Puestos los ojos en Jesús

¿En quién o en dónde pones tu mirada? Hay personas que ponen su mirada en las cosas pasajeras, en los problemas del día a día, en las circunstancias adversas, en los recursos, en las relaciones, en sus tantas ocupaciones, en fin, en muchas cosas que roban el enfoque y la dirección. La expresión “poner la mirada” significa poner el enfoque.

Se ha comprobado que donde se pone el enfoque, consciente o inconscientemente, es hacia donde eventualmente se avanza y se suele llegar. Alguien bien lo dijo: “Enfócate en lo que deseas y verás llegar las oportunidades”. El poner los ojos en lo correcto determina mucho de nuestra realidad. El enfoque es entonces una habilidad que puede convertirse en un hábito por medio de la práctica y el control. Pero, ¿qué tal si te enfocas no solo en lo temporal, sino también en lo eterno, en lo trascendente y en lo duradero? ¿Qué tal si te enfocas no solo en algo, sino en alguien? ¿Qué tal si te enfocas en Jesús?

Te aseguro que si te enfocas en Jesús, tu vida tendrá significado, trascendencia y llegarás a vivir por la eternidad. La Biblia dice en Hebreos 12:2, “2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (RV1960).

El Pozo Que Dio Agua en el Silencio

En 2015, tras un devastador terremoto en Nepal, gran parte del sistema de agua potable colapsó. Sin embargo, en el distrito de Sindhupalchok, un pozo cavado por misioneros cristianos décadas antes seguía funcionando. Mientras los manantiales naturales fallaban, ese pozo sostenía a cientos de familias. El alcalde local lo describió como “una fuente de vida escondida para tiempo de necesidad”. El hecho fue reportado por múltiples medios de comunicación. 

Cuando todo colapsa, lo que permanece es lo que ha sido cavado con profundidad. Así también, una vida anclada en la Palabra y la oración resiste terremotos emocionales, espirituales y físicos.

Tal vez hoy tu entorno se ha derrumbado. Pero si tu pozo está fundado en Cristo, aún puedes sacar vida. Aunque haya silencio en la superficie, la gracia fluye en lo profundo.La Biblia dice en Juan 4:14: “…el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás” (RV1960).

El Soldado que Llevó una Cruz en Secreto

Durante la Guerra de Vietnam, el capitán Gerald Coffee pasó más de siete años como prisionero de guerra en la tristemente célebre prisión de Hoa Lo, conocida como el “Hanoi Hilton”. En su celda, talló una pequeña cruz en la pared con un fragmento de metal. Esa cruz se convirtió en su ancla espiritual. Años después, al ser liberado, relató su historia en su libro Beyond Survival y en conferencias internacionales.

La cruz no estaba en una iglesia, ni en su cuello, sino grabada en la soledad de una celda. Aun en el cautiverio, Dios estaba presente. No hay lugar donde la cruz de Cristo no pueda ser plantada como en la cárcel, en la enfermedad o en la ansiedad.

Tú también puedes tallar una cruz en medio de tu oscuridad. No como símbolo de derrota, sino de esperanza. La cruz no solo recuerda lo que Cristo sufrió, sino lo que venció.La Biblia dice en 1 Corintios 1:18: “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan… es poder de Dios” (RV1960).

La Mujer que Cantó con las Manos

Helen Keller, nacida en 1880, quedó sorda y ciega a los 19 meses. Sin embargo, gracias a su maestra Anne Sullivan, aprendió a leer, escribir y hablar con la ayuda del alfabeto manual. Keller llegó a graduarse con honores en la universidad y se convirtió en autora, conferencista y defensora de personas con discapacidad. En su autobiografía y discursos afirmó: “Aunque mis ojos no pueden ver, mi alma sí canta”.

Su historia, documentada por múltiples biografías y reconocida internacionalmente, es un testimonio de que las limitaciones no determinan el valor, ni impiden el propósito de Dios. Helen no escuchaba melodías, pero su vida fue una sinfonía de impacto.

Quizá tú sientes que has perdido algo esencial: visión, fuerza, relaciones. Pero aún puedes cantar con el alma. Dios no necesita todos tus sentidos para usarte. Solo un corazón dispuesto.La Biblia dice en Isaías 42:16: “Guiaré a los ciegos por camino que no sabían… delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz” (RV1960).

El Piano que Sobrevivió la Guerra

Durante la Segunda Guerra Mundial, un piano Steinway fue encargado especialmente por el ejército estadounidense para ser enviado a las tropas en el Pacífico. Construido en 1942 con materiales resistentes y sin partes metálicas que pudieran oxidarse, este piano sobrevivió condiciones extremas en zonas de combate. Fue transportado por paracaídas, usado en hospitales de campaña, y se convirtió en símbolo de consuelo en medio de la guerra. Hoy está preservado en el Museo de Steinway & Sons en Nueva York.

Este instrumento no tocaba conciertos glamorosos, sino melodías de consuelo entre soldados heridos y médicos agotados. La música no eliminaba el dolor, pero lo abrazaba. El piano sobrevivió, no porque fue protegido, sino porque fue usado.Así también, tu vida tiene un propósito en medio del campo de batalla. Aunque golpeado por circunstancias, Dios puede usarte para traer armonía en medio del caos. Tu fidelidad suena en el cielo, incluso si nadie aplaude aquí. La Biblia dice en 2 Corintios 4:7: “Tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros” (RV1960).

La Botella que Flotó con Propósito

En el año 1914, un soldado británico llamado Private Thomas Hughes escribió una carta a su esposa antes de morir en la Primera Guerra Mundial. La colocó dentro de una botella y la lanzó al mar mientras navegaba hacia Francia. La botella fue hallada por un pescador noruego ¡85 años después! La hija del soldado, que nunca conoció a su padre, recibió la carta en 1999. Este hecho fue reportado por la BBC y otros medios internacionales.

Una carta lanzada al mar sin garantía de destino, encontró su camino casi un siglo más tarde. Así también es la oración: la lanzamos al “mar de lo invisible”, confiando en que Dios sabrá cuándo y cómo responder. Aunque pasen años, nada de lo que confías al cielo se pierde.Tal vez hoy te sientes como esa botella: a la deriva. Pero Dios sabe exactamente dónde estás y cuándo hará que tus oraciones lleguen al “puerto” adecuado. Él no olvida tu clamor, ni tu fe. La Biblia dice en Apocalipsis 5:8: “…tenían copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos” (RV1960).

El Refugio que Abrazó a Militares y a Enemigos

En el año 1940 cuando en el pequeño pueblo de Le Chambon-sur de Lignon en Francia, un pastor protestante llamado André Trocmé lideró a su comunidad para esconder a miles de judíos perseguidos por los nazis. Bajo la ocupación alemana, este pueblo rural ofreció refugio, alimentos y documentos falsos a quienes huían del Holocausto. En sus memorias, Trocmé escribió: “No sabemos hasta cuándo podremos protegerlos, pero mientras lo podamos hacer, lo haremos en el nombre de Cristo”. Este hecho fue reconocido por Yad Vashem, el memorial del Holocausto en Israel ha sido documentado por múltiples historiadores.

Le Chambon no tenía grandes recursos, pero tenía compasión. Sus habitantes eligieron obedecer la conciencia en lugar del miedo. No solo protegieron a los inocentes, sino que reflejaron el carácter del Evangelio: hospitalidad valiente, amor práctico y fe sin excusas.Hoy tal vez tú no escondes fugitivos, pero puedes abrir tus puertas al que sufre, al que duda, al que necesita consuelo. La verdadera fe no solo se predica: se vive con actos concretos de misericordia. La Biblia dice en Hebreos 13:2: “No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles” (RV1960).

El Niño que Rescató a su Hermana

En el año 2006, en Pensilvania, un niño de 9 años llamado Tyler Doohan murió salvando a seis miembros de su familia en un incendio. Entró y salió varias veces de la casa en llamas, guiando a sus familiares hacia la salida. Su último intento fue para buscar a su abuelo discapacitado. Ambos murieron juntos. El departamento de bomberos local lo honró como un verdadero héroe.

Tyler no tenía entrenamiento, ni fuerza, ni edad para asumir tal responsabilidad, pero sí tenía amor. El amor lo impulsó a arriesgarlo todo por otros. Así también el Señor Jesús dijo: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”.

Hoy, el amor verdadero no siempre requiere morir, pero sí entregarse. Se entrega en tiempo, en perdón, en servicio. No subestimes tu capacidad de marcar vidas cuando actúas con amor.La Biblia dice en Juan 15:13: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (RV1960).

El Hombre que Caminó con su Enemigo

Durante la Segunda Guerra Mundial, el teniente alemán Friedrich Lengfeld se convirtió en símbolo de humanidad en medio del conflicto. En 1944, mientras luchaba escuchó a un soldado estadounidense herido clamando desde el campo minado. Contra las órdenes, salió desarmado para intentar salvarlo. Fue alcanzado por una mina y murió en el intento. Décadas más tarde, veteranos americanos erigieron un monumento en su honor, el único dedicado a un soldado enemigo en un cementerio estadounidense.

Lengfeld no salvó al herido físicamente, pero salvó su dignidad. Su acto trasciende banderas: es un reflejo de lo que significa “amar al enemigo”. El Señor Jesús lo dijo con claridad: “Ama a vuestros enemigos”.

Amar cuando es fácil no revela el corazón de Dios. Amar al adversario, orar por el que te hiere, servir al que no lo merece… ahí comienza el milagro. Quizás hay alguien hoy que no espera amor de ti, pero sí lo necesita.

La Biblia dice en Mateo 5:44: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen…” (RV1960).

 El Panadero que No Cerró

Durante el llamado Blitz en Londres entre 1940 y 1941, los bombardeos alemanes destruyeron gran parte de la ciudad. En medio del caos, muchos negocios cerraron. Sin embargo, panaderos locales, como los documentados por el Imperial War Museum, decidieron seguir horneando de madrugada para proveer alimento a soldados y civiles. Uno de ellos dijo: “Mientras haya pan, habrá esperanza”.

En tiempos de guerra, seguir con lo cotidiano puede parecer insignificante. Pero cuando lo cotidiano se hace con fe, se vuelve sagrado. También hoy, tu oración silenciosa, tu servicio fiel, tu trabajo escondido es pan que sostiene a otros. El apóstol Pablo lo dijo claro: no nos cansemos de hacer el bien, aunque nadie lo vea.

Quizá sientes que tu esfuerzo espiritual es invisible o inútil. No lo es. Dios está usando tu fidelidad como alimento para otros. Cada acto de obediencia es un pan recién salido del horno del Espíritu. Sigue sembrando.La Biblia dice en Gálatas 6:9: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (RV1960).