eres? Si tienes problemas con esto, como muchas veces yo lo tengo, pidámosle a Dios que nos enseñe a ser más flexibles, pero siempre siguiendo Su voluntad. El apóstol Pablo dijo en 1 Corintios 9:22, “22 Cuando estoy con los que son débiles, me hago débil con ellos, porque deseo llevar a los débiles a Cristo. Sí, con todos trato de encontrar algo que tengamos en común, y hago todo lo posible para salvar a algunos” (NTV).

Lo que esperamos

La vida nos sumerge en un mar de expectativas desde una edad temprana: expectativas académicas, sociales, laborales e incluso espirituales. Denis Waitley ofreció una perspectiva interesante al decir: “Espera lo mejor, planea lo peor y prepárate para sorprenderte”, reconociendo la imprevisibilidad de la vida.

Sin embargo, surge la pregunta crucial: ¿Qué tipo de expectativas deberíamos cumplir? Aquí radica la esencia del asunto. Algunos se esfuerzan por satisfacer las expectativas de los demás a expensas de las suyas propias, mientras que otros, solo piensan en sí mismos y olvidan a los demás. ¿Cuál es la solución? La respuesta, aunque simple, es profundamente significativa: “debemos esforzarnos por cumplir las expectativas de Dios”.
Para lograr esto, es fundamental conocer Su Palabra y Sus principios para nuestras vidas ya que centrarnos exclusivamente en las expectativas humanas nunca nos llevará a la satisfacción genuina. Como señaló Alejandro Santafé, “a menudo esperamos que los demás se ajusten a nuestros deseos, lo que nos impide aceptarlos tal como son”. En última instancia, son nuestras propias expectativas las que nos decepcionan y no las personas en sí mismas. Dios, por otro lado, solo espera que le entreguemos nuestros corazones y que lo sigamos con sinceridad. ¿Estamos dispuestos a hacerlo? Al elegir seguir a Dios, encontramos una guía sólida y una fuente de expectativas que nos llevarán a una vida más plena y significativa. La Biblia dice en Miqueas 6:8, “Oh pueblo, el Señor te ha dicho lo que es bueno, y lo que él exige de ti: que hagas lo que es correcto, que ames la compasión y que camines humildemente con tu Dios” (NTV).

Tranquilidad o Inquietud

¡Es interesante saber que a las ovejas no les gusta acostarse! Su intranquilidad refleja un aspecto común de nuestras vidas. Sin embargo, cuando nos encontramos en un estado de inquietud constante, Dios nos ofrece descanso. Aunque el descanso no es la única solución, es una parte fundamental para nuestra salud integral. La inquietud prolongada puede llevar al agotamiento, generando fatiga física, emocional y espiritual.

Uno de los nombres hebreos de Dios es Jehová “Shalom”, que significa paz. Jehová Shalom se traduce como “Yo soy el Dios de la paz”. Jesús también nos habla de la paz en Juan 14:27, prometiendo un regalo de paz para nuestras mentes y corazones, una paz que el mundo no puede ofrecer. Esta paz no está condicionada por nuestras acciones o circunstancias; es un regalo que Dios nos ofrece libremente.
Cuando Dios nos ofrece un regalo de paz, lo hace con seriedad y generosidad. No es algo que debamos ganar, merecer o rogar. La paz no se basa en una vida exenta de problemas, sino que es una elección que podemos hacer, un regalo disponible para nosotros en cualquier momento. La Biblia dice en el Salmo 127:2, “De nada sirve que ustedes se levanten muy temprano, ni que se acuesten muy tarde, ni que trabajen muy duro para ganarse el pan; cuando Dios quiere a alguien, le da un sueño tranquilo”, (TLA)

La Culpabilidad

En la sala de espera de una cita, me encontré con esta reflexión: “El sentimiento de culpa nos impide ver las cosas con claridad”. Es una verdad que todos hemos experimentado en algún momento de nuestras vidas. Nadie es perfecto y todos hemos causado daño a otros en algún momento, ya sea con acciones egoístas o palabras hirientes, especialmente a aquellos a quienes más amamos. Como resultado, a menudo nos encontramos lidiando con un peso de culpa que nubla nuestra percepción.

Sin embargo, existe un camino para liberarnos de esta carga: “Confesar nuestros pecados y confiar en el perdón de Dios”. La palabra “confesión” en griego, “homologeo”, se desglosa en “homo”, que significa “el mismo”, y “logeo”, que significa “hablar”. Por lo tanto, confesar significa estar de acuerdo con Dios, reconocer nuestros errores y admitir nuestra necesidad de perdón. Jesús toma sobre sí mismo nuestras culpas, nos perdona y nos libera de su peso.
Si todavía nos sentimos atrapados en la culpa, es posible que no entendamos completamente la bondad de Dios. Cuando Jesús murió, cubrió todos nuestros pecados y los arrojó al fondo del océano, colocando un cartel que dice “No pescar”. Si hemos confesado nuestros pecados ante Dios, ¿por qué seguimos cargando con ellos cuando Él ya los ha perdonado y olvidado? Permitámonos liberarnos de la carga de la culpa y abrazar la gracia y el perdón que Dios nos ofrece. La Biblia dice en Isaías 53: 5-6, “Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades . . . Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el Señor hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros” (NTV).

Cuando se libera el alma

Jimi Hendrix una vez afirmó: “Con el poder del alma, cualquier cosa es posible”. El alma, esa dimensión íntima que alberga nuestros sentimientos, emociones y voluntad, es verdaderamente poderosa. Sin embargo, también puede convertirse en prisionera de resentimientos, amarguras y heridas profundas que impactan nuestra vida y acciones. La pregunta fundamental es entonces: ¿cómo podemos permitir que Dios restaure nuestra alma?
En primer lugar, es fundamental confiar en el buen pastor para el perdón de nuestros pecados. Aunque todos hemos fallado y nos hemos alejado de la gloria de Dios debido a nuestros errores, encontramos justificación a través de la gracia de Cristo Jesús. En segundo lugar, debemos liberarnos del peso del resentimiento y enfocarnos en el futuro. No podemos experimentar la restauración del alma si seguimos aferrados al rencor. La Palabra de Dios nos exhorta a abandonar toda amargura, ira, enojo, y toda forma de malicia (Efesios 4:31). Por último, es vital unirse a Jesús para que Él comparta nuestras cargas. Cuando nos unimos a Jesús, no tenemos que llevar nuestras cargas solos. Como lo dice claramente la Escritura: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso” (Mateo 11:28, NVI). Recuerda siempre que Dios está atento para restaurar a los corazones quebrantados. Acércate a Él con confianza, permitiéndole obrar en tu alma para traer sanidad y restauración. Él. La Biblia dice en Isaías 41:13, “Porque yo soy el Señor tu Dios, que sostiene tu diestra, que te dice: No temas, yo te ayudaré” (NTV).

Cuando se pasa por quebranto

El renombrado comediógrafo Tito Maccio Plauto expresó una idea profunda al decir: “Hay ocasiones en que es más ventajoso experimentar un quebranto que un lucro”. Esta afirmación resuena en la verdad de que el quebranto es una parte esencial de la vida. Cada cambio que atravesamos implica una pérdida, ya que dejamos atrás lo antiguo para dar paso a lo nuevo. En este proceso, el dolor del quebranto es inevitable, pero no es algo negativo en sí mismo. Es la manera en que transitamos las transiciones vitales de la vida.

El quebranto se convierte en un problema cuando no lo procesamos adecuadamente. Si evitamos el dolor, corremos el riesgo de quedarnos estancados emocionalmente, reaccionando perpetuamente a eventos pasados. Esta actitud no es saludable ni constructiva. Es importante reconocer que no todo lo que nos beneficia y fortalece nos hará sentir bien en el momento. A menudo, el dolor es la única respuesta lógica a las vicisitudes de la vida, incluyendo las pérdidas, las decepciones y el sufrimiento.
Es reconfortante saber que Dios no espera que estemos felices todo el tiempo. De hecho, nos invita a ser intencionales con nuestro dolor, ya que este es una elección consciente. Los momentos más significativos de la vida suelen estar precedidos por periodos de quebranto y dificultad. Por eso, es crucial recordar que no hay dolor que Jesús no comprenda. Él experimentó toda la gama de emociones humanas, incluyendo la soledad, la traición y el rechazo. La buena noticia es que vino a sanar nuestros corazones. Por lo tanto, cuando enfrentamos el quebranto, podemos acudir a Dios en busca de restauración y de consuelo. Él tiene el poder de sanar nuestras heridas y guiarnos hacia la plenitud. La Biblia dice en el Salmo 34:18, “El Señor está cerca de los que tienen quebrantado el corazón; Él rescata a los de espíritu destrozado” (NTV).

Fuera de Lugar

Una de las jugadas que más marcan los árbitros en el fútbol es “fuera de lugar”. Esta jugada se caracteriza al sancionar a un jugador que se adelanta al área del equipo contrario, antes de que se le otorgue el pase de otro jugador del mismo equipo. Esta es una simple ilustración de nuestra vida. Muchas veces nos adelantamos y el “árbitro” de nuestra vida nos marca que estamos fuera de lugar. 

Es bueno ser proactivos, esperar con expectativa y tener fe hacia el futuro. Sin embargo, en repetidas ocasiones nos adelantamos en el campo de juego lo cual suele ser contraproducente. Por ejemplo, una mala decisión, una acción o una palabra que resulta estar “fuera de lugar”. Entonces, debemos correr la vida con diligencia, calculando cada movimiento, involucrando a otras personas, aprendiendo de cada juego, pero esperando el tiempo indicado para recibir el pase, llegar al área del oponente y meter los goles correspondientes para lograr una victoria. 

“Dios es tu árbitro”. Él te llamará a cuentas cuando estés fuera de lugar y con una amorosa advertencia te animará para que no te adelantes más. ¿Esperarás en Él? La Biblia dice en Deuteronomio 5:33, “33 Manténganse en el camino que el Señor su Dios les ordenó que siguieran. Entonces tendrán una vida larga y les irá bien en la tierra donde están a punto de entrar y que van a poseer” (NTV).

Un Poco de Paciencia

Una vez escuché la frase que dice: “Alguien que es maestro de la paciencia es maestro de todo lo demás”. Creo firmemente que el que no tiene paciencia ante pequeñas dificultades, fracasa ante grandes problemas, porque la paciencia no es sólo la capacidad de esperar, sino cómo nos comportamos mientras esperamos. 

La esperanza va unida a la paciencia. Tanto la una como la otra sirven como remedios seguros y suaves que nos ayudan a descansar mientras dura la adversidad. La paciencia se construye, se alimenta y se practica a diario. No nos volveremos pacientes de la noche a la mañana. Aunque algunos piensan que la paciencia no es actuar para nada y esperar, al contrario, la paciencia es también una forma de actuar. La paciencia es en sí una acción más valorada que el activismo infructífero y desesperado que nos lleva a tomar malas decisiones. 


De modo que decidamos practicar la paciencia, aprender en la espera y actuar con sabiduría. Dios trabaja en nosotros al construir nuestra paciencia.  La Biblia dice en Proverbios 14:29,El que es paciente muestra gran discernimiento; el que es agresivo muestra mucha insensatez” (NTV) 

Sin Dirección

¿Cuántas veces has tratado de llegar a un lugar específico sin la dirección a la mano? Para algunos quienes poseen una memoria fotográfica esto es algo muy fácil, para otros a quienes el sentido de ubicación no es su fuerte, les es supremamente difícil llegar a un lugar sin la dirección exacta.

De la misma manera podemos vivir nuestras vidas. Podemos tratar de saber para dónde vamos, pero si no sabemos el destino final, podemos dar muchas vueltas, perdernos con facilidad y perder el propósito por el cual hemos emprendido la carrera. A eso le llamamos una vida con o sin propósito. Cuando sabemos nuestro propósito de vida no dejamos que las cosas nos distraigan, que los obstáculos nos desvíen y no queremos tomar atajos para llegar más rápidamente.

Al saber el propósito por el cual hemos sido diseñados, todo nuestro enfoque, nuestra perspectiva y nuestro esfuerzo están canalizados para llegar a su destino final. Para los creyentes es conocer de Jesús y de la vida eterna lo cual nos da un destino final y una plenitud de vida. Y tú, ¿sabes cuál es tu destino? Si no tienes propósito, dirección y rumbo en tu vida, Dios te lo puede dar. La Biblia dice en Efesios 2:10, “Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás” (NTV)

Dios es Tu Protector

Un día encontré esta poderosa cita: “Nadie derrumba a quien Dios levanta. Nadie derrota a quien Dios protege. Nadie maldice a quien Dios bendice”. Es un recordatorio reconfortante de que Dios es nuestra máxima protección.

Para ilustrar esto, reflexionemos sobre las ovejas y su pastor. Las ovejas, por naturaleza, son criaturas vulnerables, pero el pastor utiliza sus herramientas para cuidarlas y protegerlas. Con una vara, las defiende de peligros, mientras que con un cayado las guía y rescata cuando se pierden. De manera similar, nosotros somos como ovejas extraviadas, y Jesús vino a ser nuestro buen Pastor. Al igual que el pastor utiliza estas herramientas físicas para dirección y protección, Dios desea hacer lo mismo por nosotros.
Dios nos protege de diversas maneras. Primero, cuando llevamos nuestras heridas ante Él, Su compasión nos reconforta, sabiendo que somos vulnerables sin Su cuidado (Mateo 9:36). Segundo, al seguirlo, nos guía por el camino correcto como nuestro Pastor, liderándonos hacia la vida plena (Juan 10:4). Tercero, si nos perdemos o nos alejamos, Jesús, como el buen Pastor, nos busca incansablemente hasta encontrarnos, mostrando Su amor y dedicación (Mateo 18:12). Cuarto, cuando fallamos o caemos, Él nos rescata y nos ayuda a levantarnos, iniciando así nuestro camino hacia la recuperación (Mateo 12:11-12). Finalmente, al confiar en Él para nuestra salvación, podemos estar seguros de que Su promesa se cumplirá. La Biblia dice en Juan 10:11, »Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida en sacrificio por las ovejas” (NTV).