Producción

Muchos en nuestros días están preocupados por la producción. Desde el empresario que se preocupa por la producción de su negocio o empresa, hasta el padre que se preocupa por los resultados en las calificaciones de sus hijos. También está aquel que se preocupa por los resultados de un examen físico, o quien se angustia por los resultados de su equipo favorito en una competencia. Al parecer, esta vida está relacionada de una u otra manera con la producción.

Nuestro creador nos diseñó con la capacidad de producir. Él nos ha dotado con todas las facultades necesarias para crear, organizar, planear, diversificar, multiplicar, componer y mucho más. La pregunta que surge es: ¿Qué está produciendo nuestro interior? ¿Qué sale de lo más profundo de nuestro ser? ¿Qué efecto producen nuestras palabras y nuestras acciones?Dios desea que nuestro producto sea de buena calidad. Él quiere que nuestra vida produzca fruto para Su gloria y la única manera de hacerlo es estando en comunión constante con Él. Entonces, ¿estás conectado(a) con Dios? ¿Estás permaneciendo en Él? La Biblia dice en Juan 15:5 , »Ciertamente, yo soy la vid; ustedes son las ramas. Los que permanecen en mí y yo en ellos producirán mucho fruto porque, separados de mí, no pueden hacer nada” (NTV).

Comentarios

Hay personas que viven dependiendo de los comentarios de los demás. Parece ser que les importa quedar bien con todos, lo cual es imposible debido a la diversidad de opiniones. Séneca, el filósofo latino, dijo: “Importa mucho más lo que tú piensas de ti mismo que lo que otros opinen de ti”. Hasta cierto punto, esto es verdad. Sin embargo, yo diría: “Importa mucho más lo que Dios piensa de ti que lo que tú u otros opinen de ti”. Este es un principio fundamental para la vida. Si nos concentramos más en lo que Dios piensa de nosotros que en lo que nosotros pensamos de nosotros mismos, nuestra vida cobraría un significado diferente.

¿Te preguntas constantemente qué piensa Dios sobre esta o aquella situación? La opinión de Dios hacia nosotros siempre estará basada en Su gran y eterno amor. Su fidelidad y Su bondad son inmensurables. Su gracia es infinita. Su dictamen es el mismo a través de Su hijo Cristo, y Su concepto hacia nosotros se expresa en la palabra “redimidos”. De modo que, si mantienes una buena relación con Él, tus demás relaciones estarán mucho mejor.Recuerda que la opinión que más vale no es la opinión de los demás, sino la opinión de Dios. Escucha Su dulce voz, no ignores Su Palabra, y camina en fe, creyendo firmemente en Él y en cada uno de Sus preceptos. Recuerda siempre esto: “No vivimos buscando la aprobación de la gente. Vivimos buscando la aprobación de Dios”. La Biblia dice en el Salmo 36:7 , “¡Qué precioso es tu amor inagotable, oh Dios! Todos los seres humanos encuentran refugio a la sombra de tus alas”, (NTV).

Recapturando

“Recapturar” es una palabra compuesta que resuena en diversos contextos y ha captado mi atención. Por ejemplo, algunos dicen: “Recaptura las ganas de vivir, recaptura tu propósito en la vida, recaptura el amor en tu matrimonio, recaptura la pasión por lo que haces”, entre otros ejemplos. Recapturar implica retomar algo que hemos dejado ir o que ha perdido fuerza. Es volver a empezar, a evaluar, a intentar de nuevo, a enamorarnos nuevamente de la vida y todo lo que conlleva.

Hoy te invito a reflexionar sobre qué necesitas recapturar en tu vida. ¿Qué has dejado morir que no debería haber muerto? ¿Qué has soltado que no deberías haber soltado? ¿Qué empezaste y nunca terminaste? Esto puede aplicarse a una profesión, una vocación, estudios, un negocio, una relación, una iniciativa o una oportunidad que aún puedes explorar. Pregúntate: ¿Cómo puedo recapturarlo y cuándo lo haré?
¿Qué hay de tu relación con Dios? ¿Necesitas recapturar ese primer amor y pasión por servirle? ¿Necesitas seguirlo con todo tu corazón como lo hacías antes? ¿Necesitas obedecerlo sin reservas? Solo tú conoces las respuestas a estas preguntas. Así que, deja que Dios te guíe y recaptura lo que necesites hoy. La Biblia dice en Isaías 40:29, “Él fortalece al cansado y acrecienta las fuerzas del débil” (NVI).

Al Vivir

La frase “La vida es muy simple, pero nos empeñamos en hacerla difícil” nos invita a reflexionar sobre cómo a veces complicamos lo que debería ser sencillo. Aunque la vida presenta niveles de complejidad, también hay momentos de simpleza que podemos aprovechar al máximo. En esos momentos, a menudo nos complicamos innecesariamente.

Es esencial reconocer que aprovechar cada instante de nuestra vida es un regalo invaluable. Dios está siempre dispuesto a ayudarnos, animarnos y levantarnos, incluso cuando cometemos errores. Nos enseña a través de nuestras experiencias, recordándonos que no debemos cargar con el peso de los errores ajenos durante nuestra breve existencia.

Para vivir una vida plena, es crucial entender que nuestra tendencia natural es buscar grandes logros y significado trascendental. Sin embargo, el verdadero sentido y propósito de la vida se encuentran en las pequeñas cosas cotidianas. Como dice el refrán, “La vida no se trata de poder hacer, se trata de querer hacer”.Reconocer nuestra limitación de poder sin la ayuda de Dios nos lleva a depender de Su fortaleza, sabiduría y paz. Podemos pedirle a Dios que nos dé el poder necesario para enfrentar cada circunstancia, la sabiduría para tomar decisiones acertadas, la fortaleza para superar las dificultades y la paz que calma nuestro ser. Con Su ayuda, podemos abordar la vida con confianza y gratitud, valorando cada momento y viviéndolo en su plenitud. La Biblia dice en Marcos 8:36, “¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida?” (NVI).

Al Sentir

La frase comúnmente escuchada, “Sentir es vivir, porque el día que dejes de sentir es porque estarás muerto”, resalta la importancia y el privilegio de experimentar emociones y sensaciones en nuestra existencia. Dios nos ha otorgado la capacidad de sentir a través de los diversos sentidos que poseemos, los cuales son una manifestación de Su diseño perfecto para la humanidad.

Cada sentido, desde el olfato y el tacto hasta el oído y el gusto, nos conecta con el mundo que nos rodea de maneras únicas y profundas. Estos sentidos no solo nos permiten percibir el entorno físico, sino también experimentar emociones, disfrutar de la belleza de la creación y relacionarnos con los demás. Son herramientas preciosas que enriquecen nuestra vida y nos recuerdan continuamente que estamos vivos.

Es fundamental apreciar y utilizar conscientemente cada uno de nuestros sentidos. A través de ellos, podemos experimentar la plenitud de la vida y reconocer la bondad de nuestro Creador. Nos revelan la complejidad y la maravilla de nuestra existencia, recordándonos que somos creaciones únicas diseñadas a imagen y semejanza de Dios.Por lo tanto, vivamos plenamente conscientes de la bendición de poder sentir, aprovechando cada sentido para glorificar a Dios y valorar la vida que nos ha sido dada. Que cada experiencia sensorial nos inspire a vivir de manera libre y agradecida, aceptando y celebrando el diseño perfecto del Creador en nosotros. La Biblia dice en el Salmo 119:13-14, “Tú creaste las delicadas partes internas de mi cuerpo y me entretejiste en el vientre de mi madre. ¡Gracias por hacerme tan maravillosamente complejo! Tu fino trabajo es maravilloso, lo sé muy bien” (NTV).

Al Pensar

El renombrado filósofo Confucio nos dejó una sabia reflexión: “Aprender sin pensar es inútil. Pensar sin aprender es peligroso”. Esta frase resalta la importancia fundamental del pensamiento en nuestra vida. Sin reflexionar primero, nuestro aprendizaje carece de dirección y profundidad. Del mismo modo, pensar antes de actuar es crucial; nuestros pensamientos moldean nuestras acciones y definen cómo vivimos.

Los pensamientos son tesoros que deben ser valorados y cultivados diligentemente. ¿Qué albergas en tu mente? ¿Cómo puedes enriquecer tus pensamientos para un crecimiento personal significativo? Dios anhela que llenemos nuestra mente con pensamientos que nos edifiquen y fortalezcan. Sin embargo, es natural que a menudo permitamos que pensamientos dañinos o negativos nos afecten. Aquí yace una gran lección: como escogemos cuidadosamente nuestra ropa cada día, así debemos elegir nuestros pensamientos.

Dios nos ha dado el don de discernir y seleccionar qué pensamientos acoger. Por lo tanto, es crucial “escoger nuestros pensamientos” sabiamente, ya que estos determinan cómo vivimos nuestra vida diaria.Entonces, ¿en qué debemos concentrar nuestros pensamientos? Deberíamos dirigirnos hacia pensamientos de verdad y sabiduría, amor y compasión, integridad y honestidad, gratitud y contentamiento, propósito y sentido, y sobre todo, fe y confianza en Dios. Cultivando estos tipos de pensamientos, podemos transformar nuestra vida e impactar positivamente a quienes nos rodean. La Biblia dice en Filipenses 4:8, Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (RV1960).

Molestando

Lo que más nos molesta en la vida varía según la persona y las circunstancias que enfrentamos. Puede ser la falta de recursos adecuados, problemas relacionales, la situación actual, el trabajo, el jefe, la familia, el pasado, entre otros aspectos. Es natural que todos experimentemos molestias en diferentes áreas de nuestras vidas en algún momento.

Las molestias, en su mayoría, tienen su origen en lo más profundo de nuestro ser. A menudo, reaccionamos de manera desproporcionada a situaciones simples debido a molestias no resueltas en nuestro corazón. Es crucial examinar regularmente nuestro interior para abordar estas raíces y evitar que se acumulen.

El mundo está lleno de factores que pueden causarnos molestias y cambiar nuestro estado de ánimo. Sin embargo, la forma en que respondemos a estas circunstancias es crucial. En lugar de permitir que las molestias nos dominen, podemos acudir a Dios para que nos ayude a manejarlas. Él es capaz de llevar nuestras cargas y transformar nuestras perspectivas.En resumen, es importante reconocer nuestras molestias, entender su origen y buscar soluciones saludables, confiando en la guía y la ayuda que Dios puede ofrecer para aliviar nuestras preocupaciones y mejorar nuestra actitud hacia la vida. La Biblia dice en el Salmo 34:19, “Muchas son las angustias del justo, pero el Señor lo librará de todas ellas” (NVI).

Discerniendo

John Verdon dijo lo siguiente: “No creemos lo que pensamos porque vemos lo que vemos, sino que vemos lo que vemos porque pensamos lo que pensamos”. Esto nos habla de un término en especial llamado “discernimiento”. El discernimiento es la habilidad de obtener una percepción adecuada de las cosas para poder elegir y juzgar bien. El discernimiento está conectado con la moralidad y un buen sentido del uso común.  

Una persona que discierne bien elige correctamente tomando buenas decisiones, no se apresura en hacer cambios drásticos, es cauteloso(a) con sus palabras, no emite un concepto rápido en referencia a otras personas tratando de analizar cuidadosamente los movimientos que hace en su vida, entendiendo que estos pueden afectar a los demás. 
En otras palabras, los que poseen discernimiento saben cuánta diferencia puede mediar entre dos palabras parecidas, según los lugares y las circunstancias que las acompañen. De modo que, todos necesitamos discernimiento, por lo tanto, debemos pedírselo a Dios. La Biblia dice en Salmo 119:66, Enséñame buen juicio y conocimiento, pues creo en tus mandamientos” (BLA).

Sanando

“Sanar”. Este verbo es crucial, anhelado y trabajado en nuestras vidas. ¿Cuántas enfermedades raras se han descubierto recientemente? ¿Cuántas enfermedades terminales afligen a tantas personas, llevándolas hacia la muerte? ¿Y cuántas enfermedades mentales aún permanecen sin descubrir completamente? Muchos darían cualquier cosa por ser sanados de su aflicción y dolor. Cuántos pagarían lo que fuera por vivir un poco más cuando están enfrentando la muerte.

Pero ¿qué hay de aquellos que están enfermos y no lo saben? ¿Y de aquellos que afirman estar sanos, pero cuyas acciones revelan lo contrario? Estos casos son numerosos. Puedes estar enfermo físicamente y aún no tener conocimiento de ello. ¿Cómo puedes descubrirlo? Físicamente, podrías someterte a exámenes de rutina para evaluar tu estado de salud. Quizás descubras que no estás tan bien como pensabas. Emocionalmente, es crucial examinar tu corazón y ver si albergas amargura, dolor, resentimiento u odio. Espiritualmente, debes pedir a Dios que sane tus heridas y te brinde una nueva perspectiva.Entonces, ¿deseas ser sanado(a)? Dios desea sanar tu condición espiritual y emocional. A menudo, cuando es Su voluntad, también restaura la salud física. Puedes acercarte a Él y decir: “Señor, si así lo deseas, sáname.” La Biblia dice en Mateo 8:2-3, “De repente, un leproso se le acercó y se arrodilló delante de él. Señor —dijo el hombre—, si tú quieres, puedes sanarme y dejarme limpio. Jesús extendió la mano y lo tocó. Sí quiero—dijo—.¡Queda sano! Al instante, la lepra desapareció” (NIV).    

Destruyendo Abruptamente

Mi hijo adoraba construir figuras con sus LEGOS. Cuando era más pequeño, solía frustrarse si no lograba armarlas a la primera. Su respuesta era a menudo destruir lo que había hecho por la frustración. Después de cada rabieta, le explicaba que destruirlo no era la solución. Le animaba a tomar pausas, retomar la tarea otro día o persistir hasta completar la figura.

Esto me hizo reflexionar sobre cuántas veces nosotros también reaccionamos de manera similar. Nos frustramos y a veces abandonamos nuestras metas impulsivamente. No hacemos berrinches como un niño pequeño, pero nuestra actitud puede ser la misma. Es importante recordar que la Palabra de Dios nos advierte sobre un adversario que busca matar, robar y destruir. Actuar impulsivamente solo refleja un comportamiento destructivo que no nos ayuda a crecer espiritualmente.Reflexionemos sobre nuestro corazón. ¿Tenemos la tendencia a construir o a destruir? ¿Somos persistentes o nos rendimos fácilmente? Optemos siempre por construir, sin importar los desafíos que enfrentemos. La Biblia dice en Deuteronomio 31:8, “No temas ni te desalientes, porque el propio Señor irá delante de ti. Él estará contigo; no te fallará ni te abandonará” (NTV).