El Secreto Del Respeto

Alguien dijo una vez: “El secreto de una vida feliz es el respeto”. En consecuencia, podríamos decir que “el secreto de una vida infeliz es el irrespeto”. ¿Has conocido a personas irrespetuosas? Son aquellas que manifiestan una falta de respeto hacia algo o hacia alguien. El irrespeto se ha convertido en una falta grave que impide la sana convivencia entre las personas, pues atenta contra uno de los valores fundamentales que garantizan la armonía social: el respeto.

A menudo, las personas que no respetan a los demás es porque no se respetan a sí mismas. El respeto no es solo una cortesía; es una expresión profunda de amor y aprecio por la dignidad humana y por las diferencias individuales. Debemos aprender a respetar las diferencias de los demás, a valorar las opiniones ajenas, a honrar otras culturas y a apreciar a quienes nos rodean. Como dice un sabio dicho: “Siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas”.El respeto es un principio esencial en la escala de valores de la sociedad. Por eso, es importante que nos hagamos algunas preguntas clave: ¿Me respeto a mí mismo? ¿Cómo puedo mejorar mi respeto hacia los demás? ¿Cómo puedo contribuir a crear una cultura de respeto en mi entorno? Y, sobre todo, ¿cómo puedo respetar más los preceptos de Dios? La Biblia dice en Colosenses 3:13, soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otrossi alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (RV1960).

En Inundación

Vivo en un área propensa a inundaciones. Cada vez que llueve intensamente, noto que la casa de mi vecino se convierte en un pequeño lago. Siempre tiene dificultades para entrar con sus carros, lo que parece ser un gran desafío. Agradezco a Dios porque mi casa está situada un poco más alta, y aunque llueva muy fuerte, no se inunda. Sin embargo, recibimos las corrientes de agua que bajan de las otras casas y se acumulan frente a la nuestra.

Esto me lleva a reflexionar sobre las áreas de nuestro corazón que pueden estar “inundadas”. Algunas partes de nuestro corazón pueden ser una “zona de inundación” para diversos sentimientos. Nuestro corazón puede llenarse de sentimientos buenos, pero también de emociones dañinas. Las preguntas que surgen son: ¿Qué estamos haciendo para evitar que nuestro corazón se inunde de sentimientos engañosos? ¿Qué medidas estamos tomando para que las torrentes de amargura, enojo, frustración y engaño no hagan estragos en nuestra vida?Es crucial que pongamos límites para evitar que nuestro corazón se inunde de aguas innecesarias. La clave está en construir nuestra vida sobre la roca firme que es Cristo. Así, aunque las lluvias torrenciales de la vida lleguen, nuestra casa no se inundará. La Biblia dice en Mateo 7: 24-25, “Todo el que escucha mi enseñanza y la sigue es sabio, como la persona que construye su casa sobre una roca sólida. 25 Aunque llueva a cántaros y suban las aguas de la inundación y los vientos golpeen contra esa casa, no se vendrá abajo porque está construida sobre un lecho de roca, (NTV).

Eso Es Puro Cuento

En mi país natal, Colombia, es común escuchar la frase: “Eso es puro cuento” cuando alguien no cree en lo que está escuchando o sabe que la persona está diciendo mentiras. A veces, simplemente sacamos conclusiones apresuradas y desacreditamos la información de inmediato diciendo: “Eso es puro cuento”. Pero ¿realmente es siempre así? ¿Y si lo que nos dicen es verdad? ¿Por qué juzgamos tan rápido y con tanta facilidad?

La tendencia natural del ser humano es ser crítico, desconfiado y, a veces, incluso mentiroso. Sin embargo, como seguidores de Cristo, estamos llamados a cultivar la verdad de la Palabra de Dios en nuestras vidas. No todo es “puro cuento”. A veces, las historias que nos parecen increíbles son, de hecho, verdad. Dios tiene el poder de sorprendernos, cambiando personas y situaciones de maneras que no podemos imaginar. Él todavía hace milagros y puede transformar lo que parece imposible. Dios obra con poder y libertad en medio de nosotros.Es importante dejar atrás la incredulidad, el espíritu crítico y nuestra inclinación a juzgar de manera precipitada. Recordemos que solo Dios tiene el juicio puro y perfecto. Él es el único que tiene la autoridad para juzgar con justicia y verdad. En lugar de ser rápidos en juzgar, debemos aprender a vivir en la libertad que Cristo nos ofrece, confiando en Su capacidad de transformar y renovar. La Biblia dice en Romanos 2:1, Por tanto, no tienes excusa tú, quienquiera que seas, cuando juzgas a los demás, pues al juzgar a otros te condenas a ti mismo, ya que practicas las mismas cosas” (NTV).

Las Apariencias

En nuestra sociedad moderna, muchas veces vivimos atrapados en un mundo de apariencias. Existe un viejo refrán que dice: “Las apariencias engañan”. Aparentar es mostrar a los demás una fachada que no corresponde con nuestra verdadera esencia. Es vivir en una mentira, presentándola como si fuera una realidad. Es colocar una máscara frente al mundo y ocultar lo que realmente hay en nuestro corazón. Con frecuencia, nos preocupamos más por parecer felices ante los ojos de los demás que por buscar una verdadera felicidad. Este estilo de vida nos convierte en prisioneros de una falsedad que adoptamos como si fuera nuestra verdad.

Un proverbio afirma: “Mientras se juzgue al enemigo solo por su apariencia, su victoria está asegurada”. Esto nos enseña que vivir bajo apariencias no lleva a la victoria, sino a la derrota. Algunas personas moldean su manera de hablar, vestir, actuar e incluso de caminar, para proyectar una imagen que no es la suya. Pero ¿qué ocurre realmente en sus vidas? La realidad es que han elegido ser esclavos del “qué dirán”, esclavos de una o más mentiras. Vivir en una falsedad nos convierte en esclavos de esa mentira.Por lo tanto, deja de aparentar lo que no eres. No intentes ser o hacer algo que no se alinea con tu verdadera naturaleza. Sé auténtico y busca la verdadera felicidad que proviene de adoptar tu identidad en Cristo. Las promesas de Su Palabra y las bendiciones que Él ha preparado para ti están basadas en la verdad, no en la apariencia. La autenticidad en Cristo es lo que te libera de las cadenas de la falsedad y te permite vivir una vida plena y verdadera. La Biblia dice en Juan 7:24, “No juzguen por las apariencias; juzguen con justicia”, (NVI).

Reconciliar

“¿Reconciliarme con esa persona? Ni loca(o) lo haría”. Esta es una respuesta que he escuchado frecuentemente cuando hablo sobre la importancia de la reconciliación. La verdad es que puede ser increíblemente difícil reconciliarnos con alguien que nos ha herido profundamente, que ha mentido, traicionado o abusado de nuestra confianza. La reconciliación puede parecer una meta inalcanzable.En cierto sentido, la relación entre Dios y la humanidad también parecía irreconciliable. A lo largo de la historia, los seres humanos han intentado acercarse a Dios, pero estos esfuerzos muchas veces resultaban fallidos. Desde el principio, el pecado afectó nuestra relación con Dios. La desobediencia y la rebelión del hombre nos alejaron cada vez más de Él. No obstante, Dios tenía un plan maravilloso para reconciliar al mundo consigo mismo a través de Su Hijo, Jesucristo. Dios Padre envió a Su único Hijo para proveer el camino hacia la reconciliación con Él. Así, lo que parecía irreconciliable, de repente tenía una nueva oportunidad de ser restaurado. Dios ha abierto la puerta para que podamos reconciliarnos con Él. ¿Ya has dado ese paso? Además, nos ha encomendado la tarea de ser agentes de reconciliación. ¿Estás dispuesto a ser un reconciliador? La Biblia dice en 2 de Corintios 5:18, “Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación” (LBLA).

Reedificar

Hace algún tiempo, junto a mi familia, visitamos el monumento erigido para honrar a las muchas vidas perdidas en la tragedia del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. Al recorrer el lugar y observar las imágenes de aquel doloroso episodio en la historia estadounidense, no pude evitar reflexionar sobre cómo, a pesar de los años transcurridos y de la edificación de un monumento y la construcción de otro en proceso, el sitio de la tragedia ha sido transformado en un espacio de tránsito y visita cotidiana. Este hecho nos invita a meditar sobre el concepto de “reedificación”.A lo largo de la historia, hemos sido testigos de cómo naciones, civilizaciones y regiones enteras han logrado sobreponerse a guerras, desastres naturales y calamidades provocadas por el ser humano. Dios ha dotado al ser humano de la capacidad para crear, reorganizar, diversificar, reasignar y reconstruir. Tras cada tragedia, se abre una nueva oportunidad para volver a construir y renacer. ¿Qué es lo que necesitas reedificar en tu vida? En el Antiguo Testamento, los patriarcas reedificaban altares para adorar a Dios. Nehemías, por su parte, lideró la reedificación del muro de Jerusalén. Josué, tras caminar sobre las ruinas de la conquista, también participó en la reconstrucción. Y tú, ¿qué necesitas reedificar hoy en tu vida? La Biblia dice en Isaías 61:4, “Entonces reedificarán las ruinas antiguas, levantarán los lugares devastados de antaño, y restaurarán las ciudades arruinadas, los lugares devastados de muchas generaciones” (LBLA).

Cambiando

“Cambiar, ¿para qué?” Esa es la respuesta de muchas personas que tienen problemas con el cambio. Aunque las cosas no estén funcionando, prefieren seguir haciendo lo mismo, obteniendo resultados muy pobres, pero conformándose por temor al cambio. Sin embargo, el cambio es natural, bueno y muy enriquecedor. Por ejemplo: ¿qué sería de las plantas si no crecieran y se convirtieran en árboles frondosos o en hermosas flores y rosales? ¿Qué sería del ser humano si no creciera y llegara a la madurez? ¿Qué sería de la naturaleza sin las diferentes estaciones? ¿Qué sería de los animales si no formaran parte de una cadena alimenticia? En fin, el cambio es evidente e inevitable. La pregunta que surge es: ¿por qué queremos evitarlo nosotros?

Aquí te ofrezco tres pautas para recibir los cambios. En primer lugar, evalúa los tiempos, procesos y eventos que estás atravesando actualmente de manera objetiva. Segundo, considera el efecto que dicho cambio tendría en tus relaciones más importantes y en tu crecimiento personal. Tercero, toma en cuenta lo que dice la Palabra de Dios, otros creyentes y mentores maduros en la fe, y nunca ignores la voz del Espíritu Santo. Aceptar el cambio puede ser un desafío, pero es a través de él que crecemos y nos transformamos en la mejor versión de nosotros mismos, reflejando la luz y el propósito que Dios tiene para nuestras vidas.

La Biblia dice en Efesios 4:22-23, 22 desháganse de su vieja naturaleza pecaminosa y de su antigua manera de vivir, que está corrompida por la sensualidad y el engaño. 23 En cambio, dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes” (NTV). 

En Oscuridad

Hace algún tiempo, al visitar la selva, recordé lo que se siente dormir en completa oscuridad cuando me desperté durante las altas horas de la noche. Instintivamente, el ser humano busca un poco de luz en medio de la oscuridad, ya que una pequeña luz en un lugar totalmente oscuro suele brillar de una manera impresionante. Una pequeña lámpara marca la diferencia cuando se está caminando en la oscuridad selvática de la noche.

Esto me hizo reflexionar sobre la luz que irradiamos como hijos de Dios. Nosotros somos esa luz que alumbra intensamente en la oscuridad. Somos el punto de referencia para los perdidos. Somos la llama encendida para el que tiene frío. Somos la lámpara en el camino para el desubicado. Somos la esperanza para los ciegos. Somos la guía para los que pueden ver, pero andan desorientados. Somos la esperanza para el que se encuentra caído. Somos la paz para el que está oprimido y la confianza para el que se siente entristecido.

Entonces, ¿cómo estás dejando brillar tu luz? ¿Estás permitiendo que otros sigan la luz de Cristo en ti o estás escondiendo el poder de la luz que hay en ti? ¿Cómo puedes hacer para que brille aún más? Recuerda que somos la luz en un mundo lleno de oscuridad.La Biblia dice en Mateo 5:15, Nadie enciende una lámpara y luego la pone debajo de una canasta. En cambio, la coloca en un lugar alto donde ilumina a todos los que están en la casa” (NTV).

Abrumados

¿Te has sentido abrumado, con dolor de cabeza y con ganas de hacer cualquier cosa menos continuar con lo que estás haciendo? Creo que este es un sentimiento que todos hemos experimentado. Nos abrumamos por las múltiples ocupaciones, por nuestras relaciones, por nuestras emociones, por el presente o por un futuro que puede parecer desafiante. Como dijo José Mujica: Estoy muy contento con el hoy, me tiene abrumado el pasado mañana. La conclusión es que los problemas nos abruman hoy en día, pero si permitimos que nos agobien demasiado, no seremos capaces de salir de ellos.
¿Cuál es la solución? Aquí hay algunas pautas: detente por un momento para reflexionar sobre las causas de tu gran preocupación. Determina las cosas que puedes cambiar y deja ir las que no puedes cambiar. Pregúntate si eres parte del problema o parte de la solución. Busca el consejo sabio de alguien maduro en la fe. Pídele paz a Dios y fortalécete en Su poder y no en el tuyo. Espera un tiempo y verás que poco a poco las cosas serán diferentes. Finalmente, toma una postura de fe, lee la Palabra de Dios para buscar dirección y ora constantemente para experimentar lo sobrenatural en medio de cada una de tus situaciones. La Biblia dice en Jeremías 17:7, “»Pero benditos son los que confían en el Señor y han hecho que el Señor sea su esperanza y confianza”, (NTV).

El Dicho: “No Pasa Nada”

“No pasa nada”. Esta es una frase que usamos comúnmente. Generalmente significa que “todo está bien o estará bien”. Otros usan la expresión: “Todo tranquilo”, para comunicar que las cosas están o van bien. Pero ¿realmente todo está bien? Esa es una respuesta rápida y cotidiana. Sin embargo, podemos estar desmoronándonos y aun así decir que todo está bien cuando no es así.

La verdad es que todos los días nos pasa algo. El día que no nos pase nada será porque estaremos a varios metros bajo tierra. La vida está llena de sorpresas, de altos y bajos, de incertidumbres, de victorias y de algunas derrotas. Nos ocurren muchas cosas en el día a día. No obstante, debemos aprender a no dejar que la vida se nos pase esperando los mejores tiempos, porque quizá ya los estemos viviendo. Como dice otra frase: “El problema no es tanto lo que nos pasa, sino lo que somos capaces de hacer con lo que nos pasa”. 
Por lo tanto, pase lo que pase, debemos ser estudiantes de la vida. Si nos pasamos la vida esperando a que algo pase, lo único que se pasará será la misma vida. La Biblia dice en el Salmo 28:7, “El Señor es mi fuerza y mi escudo; mi corazón en él confía; de él recibo ayuda. Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias” (NIV).