Al Vivir

La frase “La vida es muy simple, pero nos empeñamos en hacerla difícil” nos invita a reflexionar sobre cómo a veces complicamos lo que debería ser sencillo. Aunque la vida presenta niveles de complejidad, también hay momentos de simpleza que podemos aprovechar al máximo. En esos momentos, a menudo nos complicamos innecesariamente.

Es esencial reconocer que aprovechar cada instante de nuestra vida es un regalo invaluable. Dios está siempre dispuesto a ayudarnos, animarnos y levantarnos, incluso cuando cometemos errores. Nos enseña a través de nuestras experiencias, recordándonos que no debemos cargar con el peso de los errores ajenos durante nuestra breve existencia.

Para vivir una vida plena, es crucial entender que nuestra tendencia natural es buscar grandes logros y significado trascendental. Sin embargo, el verdadero sentido y propósito de la vida se encuentran en las pequeñas cosas cotidianas. Como dice el refrán, “La vida no se trata de poder hacer, se trata de querer hacer”.Reconocer nuestra limitación de poder sin la ayuda de Dios nos lleva a depender de Su fortaleza, sabiduría y paz. Podemos pedirle a Dios que nos dé el poder necesario para enfrentar cada circunstancia, la sabiduría para tomar decisiones acertadas, la fortaleza para superar las dificultades y la paz que calma nuestro ser. Con Su ayuda, podemos abordar la vida con confianza y gratitud, valorando cada momento y viviéndolo en su plenitud. La Biblia dice en Marcos 8:36, “¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida?” (NVI).

Al Sentir

La frase comúnmente escuchada, “Sentir es vivir, porque el día que dejes de sentir es porque estarás muerto”, resalta la importancia y el privilegio de experimentar emociones y sensaciones en nuestra existencia. Dios nos ha otorgado la capacidad de sentir a través de los diversos sentidos que poseemos, los cuales son una manifestación de Su diseño perfecto para la humanidad.

Cada sentido, desde el olfato y el tacto hasta el oído y el gusto, nos conecta con el mundo que nos rodea de maneras únicas y profundas. Estos sentidos no solo nos permiten percibir el entorno físico, sino también experimentar emociones, disfrutar de la belleza de la creación y relacionarnos con los demás. Son herramientas preciosas que enriquecen nuestra vida y nos recuerdan continuamente que estamos vivos.

Es fundamental apreciar y utilizar conscientemente cada uno de nuestros sentidos. A través de ellos, podemos experimentar la plenitud de la vida y reconocer la bondad de nuestro Creador. Nos revelan la complejidad y la maravilla de nuestra existencia, recordándonos que somos creaciones únicas diseñadas a imagen y semejanza de Dios.Por lo tanto, vivamos plenamente conscientes de la bendición de poder sentir, aprovechando cada sentido para glorificar a Dios y valorar la vida que nos ha sido dada. Que cada experiencia sensorial nos inspire a vivir de manera libre y agradecida, aceptando y celebrando el diseño perfecto del Creador en nosotros. La Biblia dice en el Salmo 119:13-14, “Tú creaste las delicadas partes internas de mi cuerpo y me entretejiste en el vientre de mi madre. ¡Gracias por hacerme tan maravillosamente complejo! Tu fino trabajo es maravilloso, lo sé muy bien” (NTV).

Al Pensar

El renombrado filósofo Confucio nos dejó una sabia reflexión: “Aprender sin pensar es inútil. Pensar sin aprender es peligroso”. Esta frase resalta la importancia fundamental del pensamiento en nuestra vida. Sin reflexionar primero, nuestro aprendizaje carece de dirección y profundidad. Del mismo modo, pensar antes de actuar es crucial; nuestros pensamientos moldean nuestras acciones y definen cómo vivimos.

Los pensamientos son tesoros que deben ser valorados y cultivados diligentemente. ¿Qué albergas en tu mente? ¿Cómo puedes enriquecer tus pensamientos para un crecimiento personal significativo? Dios anhela que llenemos nuestra mente con pensamientos que nos edifiquen y fortalezcan. Sin embargo, es natural que a menudo permitamos que pensamientos dañinos o negativos nos afecten. Aquí yace una gran lección: como escogemos cuidadosamente nuestra ropa cada día, así debemos elegir nuestros pensamientos.

Dios nos ha dado el don de discernir y seleccionar qué pensamientos acoger. Por lo tanto, es crucial “escoger nuestros pensamientos” sabiamente, ya que estos determinan cómo vivimos nuestra vida diaria.Entonces, ¿en qué debemos concentrar nuestros pensamientos? Deberíamos dirigirnos hacia pensamientos de verdad y sabiduría, amor y compasión, integridad y honestidad, gratitud y contentamiento, propósito y sentido, y sobre todo, fe y confianza en Dios. Cultivando estos tipos de pensamientos, podemos transformar nuestra vida e impactar positivamente a quienes nos rodean. La Biblia dice en Filipenses 4:8, Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (RV1960).

Molestando

Lo que más nos molesta en la vida varía según la persona y las circunstancias que enfrentamos. Puede ser la falta de recursos adecuados, problemas relacionales, la situación actual, el trabajo, el jefe, la familia, el pasado, entre otros aspectos. Es natural que todos experimentemos molestias en diferentes áreas de nuestras vidas en algún momento.

Las molestias, en su mayoría, tienen su origen en lo más profundo de nuestro ser. A menudo, reaccionamos de manera desproporcionada a situaciones simples debido a molestias no resueltas en nuestro corazón. Es crucial examinar regularmente nuestro interior para abordar estas raíces y evitar que se acumulen.

El mundo está lleno de factores que pueden causarnos molestias y cambiar nuestro estado de ánimo. Sin embargo, la forma en que respondemos a estas circunstancias es crucial. En lugar de permitir que las molestias nos dominen, podemos acudir a Dios para que nos ayude a manejarlas. Él es capaz de llevar nuestras cargas y transformar nuestras perspectivas.En resumen, es importante reconocer nuestras molestias, entender su origen y buscar soluciones saludables, confiando en la guía y la ayuda que Dios puede ofrecer para aliviar nuestras preocupaciones y mejorar nuestra actitud hacia la vida. La Biblia dice en el Salmo 34:19, “Muchas son las angustias del justo, pero el Señor lo librará de todas ellas” (NVI).

Discerniendo

John Verdon dijo lo siguiente: “No creemos lo que pensamos porque vemos lo que vemos, sino que vemos lo que vemos porque pensamos lo que pensamos”. Esto nos habla de un término en especial llamado “discernimiento”. El discernimiento es la habilidad de obtener una percepción adecuada de las cosas para poder elegir y juzgar bien. El discernimiento está conectado con la moralidad y un buen sentido del uso común.  

Una persona que discierne bien elige correctamente tomando buenas decisiones, no se apresura en hacer cambios drásticos, es cauteloso(a) con sus palabras, no emite un concepto rápido en referencia a otras personas tratando de analizar cuidadosamente los movimientos que hace en su vida, entendiendo que estos pueden afectar a los demás. 
En otras palabras, los que poseen discernimiento saben cuánta diferencia puede mediar entre dos palabras parecidas, según los lugares y las circunstancias que las acompañen. De modo que, todos necesitamos discernimiento, por lo tanto, debemos pedírselo a Dios. La Biblia dice en Salmo 119:66, Enséñame buen juicio y conocimiento, pues creo en tus mandamientos” (BLA).

Sanando

“Sanar”. Este verbo es crucial, anhelado y trabajado en nuestras vidas. ¿Cuántas enfermedades raras se han descubierto recientemente? ¿Cuántas enfermedades terminales afligen a tantas personas, llevándolas hacia la muerte? ¿Y cuántas enfermedades mentales aún permanecen sin descubrir completamente? Muchos darían cualquier cosa por ser sanados de su aflicción y dolor. Cuántos pagarían lo que fuera por vivir un poco más cuando están enfrentando la muerte.

Pero ¿qué hay de aquellos que están enfermos y no lo saben? ¿Y de aquellos que afirman estar sanos, pero cuyas acciones revelan lo contrario? Estos casos son numerosos. Puedes estar enfermo físicamente y aún no tener conocimiento de ello. ¿Cómo puedes descubrirlo? Físicamente, podrías someterte a exámenes de rutina para evaluar tu estado de salud. Quizás descubras que no estás tan bien como pensabas. Emocionalmente, es crucial examinar tu corazón y ver si albergas amargura, dolor, resentimiento u odio. Espiritualmente, debes pedir a Dios que sane tus heridas y te brinde una nueva perspectiva.Entonces, ¿deseas ser sanado(a)? Dios desea sanar tu condición espiritual y emocional. A menudo, cuando es Su voluntad, también restaura la salud física. Puedes acercarte a Él y decir: “Señor, si así lo deseas, sáname.” La Biblia dice en Mateo 8:2-3, “De repente, un leproso se le acercó y se arrodilló delante de él. Señor —dijo el hombre—, si tú quieres, puedes sanarme y dejarme limpio. Jesús extendió la mano y lo tocó. Sí quiero—dijo—.¡Queda sano! Al instante, la lepra desapareció” (NIV).    

Destruyendo Abruptamente

Mi hijo adoraba construir figuras con sus LEGOS. Cuando era más pequeño, solía frustrarse si no lograba armarlas a la primera. Su respuesta era a menudo destruir lo que había hecho por la frustración. Después de cada rabieta, le explicaba que destruirlo no era la solución. Le animaba a tomar pausas, retomar la tarea otro día o persistir hasta completar la figura.

Esto me hizo reflexionar sobre cuántas veces nosotros también reaccionamos de manera similar. Nos frustramos y a veces abandonamos nuestras metas impulsivamente. No hacemos berrinches como un niño pequeño, pero nuestra actitud puede ser la misma. Es importante recordar que la Palabra de Dios nos advierte sobre un adversario que busca matar, robar y destruir. Actuar impulsivamente solo refleja un comportamiento destructivo que no nos ayuda a crecer espiritualmente.Reflexionemos sobre nuestro corazón. ¿Tenemos la tendencia a construir o a destruir? ¿Somos persistentes o nos rendimos fácilmente? Optemos siempre por construir, sin importar los desafíos que enfrentemos. La Biblia dice en Deuteronomio 31:8, “No temas ni te desalientes, porque el propio Señor irá delante de ti. Él estará contigo; no te fallará ni te abandonará” (NTV).

Explorando

¿Has participado alguna vez en algún tipo de exploración? Se le llama “sentido de exploración” a aquel impulso que lleva a las personas a involucrarse en diversas formas de exploración. Algunos se dedican a la arqueología, otros exploran aspectos culturales y muchos también participan en misiones. Los exploradores comparten ciertas características distintivas: son arriesgados, inquisitivos, observadores, aventureros, analíticos y, a menudo, extremadamente valientes.

En la Biblia encontramos relatos de personas que actuaron como exploradores. Una historia notable narra cómo Moisés envió a doce exploradores para que informaran sobre la tierra prometida que el pueblo de Israel debía conquistar. Diez de ellos regresaron con un informe completamente negativo, centrado en los desafíos formidables que enfrentarían: pueblos fuertes, gigantes y obstáculos aparentemente insuperables. Solo dos, Josué y Caleb, ofrecieron un informe diferente: uno lleno de fe, posibilidad y confianza en la victoria.Cuando te enfrentas a la exploración de algo nuevo, ¿qué tipo de informe tiendes a presentar? ¿Es positivo y lleno de fe, o negativo y desesperanzador? Dios desea que confiemos en Él en todo momento y que nuestras exploraciones reflejen esa confianza y esperanza en Su guía y poder. La Biblia dice en Números 13:30-31, 30 Pero Caleb trató de calmar al pueblo que se encontraba ante Moisés. ¡Vamos enseguida a tomar la tierra! —dijo—. ¡De seguro podemos conquistarla! 31 Pero los demás hombres que exploraron la tierra con él, no estuvieron de acuerdo: ¡No podemos ir contra ellos! ¡Son más fuertes que nosotros!”, (NTV).

No Discutas Más

“Ya no discutas más.” Estas son palabras que he escuchado a lo largo de mi vida en momentos de altercados y diferencias que suelen ser algo desagradables. Las discusiones tienen el poder de desafiar nuestra naturaleza, tanto de manera positiva como negativa. Por lo general, son una prueba de nuestro carácter. La clave está en la paciencia que ejercemos al enfrentarlas. Herbert Spencer nos recordó: “Conserva la calma en las discusiones, porque el apasionamiento puede convertir el error en falta y la verdad en descortesía.”

Las discusiones nos ponen a prueba en el control de nuestras emociones. Habitualmente, surgen por la falta de dominio emocional. Entonces, ¿cómo deberíamos actuar durante una discusión? Debemos pensar antes de actuar. No debemos reaccionar con ira ni actuar por impulso. Es crucial no dar rienda suelta a nuestras emociones ni a nuestras palabras. A veces, el silencio es la mejor respuesta. Debemos calmarnos antes de tomar cualquier acción y orar a Dios para encontrar la mejor forma de responder. Si la situación amenaza con salirse de control, es prudente alejarnos de la persona o del lugar.En conclusión: “No demos rienda suelta ni a nuestras emociones ni a nuestras palabras.” Así, evitaremos muchas de las discusiones que enfrentamos en la vida. La Biblia dice en Proverbios 15:1, La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego” (NVI)

No Quiero Batallar

“Ya no quiero Batallar”. Esta es una frase común que expresa el deseo de evitar lidiar con ciertos desafíos o personas. Para muchos, el “no batallar” sería el ideal. No obstante, las batallas son una parte esencial y natural de la vida. Vivir sin enfrentarse a pruebas y batallas sería una vida incompleta, al menos en nuestra esfera humana y finita. Entonces, ¿qué actitud debemos tomar ante las batallas?

Primero, no debemos esquivar ni evitar las batallas. Estas experiencias nos enseñan, nos fortalecen y nos permiten experimentar la verdadera sensación de victoria, algo que solo se logra al enfrentarlas. Segundo, debemos prepararnos con antelación en la medida de lo posible, antes de que estas lleguen. Tercero, es fundamental enfrentarlas con una actitud de fe y como miembros de una comunidad espiritual. Las batallas no se deben enfrentar en soledad. Cuarto, debemos buscar consejo y dirección tanto de Dios como de aquellos que han pasado por situaciones similares y han salido victoriosos.Finalmente, debemos confiar en la poderosa intervención de Dios. Él es quien nos da fortaleza, nos guía, pelea nuestras batallas y nos concede la victoria cuando es Su voluntad. Así que, permite que Él sea quien pelee tus batallas. La Biblia dice en Deuteronomio 3:22, “No les tengas miedo, que el Señor tu Dios pelea por ti” (NVI).