De Mesa en Mesa

“De mesa en mesa”. Esta frase encapsula parte de la experiencia que viví durante un viaje misionero en la selva del estado de Chiapas, México. Sentados a la mesa, compartimos nuestras vidas, culturas, experiencias, testimonios y también exquisitos platillos. Más que nada, disfrutamos de la compañía y del sonido de la naturaleza que nos rodeaba.

¿Cuántas palabras, expresiones y lecciones compartimos en la mesa a lo largo de nuestras vidas? Sin lugar a duda, la mesa nos une, nos conecta y nos alimenta. De igual manera, debemos preguntarnos: ¿qué ponemos en nuestra mesa espiritual? ¿Quiénes nos rodean? ¿Qué estamos aprendiendo? ¿Cuál es nuestra dieta? ¿Nos estamos nutriendo adecuadamente?

He aquí algunos principios. Primero, pon siempre sobre tu mesa la Palabra de Dios. Segundo, rodéate de personas que compartan contigo en el comedor de la fe. Tercero, apártate de las malas dietas espirituales que pueden desnutrirte, ya sea a través de conceptos erróneos o malas compañías. Por último, no dejes de acercarte a la mesa de tu Padre celestial. Él siempre la prepara para ti. Entonces, ¿deseas venir a su mesa? La Biblia dice en el Salmo 23:5 “Me preparas un banquete en presencia de mis enemigos. Me honras ungiendo mi cabeza con aceite. Mi copa se desborda de bendiciones” (NTV). 

Traición en la Amistad

La traición es una de las experiencias más dolorosas de la vida. Mientras que el rechazo, las burlas y el ridículo de extraños pueden herirnos, solo aquellos a quienes amamos o en quienes confiamos tienen el poder de traicionarnos y eso es lo que hace que la traición sea tan dolorosa. Esto es precisamente lo que sentía David cuando escribió el Salmo 41. Sus enemigos hablaban falsedades contra él, pero lo que más le dolió fue la traición de un amigo.

Cuando los amigos chismean sobre nosotros, insinúan que hemos actuado mal o difunden mentiras, ¿qué podemos hacer? Algo importante para recordar es que nuestros amigos, al igual que nosotros, son imperfectos y pecadores. Por lo tanto, son propensos a cometer errores, creer en mentiras y lastimarse unos a otros. Entonces, ¿cómo podemos enfrentar el rechazo y la traición de una manera piadosa?

En primer lugar, no debemos negar el dolor ni permitir que domine y arruine nuestra vida con ansiedad, amargura, ira o deseos de venganza. En segundo lugar, podemos llevar nuestras preocupaciones a Dios y pedirle que nos proteja, nos sostenga y nos sane (Salmo 41:2-4). Aunque no siempre entendamos por qué el Señor permite la traición, el vivirla nos enseña a buscar Su aprobación en lugar de la de los hombres.

La Biblia dice en el Salmo 41:9, “Hasta mi mejor amigo, en quien tenía plena confianza, quien compartía mi comida, se ha puesto en mi contra” (NTV). 

Enseñanzas del Zoológico

Nuestra vida muchas veces se parece a un zoológico donde estamos privados de la libertad mientras todos pasan alrededor nuestro.  Algunas veces nos sentimos atrapados en nuestras propias circunstancias, como si estuviéramos encerrados detrás de barreras invisibles, incapaces de encontrar verdadera libertad y propósito. Al igual que los animales en cautiverio, algunos de nosotros hemos sido arrancados de nuestro hábitat natural, alejados de lo que realmente nos hace sentir vivos y plenos. Nos encontramos luchando contra problemas, deudas, relaciones difíciles y otras situaciones que nos roban el aliento y nos impiden experimentar la plenitud de la vida.

Sin embargo, la buena noticia es que Dios anhela que vivamos en libertad. Él nos ofrece una salida de nuestras jaulas emocionales y espirituales, y nos invita a experimentar la verdadera libertad que solo Él puede brindar. A través de una relación con Dios, podemos encontrar consuelo, fortaleza y dirección para superar nuestras dificultades y vivir una vida significativa y plena.

No importa cuán atrapados nos sintamos en este zoológico de la vida, siempre hay esperanza y una oportunidad para experimentar la libertad y el propósito que Dios tiene reservado para nosotros. Es cuestión de abrir nuestros corazones y permitir que Él nos guíe hacia una vida abundante y llena de significado. La Biblia dice en Juan 8:32, “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, (RV1960). 

Administrando Lo Que Debes

Thomas Carlyle dijo una vez: “Solo hay dos medios de pagar las deudas: por el trabajo y por el ahorro”. Esta sabiduría resalta la responsabilidad que tenemos de manejar nuestras finanzas de manera diligente y respetuosa con los demás. 

Dios espera que aquellos que toman prestado sean cuidadosos en devolver lo que deben, ya que retener el dinero legítimamente adeudado equivale a robar al prestamista, lo que puede afectar nuestro testimonio cristiano. No obstante, la tarea de reducir las deudas puede parecer desalentadora, pero Dios desea nuestra liberación de ellas y nos guiará en el proceso. A menudo, esto implica un enfoque lento y constante que nos prepara para evitar futuras deudas. Requiere de reconocer nuestros errores financieros, comprometernos a hacer sacrificios y trabajar diligentemente para alcanzar nuestras metas. Pero, sobre todo, implica confiar en el Señor, quien es fiel y nos proveerá.
¿Te parece que tu deuda es más grande que la ayuda de tu Padre celestial Todopoderoso? Aquellos que se acercan a Dios con arrepentimiento y total entrega, encontrarán los recursos y la perseverancia necesarios para pagar sus deudas. Confía en Él, quien nunca nos abandona en nuestras necesidades financieras. La Biblia dice en Romanos 13:8, “No deban nada a nadie, excepto el deber de amarse unos a otros. Si aman a su prójimo, cumplen con las exigencias de la ley de Dios” (NTV).

Atravesando Adversidades

Es posible que estés atravesando dificultades en este momento, y tal vez te sientas abrumado(a) por la intensidad de la prueba. El apóstol Pedro nos ofrece una perspectiva que nos ayuda a recuperar la esperanza y el gozo sin importar la fuente de nuestra adversidad. Él nos recuerda que Dios nos ha reservado una herencia en el cielo, que es imperecedera, pura y eterna (1 Pedro 1:3-5).

Si ponemos nuestras esperanzas únicamente en esta vida terrenal, es probable que las pruebas nos sumerjan en la desesperanza. Sin embargo, Pedro nos asegura que Dios tiene el control sobre todas nuestras adversidades. Nada nos ocurre por casualidad. Nuestro amoroso Padre se asegura de que cada tribulación cumpla su propósito único para cada uno de Sus hijos. Él es soberano sobre todas las pruebas, incluso sobre su duración, que es solo “por un poco de tiempo” en comparación con la eternidad (1 Pedro 1:6).

Además, Dios utiliza las pruebas para fortalecer nuestra fe, ya que al enfrentar el sufrimiento y permanecer fieles a Cristo demostramos nuestra salvación a los demás. Cada prueba que superamos fortalece nuestra fe y nos hace más resistentes.La Biblia dice en 1 Pedro 1:7, “Estas pruebas demostrarán que su fe es auténtica. Está siendo probada de la misma manera que el fuego prueba y purifica el oro, aunque la fe de ustedes es mucho más preciosa que el mismo oro. Entonces su fe, al permanecer firme en tantas pruebas, les traerá mucha alabanza, gloria y honra en el día que Jesucristo sea revelado a todo el mundo” (NTV).

Hallando El Contentamiento

Me encanta la frase: “La felicidad no es mi destino, es la actitud con la que viajo por la vida”. Esta perspectiva está estrechamente ligada al concepto del contentamiento. A menudo, se piensa que el contentamiento es difícil de alcanzar porque la felicidad y la paz son efímeras. Pero ¿cuál es la verdadera razón?

Solemos asociar el contentamiento con situaciones positivas, pero en realidad, esto es algo que se aprende y no surge de manera natural, sino que se cultiva. Curiosamente, la gratificación no siempre se encuentra en la comodidad, sino en medio de los desafíos, del temor y de la ansiedad.

El apóstol Pablo fue un maestro en esta lección, ya que su vida estuvo marcada por innumerables dificultades (2 Corintios 11:23-33). Sin embargo, en sus cartas, comparte su sabiduría sobre el contentamiento, concluyendo que se encuentra al enfocarse en Cristo en lugar de en las circunstancias. A pesar de su injusta encarcelación, no se quejó ni culpó a nadie. Más bien, se regocijó en Cristo, donde encontraba su enfoque, afecto y devoción.

En resumen, debemos enfocarnos en lo que Dios está haciendo en cada situación, evaluándolas a través de un lente centrado en Él. Sólo este enfoque nos llevará al gozo y al contentamiento en todas las áreas de nuestra vida.La Biblia dice en Filipenses 4:11,No que haya pasado necesidad alguna vez, porque he aprendido a estar contento con lo que tengo” (NTV).

El Perdón Individual 

Si no nos hemos perdonado a nosotros mismos, ¿cómo podemos perdonar a los demás? El perdón propio es fundamental, incluso más importante que buscar el perdón de los demás. ¿Alguna vez has buscado el perdón de Dios por tus pecados y aun así te has sentido culpable? A menudo caemos en un ciclo de autocastigo, repitiendo nuestros errores hasta sentirnos indignos no solo del perdón, sino también de las bendiciones, de las respuestas a la oraciones y del amor del Padre celestial.

Según la Biblia, nuestro Padre celestial nos perdona mediante el sacrificio de Su Hijo borrando nuestros pecados “tan lejos como está el oriente del occidente” (Salmo 103:12). Por lo tanto, negarnos a perdonarnos a nosotros mismos es dudar de la eficacia del sacrificio de Cristo. Por eso, para liberarnos de un espíritu no perdonador, debemos reconocer que esto surge del egoísmo, porque en lugar de confiar en el perdón de Dios, confiamos en nuestros propios sentimientos. 
Hoy es un tiempo para humillarnos y confiar en Dios y no en nuestras emociones. La Biblia dice en 1 Juan 1:9, “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad” (NVI).

Albergando Resentimiento 

La frase “véngate de personas que te hirieron en el pasado”, no mejorará en absoluto tu futuro. Al contrario, resalta la importancia del perdón. Este es un concepto ejemplificado de manera poderosa en la historia de José en el libro de Génesis quien a pesar de sufrir numerosos maltratos, optó por perdonar en lugar de aferrarse al resentimiento. Esta actitud perdonadora es una lección invaluable para todos nosotros.

Negarnos a perdonar puede acarrear consecuencias dolorosas, como dificultades para lidiar con el daño recibido y permitir que el resentimiento y la amargura se arraiguen en nuestro ser. Esto afecta negativamente nuestras relaciones, emociones y hasta nuestra salud física. Los sentimientos de desasosiego nos privan del gozo y del contentamiento. Además, pueden dañar nuestra salud emocional y espiritual.

En resumen, el resentimiento puede tener efectos devastadores en todas las áreas de nuestra vida. Por lo tanto, es crucial decirle “no” al resentimiento y optar por el perdón para liberarnos del peso del pasado y para construir un futuro más saludable y lleno de paz. La Biblia dice en Efesios 4:31, “Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia” (NVI).

Placer Pasajero

Todos experimentamos placeres momentáneos en la vida, desde disfrutar un exquisito postre hasta participar en deportes extremos. Sin embargo, no todos los placeres son iguales. Algunos son beneficiosos, mientras que otros son perjudiciales. Algunas personas buscan estos placeres a expensas de su salud o sus relaciones familiares y laborales. Por ejemplo, aquellos que se involucran en relaciones extramatrimoniales o abusan de sustancias adictivas.

Los placeres desordenados surgen frecuentemente de una falta de comunión con Dios. Las decisiones que tomamos hoy pueden privarnos de las bendiciones que Dios tiene para nosotros. Cuando cedemos a la tentación, sacrificamos nuestro futuro por un placer momentáneo. No podemos permitir que nuestras decisiones se basen únicamente en deseos o sentimientos inmediatos, ya que el principio de sembrar y cosechar puede revertirse (Gálatas 6:7). Entonces, ¿Qué estamos sembrando? Porque la cosecha vendrá y en ese momento cosecharemos más de lo que sembramos.
Por lo tanto, es importante ser cauteloso con los placeres momentáneos. De modo que una persona sabia considera las consecuencias negativas futuras al tomar decisiones en el presente. La Biblia dice en 1 de Corintios 10:13, “13 Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir” (NTV).

Rechazando lo mejor

“Con frecuencia, renunciamos a lo mejor por aferrarnos a lo bueno”, un comportamiento arraigado en nuestra naturaleza humana. Este patrón se remonta al huerto del Edén, donde Eva cedió a la tentación de Satanás para determinar su propio camino en lugar de confiar en Dios. Desde entonces, hemos sido propensos a seguir nuestros propios deseos, guiados por intereses egoístas. 

Este enfoque egocéntrico se basa en tres conceptos equivocados. Primero, subestimamos quién es Dios: el creador supremo y soberano redentor que nos libera del pecado a través de la sangre de Su Hijo. Nosotros, como sus siervos, debemos servirle con amor y gratitud. Segundo, ignoramos nuestro propósito: fuimos creados para adorar y servir a Dios, glorificándolo con nuestras vidas. Tercero, no comprendemos el propósito divino en el mundo: Dios está construyendo Su reino y nos ha comisionado para participar en Su obra, sirviendo a otros y proclamando el evangelio.
Rechazar el servicio a Dios equivale a perder una vida llena de bendiciones y significado. Seguir nuestro camino egoísta solo nos lleva a pérdidas mayores y una existencia vacía de propósito. La Biblia dice en el Salmo 37:23, “El Señor afirma los pasos del hombre cuando le agrada su modo de vivir” (NVI).