Él lo Sabe todo

“Dios lo sabe todo”. Como dice la frase: “Dios sabe cuando lo necesitas, Dios escucha cuando pides, Dios ve cuando sufres y Dios actúa cuando crees”. Uno de los atributos de Dios es Su omnisciencia, es decir, “Él lo sabe todo”. No hay nada que Dios no sepa ni que esté fuera de Su alcance. Él posee todo el conocimiento, y Su sabiduría y entendimiento son infinitos.

Dios conoce nuestros pensamientos y sabe cómo actuaremos. Entiende incluso las intenciones más profundas de nuestro corazón. El salmista afirma que, antes de que nuestras palabras salgan de nuestra boca, Dios ya las conoce. Él conoce nuestro pasado, presente y futuro. Su conocimiento trasciende el tiempo y el razonamiento humano, y Su sabiduría es inigualable. Su amor por cada uno de Sus hijos es incondicional.

Entonces, si Dios tiene todo el conocimiento, ¿por qué no confiar en Él? ¿Por qué no buscar Su dirección? ¿Por qué no descansar en Sus promesas? Si Dios conoce todo sobre nosotros, debemos sentirnos seguros en Él. 

Puedes caminar con confianza, sabiendo que Dios conoce cada detalle de tu vida, desea guiarte para cumplir Sus propósitos y ayudarte a ser la mejor versión de ti mismo. La Biblia dice en Deuteronomio 7:9,“Reconoce, por lo tanto, que el Señor tu Dios es verdaderamente Dios. Él es Dios fiel, quien cumple su pacto por mil generaciones y derrama su amor inagotable sobre quienes lo aman y obedecen sus mandatos” (NTV).

Desánimo Y Decepción

Es común encontrar personas desanimadas y decepcionadas con la vida. Pero hay una gran diferencia entre la decepción y el desánimo. Las decepciones son pasajeras, mientras que el desánimo es una decisión que tomamos. Muchas veces, nos desanimamos por las derrotas que experimentamos, pero como dijo Robert South: “La derrota no debería ser una fuente de desánimo, sino más bien un fresco estímulo”.

El desánimo, en su definición más simple, es la “falta de ánimo”, es decir, la ausencia de valor y coraje. Por eso, al enfrentarlo, debemos hacernos algunas preguntas clave: ¿Qué me está robando el ánimo? ¿Qué me está quitando el valor y la motivación para seguir adelante? ¿Cuáles son las causas de mi desánimo? Al responder, te darás cuenta de que la mayoría de las veces, estas respuestas están relacionadas con dos factores principales: las personas y las circunstancias. Si dependes de ellos como tu fuente de ánimo, estarás en un ciclo constante de desánimo.

No obstante, existe una solución: la “dependencia en Dios”. Él es quien te puede animar, sustentar y levantar. Permite que sea tu fuente de ánimo en todo momento.La Biblia dice en 1 Pedro 5:7, “Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes” (NTV).

Enfocándonos

El enfoque es crucial para avanzar en la vida y alcanzar nuestras metas. Como dice un refrán popular: “Enfócate en lo que quieres y verás llegar las oportunidades”. Otro dice: “El enfoque determina tu realidad”. En otras palabras, nuestra capacidad para mantenernos centrados es lo que nos permite completar los objetivos que nos proponemos. En una sociedad llena de distracciones, perder el enfoque se ha vuelto uno de los mayores desafíos. Tanto niños como adultos son frecuentemente diagnosticados con déficit de atención, lo que refleja esta lucha constante por mantenernos concentrados.

El enfoque es necesario en todas las áreas de la vida. Los atletas lo requieren para competir, los soldados lo necesitan en el campo de batalla, los médicos lo usan para salvar vidas, los educadores lo enseñan, y los estudiantes lo deben practicar. Cada trabajador debe demostrarlo en su labor diaria, y como hijos de Dios, debemos vivirlo de manera constante. No importa las distracciones o dificultades que enfrentemos, nuestro enfoque debe estar firmemente en Jesús.
Enfocarte en Jesús te permitirá no solo completar tus proyectos, sino también alcanzar el final de la carrera que tienes por delante, confiando en que Él te ayudará en cada paso del camino. La Biblia dice en Hebreos 12:2a, Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe.” (NTV).

Cambio de planes

Todos hemos escuchado la famosa frase que dice: “cambio de planes”. Es una realidad de la vida: no todo sale como lo habíamos planeado. A veces, aprender que los planes cambian es doloroso, pero es necesario. Cuando un plan se frustra, es porque hay otros en camino, que aunque no sean los que habíamos imaginado, terminan siendo los mejores. Como bien dicen: “Que las cosas no salgan como esperábamos, puede ser lo mejor que nos ocurra”. Debemos reconocer que nuestros propios planes no siempre son los ideales, ya que muchas veces están motivados por el egoísmo, el altruismo desmedido, o por una visión limitada.

Por otro lado, los planes de Dios para nosotros son perfectos. Existe un dicho que dice: “¿Quieres hacer reír a Dios? Cuéntale tus planes”. Aunque el proceso pueda ser difícil o doloroso, debemos recordar que cuando Dios parece estar en silencio, en realidad está trabajando a tu favor. Dios a menudo destruye nuestros planes antes de que esos mismos planes puedan destruirnos. Y lo más importante es recordar: “Nadie puede detener los planes de Dios para tu vida”.La Biblia dice en Isaías 14:27, “ 27 El Señor de los Ejércitos Celestiales ha hablado; ¿quién podrá cambiar sus planes? Cuando levante su mano, ¿quién lo podrá detener?»” (NTV).  

La Impaciencia

Hace algún tiempo, un gran amigo me compartió una frase que resonó profundamente en mí mientras enfrentábamos una larga espera: “La paciencia es la fortaleza del débil, y la impaciencia, la debilidad del fuerte”. Si alguna vez te has considerado fuerte, puede que la impaciencia sea una de tus mayores debilidades. A menudo, las personas creen que la paciencia se trata simplemente de esperar, pero en realidad, tiene más que ver con la forma en que nos comportamos durante ese tiempo de espera. 

Observa a las personas impacientes: desde el niño que no puede esperar hasta el final de la fiesta para abrir su regalo, hasta el adulto que se desespera en una larga fila de coches para cruzar un puente o llegar a su destino. Todos, en algún momento, hemos dejado que la impaciencia nos consuma.
La paciencia es, sin duda, una virtud; mientras que la impaciencia revela nuestras debilidades. Como dice el dicho: “La paciencia no es la capacidad de esperar, sino la habilidad de mantener una buena actitud mientras esperamos”. La impaciencia, por otro lado, nos aleja de Dios. Empezamos a pensar que Dios no nos escucha, que no está presente, o que no actúa según nuestros tiempos y deseos. Creemos que debería obrar a nuestro ritmo y bajo nuestras condiciones. Por eso, es esencial cultivar la paciencia y dejar a un lado la impaciencia. La Biblia dice en Colosenses 1:11, 11 También pedimos que se fortalezcan con todo el glorioso poder de Dios para que tengan toda la constancia y la paciencia que necesitan. Mi deseo es que estén llenos de alegría” (NTV).

Angustiados

Vivimos en un mundo lleno de personas angustiadas. Algunos se angustian por razones que parecen pequeñas, mientras que otros lo hacen por motivos verdaderamente significativos. La angustia es un sentimiento agobiante, desalentador y frustrante. Como dijo el filósofo Martín Heidegger: “La angustia es la disposición fundamental que nos coloca ante la nada”. Es decir, la angustia nos deja emocionalmente sin bases sólidas para sostenernos. A menudo, es irracional, porque tiende a nublar nuestro juicio al punto de hacernos pensar en cosas que normalmente no consideraríamos si no estuviéramos angustiados. 

Todos queremos, en algún momento, vivir sin esa sensación. Entonces, ¿cómo podemos evitar que la angustia nos controle? Primero, debemos tomar control de nuestros pensamientos, ya que ellos alimentan nuestras emociones. También es importante evaluar el origen de nuestra angustia: si no hay una base real, es probable que sea innecesaria. Además, debemos eliminar los factores que nos causan angustia, especialmente aquellos fuera de nuestro control, como las acciones o palabras de otros, que a menudo son grandes fuentes de preocupación. Finalmente, la solución más efectiva es confiar en Dios. Él está en control y conoce cada una de nuestras circunstancias.Dios puede calmar todas tus angustias. ¿Le permitirás que Él las lleve? La Biblia dice en Isaías 41:10, 10 Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa” (NVI)

Siguiendo

Una vez escuché una frase que me hizo reflexionar: “A veces hay que seguir como si nada, como si nadie y como si nunca”. Esta frase nos habla del principio de la persistencia, que requiere esfuerzo, sacrificio y entrega. Como dicen: “Para llegar donde nunca has llegado, tendrás que esforzarte como nunca antes lo has hecho”. Pero muchos se preguntan: “¿A quién debemos seguir o cuál camino tomar?”

La Palabra de Dios es clara al decirnos que Jesús es nuestro ejemplo y camino a seguir. Él persistió en Su propósito hasta el final, no se rindió y nos dejó un legado de amor. Jesús convocó a seguidores, rescató a los oprimidos, sanó a los enfermos y se sacrificó por amor a la humanidad. ¿Qué mejor modelo a seguir?Jesús desea conocerte y que le sigas. Él quiere una relación contigo, enseñarte el camino correcto y promete caminar a tu lado hasta el final. ¿Estás dispuesto a seguirle? La Biblia dice en Deuteronomio 13:4, Solamente al Señor tu Dios debes seguir y rendir culto. Cumple sus mandamientos y obedécelo; sírvele y permanece fiel a él” (NVI).

El Costo

Nada en la vida que tenga verdadero valor viene sin un costo. En otras palabras, sin costo no hay valor, y sin valor, no habría necesidad de pagar un precio. El costo de cualquier cosa es la cantidad de vida que estamos dispuestos a invertir para obtenerla, ya sea a corto o largo plazo. Por ejemplo, alguien escribió lo siguiente acerca del costo del éxito: “Para ser exitoso, hay que trabajar hasta tarde, levantarse temprano, tener pocos amigos, sentirse incomprendido, sentirse agotado, ser cuestionado, animarse cuando nadie más lo hace y, aun así, creer que vale la pena intentarlo”. En resumen, aquello que tiene un alto costo también tiene un profundo significado. Pero la pregunta es, ¿vale la pena?

La respuesta no es sencilla, pero aquí hay algunas pautas: evalúa si el costo es realmente necesario, nunca sacrifiques tus relaciones más cercanas, especialmente con tu familia. Considera los riesgos, examina el momento y el contexto, estudia las inversiones y los posibles beneficios, busca el consejo de personas sabias antes de tomar decisiones, y sobre todo, pídele a Dios sabiduría para hacer siempre Su voluntad.

Dios, como Padre, entiende lo que significa pagar un precio alto. Le costó la vida de Su Hijo, Cristo, en la cruz por amor a nosotros. Él no impuso condiciones, ni esperó nada a cambio. Simplemente, lo entregó todo por amor. Este sacrificio nos muestra que, a veces, el costo más alto se paga por lo que es realmente invaluable. La Biblia dice en 1 de Corintios 6:20,“ 20 porque Dios los compró a un alto precio. Por lo tanto, honren a Dios con su cuerpo” (NTV).

Los Árboles

Me encanta esa frase que dice: “Haz como los árboles: cambian sus hojas y conservan sus raíces. Así que, cambia tus ideas, pero conserva tus principios”. Esta frase nos invita a reflexionar sobre cuáles son nuestras raíces, aquello que nos distingue y define. Al mismo tiempo, nos desafía a identificar esas “hojas” que pueden necesitar un cambio sin alterar nuestras raíces.

La naturaleza y en particular los árboles, nos enseñan una lección valiosa sobre la importancia de adaptarnos sin perder nuestra esencia. En un mundo en constante cambio, algunas personas temen modificar aspectos de sus vidas por miedo a perder sus principios. Sin embargo, como los árboles que renuevan sus hojas en cada temporada, podemos cambiar lo superficial sin alterar lo fundamental.
Como dice un proverbio chino: “los árboles se preparan en invierno para florecer en primavera, dar sombra y frutos en verano, y despojarse de lo innecesario en otoño”. De igual manera en nuestras vidas puede ser necesario reflexionar, dar apoyo a otros, producir frutos o liberarnos de lo que nos pesa. Quizás es momento de preguntarte: ¿en qué estación de tu vida te encuentras? Puede ser tiempo de meditar, de ofrecer sombra a otros, de dar frutos o de dejar ir lo que ya no te sirve. Lo importante es recordar que, aunque tus hojas cambien, tus raíces pueden permanecer firmes y fuertes. La Biblia dice en el Salmo 1:3, “Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará” (RV1960).

Los Pies en la Tierra

Una frase común dice: “Mantén los ojos en las estrellas y los pies en la tierra”. Esta expresión, “pies en la tierra”, se usa con frecuencia para recordarnos la importancia de ser realistas, incluso cuando mantenemos un gran optimismo y fe. Tener los pies sobre la tierra implica evaluar con claridad nuestras situaciones, sopesar las posibilidades y no permitir que el orgullo nos ciegue o nos haga creer en ilusiones.

Tener los pies en la tierra también conlleva un profundo sentido de responsabilidad. Recientemente, escuché en una conferencia para padres la afirmación: “Si quieres que tus hijos tengan los pies sobre la tierra, ponles alguna responsabilidad sobre los hombros”. No podemos esperar que las personas sean responsables si no aprenden desde pequeños a desarrollar ese sentido, porque como dice otra frase: “No se trata de tener el mundo a tus pies, sino de dejar una huella en todo el mundo”. Tómate un momento para reflexionar sobre dónde estás pisando y qué huella estás dejando. ¿Qué pasos estás tomando en las decisiones que haces? Y, de igual manera, ¿cómo estás siendo una bendición para otros?

La Biblia dice en Romanos 10:15, “15 ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: !!Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (RV1960).