La Realidad

¡Es toda una realidad! A veces, esta expresión surge de nuestro asombro ante algo que no esperábamos que se convirtiera en una verdad tangible. Sin embargo, muchas personas prefieren evitar su realidad, idealizarla o vivir en una versión ficticia de ella. Pero lo que somos, lo que tenemos y lo que está a nuestro alrededor es, de hecho, nuestra verdadera realidad.

Dios es un Dios de realidades y desea que vivamos plenamente el presente que Él nos permite experimentar. Nada le sorprende, y todo está bajo Su control. Él quiere que aprendamos en medio de nuestra realidad actual: a partir de nuestras decisiones, circunstancias, las personas que nos rodean, nuestros errores, batallas, desafíos, victorias y derrotas.

Además, Dios desea que aprendamos de Su Palabra y que vivamos cada día en dependencia de Él, pero siempre a la luz de la eternidad. Él busca enseñarnos valiosas lecciones y hacer de nuestra realidad una parte integral de Sus propósitos y planes para nuestras vidas.La Biblia dice en 1 Juan 1:6, “Por lo tanto, mentimos si afirmamos que tenemos comunión con Dios pero seguimos viviendo en oscuridad espiritual; no estamos practicando la verdad” (NTV).

¿Cómo Así?

“¿Cómo así?” es una expresión muy común entre los colombianos para cuestionar algo o expresar asombro. En la vida cristiana, como seguidores de Cristo, enfrentaremos muchos “¿cómo asís?”. Habrá momentos inesperados, sorpresas que no estaban en nuestros planes, algunas transformadas en bendiciones y otras que se convertirán en pruebas de fe.

No obstante, estoy convencido de que detrás de cada “¿cómo así?” hay un “así” de parte de Dios. Ese “así” refleja Su voluntad y es lo mejor que tiene preparado para nosotros. La voluntad de Dios no es un peso, sino un lugar de descanso. Job, al enfrentar sus pruebas, lo expresó de forma sublime: “Todo lo que Dios hace es bueno, todo lo que Dios permite es necesario” (Job 2:10). Así que un “¿cómo así?” puede ser el “así” afirmativo de Dios.
¿Estás dispuesto a dejarte sorprender por Su amor eterno e inagotable? ¿Deseas que Su voluntad se cumpla en tu vida? La Biblia dice en el Salmo 40:8, “me complace hacer tu voluntad, Dios mío, pues tus enseñanzas están escritas en mi corazón” (NTV).

Un Fraude

“¡Es todo un fraude!” fueron las palabras de un hombre frustrado que salió de una oficina al lado de un consultorio donde yo esperaba mi cita. Su rostro mostraba decepción y desengaño. Un fraude es algo que parece demasiado bueno para ser verdad, pero que en realidad es deshonesto y no cumple lo que promete.

El primer y más peligroso fraude es el autoengaño. Muchas veces, consciente o inconscientemente, caemos en él. Pero ¿por qué nos engañamos a nosotros mismos? Generalmente, esto ocurre por una percepción incorrecta de quienes somos, una evaluación equivocada de nuestra realidad y un mal uso de nuestros recursos. Es fundamental que trabajemos para no convertirnos en un fraude, ni para nosotros mismos ni para los demás. ¿Cómo podemos evitar el fraude? Siendo honestos, esforzándonos, desarrollando un sentido de lealtad, fomentando una cultura de servicio y viviendo siempre en la verdad.
Dios no quiere que seamos un fraude ni que practiquemos el engaño. Él recompensa la honestidad, la diligencia y la perseverancia. ¿Estás dispuesto a trabajar en ello? La Biblia dice en Levítico 19:11, “No hurtaréis, y no engañaréis ni mentiréis uno al otro(RV1960).

Nueva Normalidad

¿Has escuchado la expresión “Un nuevo normal”? Se refiere a esos cambios inevitables y sorpresivos a los que debemos adaptarnos en la vida. Es una realidad innegable que experimentaremos cambios constantes, algunos esperados y otros no, pero todos forman parte del plan de Dios. Por eso, debemos aprender a vivir bajo un “nuevo normal”.

Por ejemplo, si hemos sufrido la pérdida de un ser querido, debemos enfrentar la realidad de vivir sin esa persona. Si perdemos una relación, aprendemos a vivir sin ella. Si perdemos un negocio o empleo, necesitamos ajustar nuestra realidad para adaptarnos a ese cambio. Incluso cuando no alcanzamos nuestras metas o sueños, enfrentamos un “nuevo normal”. Sin embargo, esta expresión no tiene que ser algo negativo; a menudo, puede representar lo mejor que está por venir, lo que no esperábamos, pero que Dios tenía preparado para nosotros.
Dios nos lleva a “nuevos normales” para mostrar Su gloria y enseñarnos a confiar en Sus promesas. Él desea que descansemos en Su presencia y que vivamos cada día con fe. Recuerda que “un nuevo normal” puede ser parte del plan perfecto que Dios tiene para ti. ¡No te aferres a tu idea de lo que es normal y espera con confianza lo que Dios tiene preparado para tu vida! La Biblia dice en el Salmo 31:15, “Mi futuro está en tus manos; rescátame de los que me persiguen sin tregua, (NTV).

Lo que puede pasar

“Normalmente le damos más importancia a lo que pueda pasar y no a lo que está pasando”. Debemos entender que lo pasado ha huido, el futuro está ausente, pero el presente es nuestro. Por lo tanto una buena postura sería: aprender del pasado, prepararnos para el futuro, pero vivir en el presente. Muchas veces esperamos el momento perfecto. Por el contrario, debemos tomar este momento y hacerlo perfecto. De esta manera el pasado suele ser una experiencia que el presente aprovecha y que el futuro perfeccionará. 

He aquí algunos consejos: no dejes que el pasado te encadene y te torture, aprende de él y no cometerás los mismos errores. Prepárate en el presente e invierte muy bien tu tiempo. No corras, porque de la corrida solo queda el cansancio. Toma consejo de otros que han atravesado por el mismo camino. Permite que Dios te hable en el sendero. Espera con fe lo que viene por delante. Por último, aprende de los niños quienes viven como si no tuvieran pasado ni futuro, pero se gozan del presente, cosa que rara vez nos ocurre a nosotros. Ora al Señor y dile: “En tus manos están mis tiempos”. La Biblia dice en Oseas 12:6, “Y tú, vuelve a tu Dios,
practica la misericordiay la justicia, y espera siempre entu Dios” (LBLA).

Contando las Lecciones

“Cuenta tus lecciones, no tus pérdidas”. Esta perspectiva es crucial, ya que tendemos a enfocarnos en lo que perdemos y no en lo que aprendemos durante nuestras pérdidas. El verdadero error es aquel del que no extraemos ninguna enseñanza. Entonces, ¿por qué no transformar nuestras fallas en lecciones? ¿Por qué no valorar todas las lecciones que surgen de nuestros errores más grandes y batallas más difíciles? Una maestra me enseñó una vez: “La vida es una buena profesora; si no aprendes la lección, te la repetirá tantas veces como sea necesario hasta que la entiendas”. Por lo tanto, siempre tenemos la posibilidad de convertir nuestras pérdidas aparentes en valiosas lecciones.

Así, la vida nos presenta varias lecciones, pero depende de nosotros aprenderlas. Como dicen: “Por más consejos que se den, muchas veces solo se aprende a través de los golpes y las pérdidas en la vida”. Lamentablemente, lo que nos duele y nos cuesta suele ser el mejor maestro. Por eso, necesitamos renovar nuestra mente, tratar de reducir los problemas, corregir los errores y guardar solo los momentos que enriquecen nuestra existencia.
Así que, “cuenta tus lecciones y no solo tus pérdidas”. Te aseguro que esta mentalidad te ayudará a crecer en todas las áreas de tu vida. La Biblia dice en el Salmo 32:8, “El Señor dice: «Te guiaré por el mejor sendero para tu vida; te aconsejaré y velaré por ti”, (NTV).

Preparar Y No Reparar

La frase “Prepara, no repara” nos recuerda la importancia de la preparación en nuestras vidas, ya que muchas veces terminamos reparando lo que no preparamos. Albert Einstein mencionó: “La vida es una preparación para el futuro; y la mejor preparación para el futuro, es vivir como si no hubiera ninguno”. Esto implica que debemos vivir un día a la vez, planificando con sabiduría y confiando en el futuro. No se trata de suerte, como algunos dicen, sino de prepararnos adecuadamente. Como alguien expresó: “La suerte es el cruce de la preparación y la oportunidad”.

La preparación, según la RAE, es “la disposición o arreglo de las cosas necesarias para un fin determinado”, mientras que la reparación es “arreglo de una cosa estropeada, rota o en mal estado”. Ambas acciones involucran “arreglar”, pero una se enfoca en anticipar y la otra en corregir lo que no se preparó.Dios, en Su infinita sabiduría, preparó Su creación para cumplir Sus propósitos. Aunque el pecado trató de desviar esos propósitos, Jesús vino a reparar lo que había sido dañado. Él es experto en restaurar lo que parecía perdido, y Su deseo es darnos un nuevo significado y prepararnos para la vida eterna que nos espera. La Biblia dice en Lucas 12:35, 35 Estad siempre preparados ymantenedlas lámparas encendidas” (LBLA).

Un Viaje Diferente

¿Has pensado en hacer algo diferente para salir de la rutina diaria que tanto te domina? Prueba algo que no has probado. Si no te gusta algo es porque lo has probado, no porque lo desestimaste. Siempre da lo mejor de ti donde estés. Lo que se planta ahora, se cosechará más tarde. Esta es una ley natural que rige tanto a buenos como a malos. Escribe en tu corazón que cada día es el mejor día del año. Vive un día a la vez, aprendiendo del pasado, disfrutando el presente y esperando expectante el futuro. 

No tengas miedo de caerte, porque el que se queda en el miedo, nunca emprende un viaje exitoso. Recuerda que un viaje de mil millas comienza con un solo paso y el resto del viaje es un montón de pasos pequeños. Camina paso a paso pero planea correr cuando sea necesario. No te quedes atascado en el primer obstáculo, es más, espera con ansias los obstáculos para que cuando estos lleguen estés preparado para enfrentarlos. 

Cree que todo lo puedes en Cristo y estarás en la mitad del camino. Sobre todo recuerda que nadie puede volver atrás y hacer un nuevo comienzo, sin embargo, cualquiera puede comenzar a partir de ahora y hacer un nuevo final. 

La Biblia dice en el Salmo 37:3, “Confía en el Señor y haz el bien; establécete en la tierra y mantente fiel” (NTV).

La Realidad de la Soledad

La soledad ha sido objeto de crueles palabras por parte de algunos. Es descrita como la asesina de relaciones, la promotora de la depresión, la catalizadora de sueños no realizados, y la propulsora de aquellos que luchan por relacionarse con los demás. Otros la han etiquetado como algo negativo, característico de aquellos que son diferentes y optan por apartarse.

Permíteme ofrecerte otra perspectiva sobre la soledad. ¿Qué sería de nosotros sin ella? Sin la soledad, no podríamos meditar, planificar, evaluar o mejorar. No podríamos escuchar la voz íntima de nuestro ser. No podríamos abrazar la sabiduría y tomar decisiones conscientes sin interrupción alguna. No podríamos encontrar la calma emocional necesaria para relacionarnos con otros. Tampoco podríamos buscar perdón, ya sea de Dios, de nosotros mismos o de los demás.

En este sentido, la soledad también es un don divino. Así como la vida adquiere significado al ser compartida en comunidad, también lo hace en los momentos de profunda soledad. Acepta esos momentos solitarios y permite que Dios te hable en cada uno de ellos. Te aseguro que nunca serás el mismo(a) después de ello.

La Biblia dice en el Salmo 25:16-18, “Vuélvete a mí y ten misericordia de mí, porque estoy solo y profundamente angustiado. Mis problemas van de mal en peor, ¡oh, líbrame de todos ellos! Siente mi dolor, considera mis dificultades y perdona todos mis pecados, (NTV).

Sentimientos Cambiantes

Nuestros sentimientos son cambiantes, por eso no podemos basarnos en ellos. Como leí recientemente: “La gente cambia, los sentimientos cambian, las cosas cambian, pero la vida sigue, y para poder avanzar, hay que aceptar y soltar”. Uno de los desafíos recurrentes para el ser humano es lidiar con sus propios sentimientos. Sin embargo, los sentimientos son un signo de que estamos vivos y de que somos diferentes a las máquinas. Como alguien dijo: “Los sentimientos son aquellos que nos recuerdan que estamos vivos, que somos más que máquinas y que tenemos corazón”. ¡Es una gran verdad!

Los sentimientos pueden convertirse en un obstáculo, ya que no desaparecen fácilmente; nuestra memoria sigue alimentándolos. Por eso, debemos trabajar en nuestros pensamientos para controlar nuestras emociones. La frustración surge porque intentamos cambiar nuestros sentimientos sin cambiar primero los pensamientos que los alimentan.

Trabajemos en nutrir nuestros pensamientos para poder transformar nuestros sentimientos. De lo contrario, nuestros sentimientos seguirán siendo cambiantes y frustrantes. La Biblia dice en el Salmo 139:23, “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce los pensamientos que me inquietan” (NTV).