La Escuela Bajo el Árbol

En el año 2005, el periódico The Nation de Malawi contó la historia del maestro Thomas Chirwa, quien, sin un edificio escolar, comenzó a dar clases bajo la sombra de un árbol enorme en su aldea. Con una pizarra portátil y unas pocas tizas, enseñaba lectura, matemáticas y pasajes bíblicos a niños que, de otra forma, no tendrían acceso a la educación.

Lo notable era su constancia: cada mañana, sin importar la estación, reunía a sus alumnos y empezaba la jornada con oración. Las lecciones no solo formaban mentes, sino también corazones.

Años más tarde, varios de esos niños se convirtieron en maestros, pastores y líderes comunitarios, y todos recordaban “la escuela bajo el árbol” como el lugar donde aprendieron que el conocimiento y la fe pueden crecer juntos.No siempre se necesita un aula perfecta para transformar vidas. Lo que se necesita es un corazón dispuesto y un mensaje que cambie destinos. Dios puede usar cualquier “árbol” de tu vida como aula para enseñar a otros. La Biblia dice en Proverbios 22:6: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (RV1960).

El Hospital Flotante

En 1978, la organización misionera Mercy Ships lanzó su primer barco hospital, el MV Anastasis, para llevar atención médica gratuita a comunidades costeras sin acceso a hospitales. Los archivos de Mercy Ships International registran que, en una de sus primeras misiones al Pacífico Sur, atendieron a una mujer que llevaba más de una década sin poder caminar debido a una infección no tratada.

Con antibióticos y fisioterapia, la paciente recuperó la movilidad y volvió caminando a su aldea. Lo más impactante fue que pidió una Biblia para aprender más sobre el Dios de quienes la habían ayudado. Un voluntario comentó: “Ella no solo volvió a caminar físicamente; caminó hacia una nueva vida en Cristo”.

Así es el Señor: llega al “puerto” de nuestra necesidad con provisión para el cuerpo y para el alma. A veces Su ayuda parece llegar por mar, otras por tierra o aire, pero siempre arriba en el momento justo.

Tal vez hoy estás esperando un “barco” que traiga respuesta. Confía, porque Dios sabe dónde encontrarte.La Biblia dice en el Salmo 107:20: “Envió su palabra, y los sanó, y los libró de su ruina” (RV1960).

La Biblia y el Huracán

En septiembre del año 1960, el huracán Donna golpeó los Cayos de Florida con vientos de más de 260 km/h. Las crónicas del Miami Herald documentaron su paso devastador: casas destruidas, barcos hundidos y familias enteras sin hogar. Entre ellas estaba James Wright, quien, al regresar a lo que quedaba de su vivienda, encontró solo escombros… excepto por su Biblia familiar, intacta y abierta en el Salmo 46: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”.

Wright declaró al periódico que aquel versículo fue un mensaje directo de Dios en el momento más oscuro de su vida. Esa misma noche, reunió a vecinos que habían perdido todo para leer juntos el pasaje y orar. Muchos dijeron que esas palabras fueron un refugio emocional cuando no quedaba refugio físico.

Las tormentas físicas y espirituales son inevitables. Algunas arrancan techos; otras, esperanza. Pero la Palabra de Dios es el ancla que no se mueve, aun cuando todo lo demás se derrumbe. Si ella está firme en tu vida, ninguna tormenta te arrastrará lejos de Su presencia.

La Biblia dice en Salmos 46:1: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” (RV1960).

Agua que Salva

Hace algunos años un pozo artesanal construido por misioneros en la región de Turkana, Kenia, cambió la historia de varias aldeas nómadas. Antes del pozo, las mujeres caminaban más de 10 kilómetros diarios para recoger agua turbia, que muchas veces enfermaba a sus hijos. El pozo, excavado con herramientas simples y con ayuda local, proporcionó agua limpia y constante por décadas.

Años más tarde, en una sequía severa, ese mismo pozo se convirtió en la única fuente de agua de la región, salvando vidas humanas y ganado. Los ancianos de la comunidad contaron que lo consideraban “el regalo más grande que Dios nos envió”.Así como el agua física sostiene el cuerpo, el agua espiritual que Cristo ofrece da vida eterna. En un mundo sediento de esperanza, nuestra misión es apuntar a la fuente verdadera. La Biblia dice en Juan 4:14: “…el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás” (RV1960).

Hospital en la Selva

En 1960, la misionera médica Helen Roseveare trabajaba en un hospital improvisado en el entonces Congo Belga. Una noche, una mujer murió al dar a luz, dejando a un bebé prematuro y a su pequeña hija huérfana. Sin incubadora y con pocas provisiones, el equipo necesitaba urgentemente una botella de agua caliente para mantener al bebé con vida.

Mientras buscaban una solución, una niña del orfanato oró en voz alta: “Señor, mándanos una botella de agua caliente hoy, y una muñeca para la hermana, para que sepa que la amas”. Esa misma tarde llegó un paquete desde Inglaterra que contenía, entre otras cosas, una botella de agua caliente… y una muñeca. El paquete había sido enviado cinco meses antes.

Roseveare contó más tarde que esa oración aumentó la fe de todos los presentes, recordándoles que Dios no solo conoce nuestras necesidades urgentes, sino que ya trabaja en la respuesta antes de que pidamos.La Biblia dice en Isaías 65:24: “Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído” (RV1960).

El Vuelo de la Esperanza

En el año 1960, un avión DC-3 de la Misión Aérea de Sudán transportaba medicinas y alimentos a aldeas remotas cuando sufrió una falla en pleno vuelo. El piloto, Bill Cameron, misionero australiano, logró planear el avión y aterrizar de emergencia en una estrecha franja de tierra junto a un río. Ninguno de los pasajeros resultó herido y toda la carga llegó intacta.

Lo sorprendente es que, horas después, lugareños contaron que habían orado esa mañana pidiendo ayuda urgente, pues la aldea estaba al borde de quedarse sin suministros. El aterrizaje forzoso fue la respuesta inesperada: el avión quedó justo en el lugar donde más lo necesitaban.

Este hecho, registrado en los informes de la misión, sigue siendo un testimonio de que Dios puede usar incluso lo que parece un accidente para cumplir Su propósito. No siempre entendemos la ruta, pero podemos confiar en que el piloto de nuestra vida sabe dónde aterrizar.La Biblia dice en Romanos 8:28: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien…” (RV1960).

Corazón en el Aire

En un vuelo internacional en 2018, un pasajero sufrió un grave ataque cardíaco a mitad del océano. Entre los pasajeros se encontraba el Dr. Zhang Hong, cardiólogo chino, quien no tenía a mano el equipo médico habitual. Usando pajillas, cinta adhesiva y una máscara de oxígeno, improvisó un dispositivo para mantener la respiración y circulación del paciente por más de siete horas, hasta que el avión aterrizó.

La situación exigía rapidez, creatividad y valentía. Zhang pudo haber esperado a que otros actuaran, pero entendió que el momento de ayudar era ese. Su acción salvó la vida del pasajero y mostró que, aun con recursos limitados, un corazón dispuesto puede hacer una diferencia eterna.En nuestra vida espiritual, muchas veces nos encontramos “en vuelo”, sin todo lo que quisiéramos para ayudar. Sin embargo, Dios nos equipa con lo esencial: Su amor, Su Espíritu y oportunidades concretas para servir. La Biblia dice en 1 Juan 3:18: “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (RV1960).

El Niño del Puente

En el año 1939, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, un joven británico llamado Nicholas Winton organizó una operación de rescate para salvar a niños judíos de Checoslovaquia. Con apenas 29 años y recursos limitados, logró coordinar trenes y permisos para llevar a más de 600 niños a salvo hasta Inglaterra. Uno de esos pequeños, con apenas seis años, lo llamó “el puente que me llevó de la muerte a la vida”.

Décadas más tarde, en un programa de televisión, Winton fue sorprendido al descubrir que estaba rodeado de adultos que él había salvado siendo niños. Todos se pusieron de pie y las lágrimas y abrazos llenaron la sala.

Dios nos llama a ser puentes entre la desesperanza y la salvación, entre el peligro y la seguridad. A veces ese puente se construye con palabras de ánimo, otras con acciones concretas y sacrificadas.Quizás hoy tengas la oportunidad de tender un puente para alguien que lo necesita. Hazlo, aunque no recibas reconocimiento inmediato. La Biblia dice en Proverbios 3:27: “No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo” (RV1960).

Sin Días Malos

“¡No he tenido un buen día en mucho tiempo!” fue el comentario de un señor en el aeropuerto recientemente. Además, añadió: “Parece que hay más días malos que buenos”. Al escucharle, me puse a pensar en mi respuesta. Mi primera reacción fue decirle: “No hay días malos, solo días en los que necesitamos confiar más en Dios”. El señor me miró intensamente y pensé que mi comentario podría no haber sido bien recibido, pero luego me dijo: “Cuéntame de ese Dios, tal vez es lo que necesito”. Así empezó una conversación amena sobre la fe. Antes de abordar el avión, dijo: “Ya lo entendí, no hay días malos, solo días para aprender de Dios”.

La Biblia nos enseña que cada día es una oportunidad para confiar en Él, porque Sus misericordias se renuevan cada mañana, y Su amor nunca se agota. Cada día nos brinda nuevas oportunidades y desafíos que nos acercan más a Dios.
¿Recibirás cada día como un regalo de Su parte? Recuerda, no hay días malos, sino lecciones diarias de Su amor y fidelidad. La Biblia dice en el Salmo 23:6, “Ciertamente tu bondad y tu amor inagotable me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor viviré por siempre” (NTV).

La Paz en Medio del Caos

En un concurso de arte, se pidió a los participantes que ilustraran la paz. La mayoría pintó paisajes tranquilos, pero la obra ganadora mostraba una tormenta feroz, con rayos y vientos y un pequeño nido protegido por una roca donde un pájaro descansaba en calma. Esa es la paz verdadera: no la ausencia de problemas, sino la confianza en Dios en medio de ellos.

Dios nos promete una paz que sobrepasa todo entendimiento, una paz que no depende de nuestras circunstancias. Cuando entregamos nuestras cargas a Él y confiamos en Su soberanía, podemos experimentar tranquilidad, incluso en las situaciones más caóticas.Entonces, ¿qué tormentas estás enfrentando hoy? Lleva tus preocupaciones a Dios en oración y permite que Su paz guarde tu corazón y mente. Descansa en la seguridad de que Él está en control. La Biblia dice en Filipenses 4:7: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (RV1960).