A Pesar De Todo

Últimamente he reflexionado mucho sobre la expresión “A pesar de”. He notado cómo, a pesar de nuestras debilidades, incoherencias, afanes, ansiedades, errores y malas decisiones, Dios sigue obrando. A pesar de nuestra terquedad, indecisión, incredulidad, temor, inseguridad y complejidad, seguimos avanzando. De hecho, “a pesar de todo lo que Dios sabe sobre nuestro pasado, presente y futuro, Él nos ama y nos llama a seguirle, sin importar lo que suceda”.

A pesar de todo, Dios me ama. ¡Qué verdad tan poderosa! No importa lo que haya hecho, lo que esté haciendo o lo que haga en el futuro, Dios seguirá amándome. Su amor no depende de mis acciones o decisiones, sino de lo que Él ya hizo por mí. A pesar de mis muchas fallas, desobediencia y pecado, Dios me sigue amando. ¿No te llena de alegría conocer esta verdad tan liberadora? Y, ¿cómo respondemos a ese amor tan incondicional?
Este tipo de amor debería acercarnos más a Él, hacernos más dependientes de Él y más obedientes a Su Palabra, para experimentar Sus bendiciones. Recuerda siempre que, “a pesar de todo”, Él te ama. La Biblia dice en Deuteronomio 7:9, Reconoce, por lo tanto, que el Señor tu Dios es verdaderamente Dios. Él es Dios fiel, quien cumple su pacto por mil generaciones y derrama su amor inagotable sobre quienes lo aman y obedecen sus mandatos” (NTV).

No Hay Nada Oculto

“Con el tiempo todo se revela: las mentiras más escondidas, las razones más verdaderas y las personas más falsas”. No importa cuánto te esfuerces por ocultar algo, como dice el viejo proverbio: “La verdad siempre sale a la luz”. Este es un principio inmutable. A veces, lo mejor es permanecer en silencio, ya que el tiempo se encargará de hablar y gritar las verdades en el momento menos esperado, pero siempre preciso. Vivir en la verdad es crucial, porque al omitirla nos convertimos en esclavos de la mentira.

La mentira tiene un límite, mientras que la verdad siempre llega. La verdad es como la luna: puede estar oculta un tiempo, pero siempre acaba mostrándose. Por eso, vive y practica la verdad constantemente, ya que, tarde o temprano, quienes mienten son descubiertos y pierden el respeto y el honor de los demás. ¿Qué hacer si has ocultado algo? Confiesa, por más difícil que sea. 

Habla siempre con la verdad, aunque no sea bien recibida. Espera antes de actuar. Sé genuino y auténtico en tu integridad, recordando que la vida lo cobra y lo paga todo. No sigas viviendo bajo la sombra de la mentira, ya que solo te hundirá más en la ilusión. En cambio, la luz de la verdad siempre te llevará hacia una vida plena. La Biblia dice en Juan 8:32, “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (RV1960).

Cuando no hace sentido

Hay cosas que no tienen sentido. Por ejemplo, noticias inesperadas, situaciones imprevistas, relaciones quebrantadas, oportunidades perdidas, entre otras. Nuestra mente intenta racionalizar, procesar y darle sentido a todo. Sin embargo, hay cosas que solo ocurren bajo el designio de Dios. Incluso el científico Albert Einstein afirmó: “Cada día sabemos más, pero entendemos menos”. En resumen, no todo tiene una explicación lógica o coherente.

¿Qué decir de los milagros, las sorpresas, las pruebas, las luchas, las victorias, las derrotas, los premios inmerecidos, las maravillas inesperadas, los sueños cumplidos y las situaciones incoherentes, pero al mismo tiempo, coherentes? Al final, no todo tiene una explicación, pero sí un propósito. Lo que para nosotros parece carecer de sentido, para Dios lo tiene. Él conoce los tiempos, las personas, los eventos y cada proceso.
Así que, lo que para nosotros no tiene sentido, para Él sí lo tiene. Por lo tanto, confiemos en Él, escuchemos Su voz, aprendamos de cada aspecto de nuestra vida y preguntemos: Señor, ¿qué quieres que yo haga? La Biblia dice en Job 42:2, Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti” (RV1960).

No Siendo Esclavos Del Temor

Hace ya algunos años, al atravesar una prueba de fe como familia, encontramos consuelo en una canción titulada: “Ya no soy un esclavo del temor” (No Longer Slaves). En medio de los desafíos físicos, emocionales, espirituales y relacionales, nos llegan noticias inesperadas, se pierden relaciones significativas, las oportunidades parecen escasas, las opciones disminuyen y el tiempo parece estar en nuestra contra. Sin embargo, debemos recordar que Dios está trabajando en nuestras vidas.

Lo primero que aparece en nuestra vida es el temor: el miedo a lo incierto, a perder lo que más amamos, a sentir que no podemos hacer más de lo que ya hemos intentado, a la idea de no seguir adelante, y muchos otros temores. Sin embargo, como hijos de Dios, no podemos permitir que el temor nos esclavice. Somos hijos del gran Rey, y Él actúa en nuestro mejor interés. Dios está obrando a nuestro favor, incluso cuando las pruebas son dolorosas. Él está refinando nuestras vidas y realizando algo grandioso en nosotros.
Aunque no siempre comprendamos Su plan, debemos descansar en el amor de Dios. Él es nuestro Padre y tiene los mejores planes reservados para nosotros. Por lo tanto, no te dejes dominar por el temor; ¡vive abrazado a las promesas de Dios! La Biblia dice en 1 Juan 4:18, 18 sino que el amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor” (NTV).

Lo Realmente Eterno

C. S. Lewis, el célebre escritor cristiano, afirmó: “Apunta al cielo y tendrás la tierra por añadidura. Apunta a la tierra y no tendrás ninguna de las dos”. ¿Hacia dónde estás dirigiendo tu enfoque? Seguramente, a menudo te enfocas en lo terrenal: en los afanes de la vida, las grandes ocupaciones, las innumerables responsabilidades, los múltiples compromisos y las relaciones con quienes nos rodean.

Hemos desviado nuestra atención, y ahí radica la raíz de muchos de nuestros problemas. Es esencial dirigir nuestros esfuerzos hacia lo que Dios desea para nosotros. Debemos amar a Dios para poder amar verdaderamente a los demás. Necesitamos conocer a Dios para entender nuestro propósito y evitar divagar sin rumbo. Servir es fundamental, ya que en el servicio encontramos la grandeza que proviene de ayudar a otros. Es crucial recordar que nuestra experiencia en esta vida determina nuestra eternidad, porque cada acción que tomamos resuena en la eternidad.

En resumen, es vital tener presente que no hay tristeza en la tierra que el cielo no pueda sanar, es decir, que nuestra eternidad siempre puede restaurar lo que falta.

La Biblia dice en 2 Corintios 4:18, 18 Así que no miramos las dificultades que ahora vemos; en cambio, fijamos nuestra vista en cosas que no pueden verse. Pues las cosas que ahora podemos ver pronto se habrán ido, pero las cosas que no podemos ver permanecerán para siempre” (NTV).

El Ser Agradecido

Hay un canto cristiano antiguo muy popular cuyo coro dice: “Agradecimiento hay en mi corazón, canto de alegría elevo con mi voz, muchas son las cosas que mi Dios me ha dado y en agradecimiento le sirvo a mi Señor”. Aún en medio de los procesos difíciles, sé agradecido, ya que el agradecimiento abrirá la puerta que traerá todas las demás bendiciones. Como dice una frase: “Si una persona no es agradecida con lo que tiene ahora, difícilmente lo será cuando lo obtenga” (Frank A. Clark).

Una actitud de agradecimiento debe siempre ocupar un lugar importante en nuestra vida. Los estudios demuestran que las personas agradecidas son más felices, porque en lugar de enfocarse en lo que les falta, agradecen por lo que tienen, logrando así experimentar plenitud y alcanzar la madurez emocional. Desarrollar una actitud de agradecimiento nos ayuda a crecer y trascender, ya que la raíz de todo bien se encuentra en el principio de la gratitud.

Entonces, ¿por qué estás agradecido(a) hoy? Haz una lista de las cosas por las que te sientes agradecido, fomenta una cultura de agradecimiento y dale gracias a Dios. Verás cómo sales reconfortado, animado y desafiado.La Biblia dice en el Salmo 75:1, “¡Te damos gracias, oh Dios! Te damos gracias porque estás cerca; por todas partes, la gente habla de tus hechos maravillosos” (NTV).

La Visión Sin La Acción

Una frase que suelo compartir dice: “Visión sin acción es pura ilusión”. A menudo encuentro personas llenas de entusiasmo que me comparten sus visiones. Los escucho con atención para motivarlos, pero suelo preguntarles: ¿Qué pasos estás tomando para hacer realidad esa visión? Muchas veces, el entusiasmo se desvanece y la respuesta es débil o imprecisa, mostrando una falta de claridad.

Puedes tener la visión más inspiradora, pero si no das un paso intencional para cumplirla, se quedará en una simple ilusión. El mundo está lleno de soñadores que se alimentan de visiones, pero carecen de la acción necesaria. Aquí hay algunos consejos para poner en marcha tu visión. Primero, asegúrate de que tu visión esté alineada con la de Dios, a través de Su Palabra, la oración y el consejo sabio. Segundo, desarrolla un plan de acción con pasos claros y sencillos. Detalla cada etapa, los recursos, la formación que requieres y calcula los costos relacionales, físicos y espirituales. Tercero, invita a otros a unirse a tu visión. Recuerda que solo puedes ir rápido, pero acompañado llegarás más lejos. 
Finalmente, busca siempre la guía de Dios, quien conoce lo mejor para tu vida y tu futuro. La Biblia dice en Santiago 2:17 , Como pueden ver, la fe por sí sola no es suficiente. A menos que produzca buenas acciones, está muerta y es inútil” (NTV). 

Las Cosas Grandes de Dios

El reconocido misionero y escritor William Carey afirmó: “Espera grandes cosas de Dios y emprende grandes cosas para Dios”. ¿Qué es lo que esperamos realmente de Dios? ¿Cómo medimos nuestra fe? ¿Qué acciones emprendemos en nuestro servicio a Él? Estas preguntas nos invitan a reflexionar sobre la inmensidad de nuestro Dios y la verdadera dimensión de nuestra fe.

A menudo, aunque decimos esperar cosas grandes de Dios, nuestra creencia es débil. Dudamos de Su capacidad para actuar a nuestro favor y tememos que, al emprender algo según Su voluntad, los resultados no serán sorprendentes. Reconocemos que Dios es poderoso, pero no vivimos esperando experimentar la plenitud de Su grandeza.
La clave no radica en cuán grande es nuestra fe, sino en la grandeza del Dios en quien confiamos. Ese Dios es Jesús, el Hijo de Dios resucitado, que está a la diestra del Padre y tiene todo el poder para obrar “en y a través” de nosotros. ¿Qué te detiene? Confía en Sus promesas y realiza aquello que Dios ha puesto en tu corazón. Te aseguro que te asombrarás de lo que Él hará. La Biblia dice en Salmo 37:7,“ Quédate quieto en la presencia del Señor, y espera con paciencia a que él actúe. No te inquietes por la gente mala que prospera, ni te preocupes por sus perversas maquinaciones” (NTV).

Haciendo Lo Correcto, No Lo Que Conviene

Yo tengo una frase que comparto mucho que dice: “Es mejor hacer lo correcto y no lo conveniente”. A menudo, es más fácil hacer lo que nos convenga al momento, especialmente si no estamos afectando a nadie a nuestro alrededor. Pensamos que aunque no hagamos un daño notorio, hacer lo que conviene es lo mejor. Sin embargo, no todo lo que parece ser bueno es bueno y no todo lo que nos conviene es ético. Por otro lado, hacer lo correcto no es siempre lo más fácil y lo más aplaudido. 
El hacer lo correcto es contracultura y contracorriente. Es decir la verdad aunque duela. Es pronunciar un sí cuando es necesario. Es pararse firme con un “no” cuando sea lo indicado. Es regirse por principios, valores e ideales. Es permanecer en la verdad y no aceptar vivir bajo ninguna mentira. Es no vivir esclavo del pasado, ni de los errores del ayer, sino confiar, vivir en la verdad y proseguir hacia delante con una postura de fe. Es seguir la voz de Dios y hacer caso omiso a la voz del mundo, de la carne y del mismo enemigo. Entonces, ¿estas dispuesto(a) a hacer lo correcto y no solo lo que te conviene? La Biblia dice en 1 de Corintios 10:23, “23 Ustedes dicen: «Se me permite hacer cualquier cosa», pero no todo les conviene. Dicen: «Se me permite hacer cualquier cosa», pero no todo trae beneficio” (NTV).

Nos Hace Reír

Una vez escuché una frase que me llamó profundamente la atención: “Deja de preocuparte por lo que te hace llorar y empieza a valorar aquello que te hace sonreír”. ¿Qué es lo que realmente te hace sonreír en la vida? ¿Es tu familia, tus amigos, tu trabajo, tus pasatiempos, tus sueños, o las pequeñas victorias cotidianas? Tal vez son esos momentos de superación, en los que, a pesar de los errores y desaciertos del pasado, logras encontrar un motivo para sonreír. A menudo, incluso aprendemos a reírnos de aquellos pesares y aflicciones que alguna vez nos causaron lágrimas, porque hemos encontrado lecciones valiosas en medio de ellos.

Tómate un momento para evaluar qué es lo que trae una sonrisa a tu rostro y busca formas de aprovecharlo al máximo. Si en este momento no encuentras muchas razones para sonreír, recuerda que Dios tiene el poder de transformar tu lamento en gozo, tu tristeza en alegría, y tu llanto en risa. Él puede llenar tu corazón con cánticos de júbilo y otorgarte una paz que sobrepasa todo entendimiento, embelleciendo tu vida de una manera especial.
Una de las mejores maneras de recibir este gozo es a través de la oración. Cuando oramos, damos gracias a Dios, confesamos nuestras faltas, presentamos nuestras necesidades, y elevamos nuestras peticiones por los demás. En ese acto de comunión con Dios, nuestras preocupaciones se desvanecen, y nuestro corazón se llena de un gozo divino. Es un gozo que no depende de las circunstancias, sino que proviene directamente de lo alto, transformando nuestra mente y llenando nuestro ser con paz y alegría. La Biblia dice en Filipenses 4:6, No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho” (NTV).