La Fidelidad que Permanece

Al concluir este mes, es oportuno reflexionar sobre la fidelidad de Dios en cada etapa de nuestra vida. A lo largo de las Escrituras, vemos cómo Dios ha sido constante en Su amor y en Sus promesas hacia Su pueblo.​

Por ejemplo, Moisés, al final de su vida, le recordó al pueblo de Israel que Dios había sido su refugio y protector en todo momento. Esta verdad sigue siendo relevante hoy. Dios es nuestro refugio eterno y Su fidelidad no cambia.​

Por lo tanto, al cerrar este mes, agradece a Dios por Su fidelidad. Reconoce Su mano en cada logro, en cada desafío superado y en cada bendición recibida.​

De modo que, entra en el nuevo mes con confianza, sabiendo que el mismo Dios que te ha sostenido hasta ahora, continuará guiándote y fortaleciéndote.​ La Biblia dice en Lamentaciones 3:22-23: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad” (RV1960).

La Sabiduría en la Decisión

Salomón, al comenzar su reinado, no pidió riquezas ni poder, sino sabiduría para gobernar al pueblo con justicia. Dios, complacido con su petición, le concedió no solo sabiduría, sino también bendiciones adicionales.​ 

Este relato nos enseña la importancia de buscar la sabiduría divina en nuestras decisiones. En un mundo lleno de opciones y caminos, necesitamos la guía de Dios para tomar decisiones que honren Su voluntad.​

Por consiguiente, antes de tomar decisiones importantes, acude a Dios en oración. Pide Su dirección y confía en que Él te mostrará el camino correcto.​Así que, valora la sabiduría por encima de las riquezas o el éxito. La sabiduría divina te conducirá a una vida plena, significativa y llena de propósito.​ La Biblia dice en Proverbios 3:5-6: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (RV1960).

La Gracia que Transforma

El testimonio de Juan Newton, autor del himno “Sublime Gracia”, es un poderoso recordatorio del poder transformador de la gracia de Dios. Antiguo traficante de esclavos, su encuentro con Cristo cambió radicalmente su vida, llevándolo a convertirse en un ferviente defensor de la abolición de la esclavitud.​

La gracia de Dios no solo perdona, sino que transforma. No importa cuán lejos hayamos caído; Su amor tiene el poder de redimir y renovar. Cada historia de redención es un testimonio de Su misericordia infinita.​

Por lo tanto, si sientes que tus errores te definen, recuerda que en Cristo hay una nueva identidad esperándote. Su gracia es suficiente para cubrir tu pasado y darte un futuro lleno de propósito.​De modo que, permite que la gracia de Dios transforme tu vida. Ríndete a Su amor y experimenta la libertad que solo Él puede ofrecer.​ La Biblia dice en 2 Corintios 5:17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (RV1960).

La Esperanza que Renueva

En tiempos de exilio y desolación, el profeta Jeremías escribió una carta al pueblo de Israel, recordándoles que, a pesar de las circunstancias, Dios tenía planes de bienestar y esperanza para ellos. Les instó a establecerse, a buscar el bienestar de la ciudad y a confiar en las promesas divinas.​

Esta exhortación sigue vigente hoy. En medio de desafíos y pruebas, Dios nos llama a mantener la esperanza viva, confiando en que Sus planes son para nuestro bien. La esperanza en Dios no es una ilusión, sino una certeza basada en Su fidelidad.​

Por ende, si te encuentras en una etapa difícil, no pierdas la esperanza. Dios está obrando, incluso cuando no lo percibes. Sus promesas son firmes, y Su amor, inquebrantable.​Así que, renueva tu esperanza cada día, alimentándola con la Palabra y la oración. Dios es especialista en transformar el dolor en propósito y la prueba en testimonio.​ La Biblia dice en Jeremías 29:11: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” (RV1960).

La Paz en Medio de la Tormenta

Durante una travesía en barco, el Señor Jesús y Sus discípulos enfrentaron una tormenta violenta. Mientras las olas azotaban la embarcación, Jesús dormía tranquilamente. Alarmados, los discípulos lo despertaron, y Él, con autoridad, calmó el viento y el mar.​

Esta escena revela una verdad profunda: la presencia de Jesús no garantiza la ausencia de tormentas, pero sí asegura paz en medio de ellas. Su autoridad sobre las circunstancias nos invita a confiar, incluso cuando todo parece desmoronarse.​

Por consiguiente, si atraviesas momentos de incertidumbre o dificultad, recuerda que Jesús está contigo en la barca. Su presencia es tu ancla y Su Palabra, tu seguridad.​

Así que, en lugar de ceder al temor, aférrate a la fe. Permite que la paz de Cristo gobierne tu corazón, sabiendo que Él tiene el control absoluto.​La Biblia dice en Marcos 4:39: “Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza” (RV1960).

La Fuerza de lo Oculto

Durante la construcción del Puente Golden Gate en San Francisco, se invirtieron meses en instalar los cimientos bajo el agua antes de que los primeros cables fueran visibles en la superficie. Lo interesante es que la parte más importante de la estructura, la que sostiene todo lo demás, quedó completamente oculta. Sin embargo, sin ella, el puente jamás se habría sostenido.

Del mismo modo, en la vida espiritual, muchas de las cosas que realmente nos fortalecen no se ven a simple vista: la oración en lo secreto, el carácter formado en el silencio, la fe que crece en las pruebas. Dios trabaja en lo profundo antes de exponer lo visible.

De modo que, si hoy te encuentras en una etapa donde parece que nada está avanzando, no lo tomes como un retroceso. Tal vez Dios está cimentando tu vida con raíces firmes para que el fruto futuro sea duradero.Recuerda: lo que está oculto ante los ojos humanos puede ser lo más firme a los ojos de Dios. La Biblia dice en Mateo 6:6: “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (RV1960).

Cuando lo Mejor Llega Después

Beethoven comenzó a perder el oído en su juventud. Llegó a componer sus más grandes obras sin poder escuchar su propia música. Cuando se estrenó su Novena Sinfonía, el público aplaudió de pie, pero él no lo oyó. Fue una mujer la que lo tocó suavemente y le señaló la ovación. Solo entonces entendió que su obra había tocado el alma de una generación.

Muchas veces, nuestras mayores contribuciones no son plenamente visibles mientras las vivimos. Pero Dios no necesita que lo sientas todo para usarte. A veces, lo mejor que Dios produce en ti ocurre cuando más silencio parece haber.

Así que, no interpretes la ausencia de aplausos como ausencia de propósito. Dios sigue componiendo, aunque tú no escuches la melodía completa aún. Recuerda lo siguiente: “lo eterno no siempre se aplaude aquí, pero resuena allá”.La Biblia dice en Gálatas 6:9: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (RV1960).

El Legado Invisible

En una pequeña comunidad en África Occidental, un pastor local sirvió por más de treinta años sin ver grandes multitudes ni reconocimientos. Cuando murió, se descubrió que más de 100 pastores activos habían surgido directa o indirectamente de su influencia. Ninguno había sido formado por casualidad; todos habían sido discipulados por su ejemplo.

No todos los frutos se ven en esta vida y no todo legado se mide por cifras o plataformas. El Reino de Dios se expande en silencio, en la fidelidad constante de aquellos que siembran donde otros no quieren ir.

Así que, si hoy sientes que tu trabajo para Dios es “invisible”, recuerda que estás sembrando más de lo que imaginas. A veces no verás la cosecha, pero alguien la recogerá gracias a tu obediencia.Por eso, sigue enseñando, sirviendo, orando. Tu recompensa no está en manos humanas, sino en el cielo. La Biblia dice en 1 Corintios 15:58: “Estad firmes y constantes… sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (RV1960).

Cuando Dios Habla en lo Inesperado

En el año 2022, un joven japonés no vidente fue guiado por su perro por las rutas del Monte Fuji. La prensa internacional lo siguió con asombro. Al llegar a la cima, dijo: “Aunque no vi el paisaje, sentí cada paso, y eso me bastó”. Su experiencia nos recuerda que Dios no siempre se revela con visiones, sino con dirección firme en medio de nuestra limitación.

Elías esperó oír a Dios en el viento fuerte, el terremoto y el fuego. Pero el Señor se manifestó en un silbo apacible. Muchas veces buscamos a Dios en los lugares espectaculares, pero Él decide hablar en lo inesperado: un susurro, una conversación, una canción, una pausa, etc. 

Así que, si sientes que no lo ves, no concluyas que está ausente. Tal vez te está guiando de manera más íntima de lo que imaginas.No todo lo que se siente es real, y no todo lo real se siente. Dios está contigo. La Biblia dice en 1 Reyes 19:12: “Y tras el fuego un silbo apacible y delicado” (RV1960).

El Peso de una Palabra de Ánimo

Un maestro de secundaria escribió una sola frase en la libreta de su alumno más problemático. Las palabras decían: “Creo en ti”. Décadas más tarde, ese alumno, ya adulto y exitoso, compartió en una conferencia: “Esa fue la primera vez que alguien me miró con esperanza. No cambié de inmediato, pero esa frase nunca se me borró”.

Las palabras tienen poder. Pueden levantar o destruir, sanar o herir, sembrar vida o sembrar miedo. Jesús habló y los ciegos vieron, los muertos se levantaron y los corazones se encendieron. Una sola palabra Suya bastaba.

Así también, tus palabras hoy pueden ser la diferencia entre alguien rendido y alguien que vuelve a intentar. No necesitas discursos largos; a veces un “te valoro”, “sigo orando por ti”, o “no estás solo(a)”, es suficiente.Por eso, cuida lo que sale de tu boca. Usa tu voz para sembrar fe, para recordar promesas, para edificar el alma de otros. La Biblia dice en Proverbios 25:11: “Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene” (RV1960).