La Unicidad

En mis días de seminarista, solíamos entonar un canto especial en los cumpleaños que resonaba con estas palabras: “Sabías que eres especial, sabías que tienes un lugar allá en el cielo. No hay nadie como tú, tan especial, con tus defectos y cualidades, como tú no hay”. Aunque pueda parecer un tanto infantil, este canto nos transmitía una poderosa verdad sobre la singularidad con la que Dios nos creó y Su propósito para cada uno de nosotros.

La expresión “defectos y cualidades” que usábamos insinuaba que la persona tenía más cualidades que defectos. Esta canción, en su simplicidad, nos recordaba la profunda verdad de nuestra unicidad ante los ojos de Dios y Su plan personalizado para nosotros.
Dios, en Su inmensurable bondad, nos diseñó a cada uno de manera exclusiva y particular. Esta singularidad nos hace especiales y valiosos, como las piezas de arte únicas que tienen un valor incalculable. En cierto sentido, somos las creaciones más preciadas de Dios, concebidas con un propósito único y una meta final. Representamos la culminación suprema de Su amor y creatividad. Entonces, cada vez que te sientas desanimado o te encuentres comparándote con los demás, recuerda esto: “Eres único para un propósito único que nadie más puede cumplir por ti”. Permitámonos abrazar nuestra singularidad y vivir cada día con la certeza de que somos amados y diseñados por el Creador del universo. La Biblia dice en el Salmo 139:13-14, 13 Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre. 14 ¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!”, (NTV).

Se Cumplirá

Cuenta la historia que Guillermo, príncipe de Orange, ofreció a un caballero honorable un alto cargo en su reino, basándose únicamente en su palabra. El caballero, fiel a sus convicciones, rechazó el documento, declarando: “La palabra de su majestad es suficiente para mí. No deseo servir a un rey en cuya palabra no pueda confiar”.

Esta actitud hacia Dios y Su Palabra debería ser también la nuestra. A menudo buscamos pruebas tangibles de que el Señor cumplirá Sus promesas, olvidando que Su palabra es suficiente. Cuando Dios promete algo, podemos confiar en que lo cumplirá, sin necesidad de cuestionar Su voluntad o Su tiempo.

Nuestra impaciencia a veces nos lleva a pensar que Dios nos ha olvidado, que no nos escucha o que no cumple Sus promesas. Sin embargo, Sus tiempos son perfectos y Sus planes son más altos que los nuestros. Aunque no siempre entendamos Su forma de obrar, Su sabiduría y amor son infinitos.

Por lo tanto, ¿quiénes somos nosotros para cuestionar la Palabra de Dios? Podemos estar seguros de que Él siempre cumplirá lo que ha prometido. La Biblia dice en Números 23:19, “Dios no es un hombre, por lo tanto, no miente. Él no es humano, por lo tanto, no cambia de parecer. ¿Acaso alguna vez habló sin actuar? ¿Alguna vez prometió sin cumplir?, (NTV).

Sin Respiración

¿Has sentido alguna vez que te quedas sin aliento, sin poder respirar correctamente? Es una experiencia común después de un esfuerzo físico intenso, como correr o escalar. Sin embargo, la falta de aliento puede ser más que un simple síntoma de fatiga. Puede indicar problemas de salud subyacentes, como una condición cardíaca o de sobrepeso.

De manera similar, podemos experimentar una falta de aliento espiritual. Esta falta de aliento espiritual puede ser un reflejo de nuestra salud espiritual. Cuando descuidamos las disciplinas espirituales como la oración, la lectura de la Palabra, la meditación y el ayuno, nuestra vitalidad espiritual puede disminuir gradualmente.
En un mundo que a menudo nos deja sin aliento con sus demandas y desafíos, es crucial fortalecer nuestra condición espiritual. Te invito a que ingreses al “gimnasio espiritual” y desarrolles las disciplinas espirituales diarias, progresivas y consistentes. Al hacerlo, fortalecerás tu fe y estarás mejor preparado(a) para enfrentar las dificultades de la vida sin perder tu aliento espiritual. La Biblia dice en Job 33:4, “El Espíritu de Dios me ha creado, y el aliento del Todopoderoso me da vida” (NTV).

Corriendo

Vivimos en una sociedad que vive a prisas. Vivimos en un mundo muy agitado corriendo de un lado hacia otro en un ritmo muy acelerado. Parece ser que estamos corriendo en el día a día, en medio de nuestros afanes, aciertos y desaciertos. Nuestra sociedad ha producido un mundo lleno de personas angustiadas, cargadas, estresadas, frustradas, que como resultado andan afanadas. ¿Eres una de estas personas? En cierta manera, todos somos culpables de esto. Vivimos de aquí para allá, llenos de compromisos que son innecesarios. Vivimos corriendo y corriendo tratando de cumplir con todo de la mejor manera posible. 

Un consejero conocido recomienda los siguientes consejos: Si te encuentras corriendo, lo primero que debes hacer es detenerte para tomar el tiempo para pensar y reflexionar en cómo puedes simplificar tu vida. Lo segundo es comenzar a desintoxicar tu calendario de las cosas que no son importantes. Él menciona que hay cosas que no son importantes y tienden a dañar las cosas que son preeminentes y preponderantes. Al quitar las cosas que no son importantes, le das lugar a las cosas que sí lo son. En tercer lugar, es necesario priorizar todo. Para ello, nuestras relaciones más cercanas deben tomar los primeros lugares. Son buenos consejos, ¿verdad?

Pídele sabiduría a Dios para distribuir bien tu tiempo, honrándole a Él al servirle a los demás. La Biblia dice en Filipenses 4:6, “6 Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios” (LBLA).

Cuando Sientes Que Te Ahogas

“No todas las tormentas vienen para perturbar tu vida, algunas llegan para despejar tu camino. De vez en cuando es bueno dejar que los vendavales se lleven lo que nos hace mal”. La naturaleza nos lo enseña: Las tormentas hacen que los árboles tengan raíces más profundas. Sin lluvia, nada crecería. Así debemos aprender de las tormentas en nuestra vida.

Como dice el refrán: Después de la tormenta, llega la calma. Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes. De la misma manera que ningún mar en calma ha hecho de sus marineros todos unos expertos, nuestra vida nos hará más fuertes, más audaces y mucho más tolerantes al salir victoriosos de las tormentas más fuertes que podamos estar enfrentando.

Si sientes que te ahogas, recuerda que Cristo sabe calmar tormentas. Recuerda que la lluvia no solo moja, también suele pintar los cielos. De modo que, clama a aquel a quienes los mares y vientos le obedecen. La Biblia dice en Lucas 8:25, “Entonces les preguntó: ¿Dónde está su fe?». Los discípulos quedaron aterrados y asombrados. «¿Quién es este hombre? —se preguntaban unos a otros—. Cuando da una orden, ¡hasta el viento y las olas lo obedecen!”, (NTV)

Sin Pena y Sin Escrúpulos

La expresión “sin escrúpulos” resalta la falta de consideración por los demás, la imprudencia y la tendencia a actuar de manera egoísta. Las personas inescrupulosas pueden causarse daño a sí mismas y a quienes las rodean, ya que no tienen cuidado ni con sus acciones, ni con sus palabras.

Es cierto que el ser humano, por naturaleza, puede ser propenso al egoísmo y al pecado. Sin embargo, a través de una vida espiritual y de un compromiso con Dios, podemos encontrar la fuerza y la guía para superar nuestras debilidades y para vivir de una manera más consciente y considerada.
Depender de Dios y tenerle temor nos ayuda a mantenernos en el camino correcto y a actuar con integridad y respeto hacia los demás. Por lo tanto, al cultivar una relación con Dios, podemos encontrar el equilibrio necesario para vivir una vida plena y satisfactoria, sin caer en la imprudencia y el egoísmo que caracterizan a quienes actúan “sin escrúpulos”. Finalmente, el temor a Dios y una vida espiritual nos ayudan a evitar vivir y hablar sin escrúpulos, permitiéndonos vivir de acuerdo con nuestros valores y principios más elevados. La Biblia dice en Proverbios 1:7, “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza”, (RV 1960).

Las Oportunidades Que Se Pierden

“Hay tres cosas que nunca vuelven atrás: una bala disparada, una palabra dicha y una oportunidad perdida”. Esta cita resalta la importancia de valorar y aprovechar las oportunidades que se nos presentan en la vida. Es cierto que a menudo lamentamos las oportunidades perdidas, pero es inútil lamentarse por lo que ya pasó y no se puede cambiar.

Por lo tanto, es crucial reconocer que existen varios factores que pueden robarnos las oportunidades. Por ejemplo, la indecisión, la intranquilidad y el desespero, entre otros. Estos ladrones pueden impedirnos tomar decisiones importantes y actuar cuando se nos presentan oportunidades para crecer y para avanzar en la vida.

Sin embargo, es importante recordar que el mundo está lleno de oportunidades y que cada nuevo día es una oportunidad para comenzar de nuevo y aprender del pasado. La vida misma es una oportunidad, y cada día que se nos concede es una bendición que debemos aprovechar al máximo.
Por eso, no esperes pasivamente a que las oportunidades lleguen a ti, ya que es probable que muchas ya se te hayan presentado. En lugar de eso, vive plenamente, recibe cada día con gratitud y aprende de las experiencias que Dios te ha dado. La mejor oportunidad que tienes es la que está frente a ti en este momento. Así que, no la desperdicies, ni la dejes escapar. Aprovecha cada momento y haz lo mejor con lo que tienes en tus manos. La Biblia dice en Isaías 55:6, Busquen al Señor mientras pueden encontrarlo; llámenlo ahora, mientras está cerca” (NTV).  

El Secreto De Cerrar La Puerta

¿Cuántas veces has literalmente cerrado alguna puerta? Desde el joven que cierra con enojo su cuarto para excluirse en su mundo y en su propia realidad, como aquellos que cierran la puerta para una reunión importante y poder concentrarse en los temas que se han de tratar. Algunas veces hemos cerrado la puerta consciente o inconscientemente. Otras veces a propósito para que no nos vean o para excluir a alguien que no queremos y entre particularmente en donde estamos. Pero, ¿qué decir de las puertas que nos cierran a nosotros? Aquellas que queremos abrir y nadie suele abrirlas. Es decir, las oportunidades por las cuales “tocamos a la puerta” pero parece que nadie sale a abrirla. 

A lo largo de la vida aprendemos que hay puertas que se abren sin siquiera intentarlas abrir. En cambio hay otras que aunque se traten de abrir, nunca se abren. Hay puertas que abrimos deliberadamente y hay otras que cerramos porque si no lo hacemos, lo que entra puede hacernos mucho daño. En cierta manera, la vida es un abrir y cerrar de puertas. 

Sin embargo, hay una puerta que es necesario cerrarla para crecer espiritualmente. Esa es la puerta que deja afuera las distracciones mientras oras a Dios. Cuando cierras la puerta de tu habitación para entrar con Dios en oración, Él abre las ventanas de los cielos y los portones de bendición. La Biblia dice en Mateo 6:6, “Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará en público”, (NVI).

La Polilla En El Corazón

Un hombre trabajó arduamente por muchos años. Este fiel trabajador con frecuencia depositaba billetes de alta denominación en una caja fuerte absteniéndose de muchas cosas y aún de compartir con otros por el celo de guardar sus posesiones hasta el día de su retiro. Todos los días soñaba con el día en que abriría su urna y disfrutaría de sus riquezas.


Con el paso del tiempo al considerar que ya era rico y que era el tiempo de disfrutar de sus haberes, trajo a un cerrajero para que abriera la urna. Tuvo que hacerlo cortando la tapa por medio de un soplete por la parte de arriba para que no viera lo que estaba adentro. Al quedar abierta el hombre despidió al cerrajero y vació la urna esperando encontrar miles de billetes. Muy grande fue su sorpresa al darse cuenta de que su fortuna se reducía a un montón de papelitos sin ningún valor. La polilla se había comido todos los billetes en esa caja. Este hombre se volvió loco y murió poco después sin recobrar la razón. Moraleja: “No ames el dinero”. Te volverás loco. Cuanta razón tiene el Señor Jesucristo cuando dice: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro. allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:l9-21, NTV)

El Amar es una Elección

La afirmación de que “el amor no es algo que te pasa de repente, es una elección y un compromiso” desafía el mito común de que el amor es simplemente un sentimiento espontáneo e incontrolable. Muchos caen en la trampa de creer en el “amor automático”, como si el amor surgiera de manera instantánea. Sin embargo, lo que a menudo se experimenta en esos momentos es simplemente atracción o emociones superficiales, no amor genuino. 

Es importante reconocer que las emociones, las palabras y la atracción pueden ser parte del camino hacia el amor, pero no son amor en sí mismas. El amor es una elección consciente y deliberada, una decisión firme de comprometerse con el bienestar y la felicidad de otra persona. En primer lugar, debemos elegir amar a Dios, ya que Él nos ha dado la libertad de decidir si queremos amarlo o no. Él nunca nos obligará a amarlo, ya que el amor no puede ser forzado, sino que debe ser ofrecido y recibido libremente. Del mismo modo, podemos elegir amar a los demás, pero Dios no nos obligará a amar a nadie.

Cuando comprendemos que el amor es una elección, cambia nuestra perspectiva y nos capacita para amar de manera más profunda y significativa. Nos permite tomar responsabilidad por nuestras acciones y comprometernos genuinamente con las personas que amamos.
Dios nos ama incondicionalmente, y es nuestro privilegio y responsabilidad responder a ese amor eligiendo amarlo a Él y a los demás. Entonces, ¿cómo respondes al amor de Dios? ¿Estás dispuesto a hacer esa elección consciente de amar? La Biblia dice en Deuteronomio 30:20a , Puedes elegir esa opción al amar, al obedecer y al comprometerte firmemente con el Señor tu Dios. Esa es la clave para tu vida…” (NTV).