Las Apariencias

En nuestra sociedad moderna, muchas veces vivimos atrapados en un mundo de apariencias. Existe un viejo refrán que dice: “Las apariencias engañan”. Aparentar es mostrar a los demás una fachada que no corresponde con nuestra verdadera esencia. Es vivir en una mentira, presentándola como si fuera una realidad. Es colocar una máscara frente al mundo y ocultar lo que realmente hay en nuestro corazón. Con frecuencia, nos preocupamos más por parecer felices ante los ojos de los demás que por buscar una verdadera felicidad. Este estilo de vida nos convierte en prisioneros de una falsedad que adoptamos como si fuera nuestra verdad.

Un proverbio afirma: “Mientras se juzgue al enemigo solo por su apariencia, su victoria está asegurada”. Esto nos enseña que vivir bajo apariencias no lleva a la victoria, sino a la derrota. Algunas personas moldean su manera de hablar, vestir, actuar e incluso de caminar, para proyectar una imagen que no es la suya. Pero ¿qué ocurre realmente en sus vidas? La realidad es que han elegido ser esclavos del “qué dirán”, esclavos de una o más mentiras. Vivir en una falsedad nos convierte en esclavos de esa mentira.Por lo tanto, deja de aparentar lo que no eres. No intentes ser o hacer algo que no se alinea con tu verdadera naturaleza. Sé auténtico y busca la verdadera felicidad que proviene de adoptar tu identidad en Cristo. Las promesas de Su Palabra y las bendiciones que Él ha preparado para ti están basadas en la verdad, no en la apariencia. La autenticidad en Cristo es lo que te libera de las cadenas de la falsedad y te permite vivir una vida plena y verdadera. La Biblia dice en Juan 7:24, “No juzguen por las apariencias; juzguen con justicia”, (NVI).

Reconciliar

“¿Reconciliarme con esa persona? Ni loca(o) lo haría”. Esta es una respuesta que he escuchado frecuentemente cuando hablo sobre la importancia de la reconciliación. La verdad es que puede ser increíblemente difícil reconciliarnos con alguien que nos ha herido profundamente, que ha mentido, traicionado o abusado de nuestra confianza. La reconciliación puede parecer una meta inalcanzable.En cierto sentido, la relación entre Dios y la humanidad también parecía irreconciliable. A lo largo de la historia, los seres humanos han intentado acercarse a Dios, pero estos esfuerzos muchas veces resultaban fallidos. Desde el principio, el pecado afectó nuestra relación con Dios. La desobediencia y la rebelión del hombre nos alejaron cada vez más de Él. No obstante, Dios tenía un plan maravilloso para reconciliar al mundo consigo mismo a través de Su Hijo, Jesucristo. Dios Padre envió a Su único Hijo para proveer el camino hacia la reconciliación con Él. Así, lo que parecía irreconciliable, de repente tenía una nueva oportunidad de ser restaurado. Dios ha abierto la puerta para que podamos reconciliarnos con Él. ¿Ya has dado ese paso? Además, nos ha encomendado la tarea de ser agentes de reconciliación. ¿Estás dispuesto a ser un reconciliador? La Biblia dice en 2 de Corintios 5:18, “Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación” (LBLA).

Reedificar

Hace algún tiempo, junto a mi familia, visitamos el monumento erigido para honrar a las muchas vidas perdidas en la tragedia del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. Al recorrer el lugar y observar las imágenes de aquel doloroso episodio en la historia estadounidense, no pude evitar reflexionar sobre cómo, a pesar de los años transcurridos y de la edificación de un monumento y la construcción de otro en proceso, el sitio de la tragedia ha sido transformado en un espacio de tránsito y visita cotidiana. Este hecho nos invita a meditar sobre el concepto de “reedificación”.A lo largo de la historia, hemos sido testigos de cómo naciones, civilizaciones y regiones enteras han logrado sobreponerse a guerras, desastres naturales y calamidades provocadas por el ser humano. Dios ha dotado al ser humano de la capacidad para crear, reorganizar, diversificar, reasignar y reconstruir. Tras cada tragedia, se abre una nueva oportunidad para volver a construir y renacer. ¿Qué es lo que necesitas reedificar en tu vida? En el Antiguo Testamento, los patriarcas reedificaban altares para adorar a Dios. Nehemías, por su parte, lideró la reedificación del muro de Jerusalén. Josué, tras caminar sobre las ruinas de la conquista, también participó en la reconstrucción. Y tú, ¿qué necesitas reedificar hoy en tu vida? La Biblia dice en Isaías 61:4, “Entonces reedificarán las ruinas antiguas, levantarán los lugares devastados de antaño, y restaurarán las ciudades arruinadas, los lugares devastados de muchas generaciones” (LBLA).