Servir en medio del caos

Cuando la pandemia del 2020 paralizó al mundo, muchas iglesias cerraron sus puertas para reuniones, pero algunas las abrieron para otra misión: repartir comida a los hambrientos. No tenían abundancia, pero compartieron lo poco que había y alcanzó para miles de familias.

Un voluntario lo expresó así: “No podíamos resolver todos los problemas, pero sí podíamos ser las manos de Dios para alguien”. Ese gesto encendió esperanza en los que recibían y en los que daban.

Servir en tiempos difíciles es contracultural. El mundo nos enseña a guardar para nosotros; el Evangelio nos llama a compartir aun en la escasez, porque servir no depende de lo que sobra, sino del amor que sobreabunda en Cristo.

Hoy puedes ser la respuesta a la oración de alguien. A veces un plato de comida, una llamada o una palabra de ánimo es todo lo que Dios necesita para tocar un corazón. De modo que, no subestimes lo que significa ser las manos de Dios en medio del caos. La Biblia dice en Gálatas 6:9: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (RV1960).

Cantar en medio del dolor

Las cárceles no siempre tienen barrotes de hierro. A veces son de preocupaciones, deudas, soledad o enfermedad. Sin embargo, en medio de esas prisiones, en lo último que pensamos es en cantar. Pero el canto tiene poder porque conecta nuestro espíritu con el cielo.

La Biblia narra que Pablo y Silas, encarcelados injustamente, decidieron orar y cantar a medianoche. Los demás presos los escuchaban. Ese canto no solo abrió puertas físicas, sino que encendió esperanza en los corazones.

En el año 1967, Martin Luther King Jr. fue encarcelado tras una protesta pacífica. Según reportes, comenzó a entonar himnos en su celda y pronto otros se unieron. Lo que debía ser un lugar de desesperanza se convirtió en un coro de fe.
De modo que, tus canciones también pueden romper cadenas. No porque cambien de inmediato tu situación, sino porque cambian lo que pasa dentro de ti. Cantar es declarar: “No estoy vencido, mi confianza sigue en Dios”. Entonces, ¿Te atreves hoy a cantar en medio de tu dolor? La Biblia dice en Hechos 16:25: “Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían” (RV1960).

La oración en la sala de espera

El hospital estaba en silencio. Solo se escuchaban pasos rápidos de enfermeras y el tic-tac de un reloj. En medio de ese ambiente, una madre de rodillas repetía entre lágrimas: “Señor, cumple tu propósito en él”. Su hijo luchaba por su vida en una cirugía de emergencia.
Horas después, el médico salió y dijo: “Está estable. El peligro ha pasado”. La madre abrazó a su familia y lloró de alivio. Más tarde, el joven comentó que lo último que recordaba antes de desmayarse fue la voz de su mamá orando. Eso le dio paz en medio del dolor.

Las salas de espera son lugares donde la fe se prueba de manera cruda. Allí descubrimos que la oración no siempre cambia las circunstancias de inmediato, pero siempre cambia nuestro corazón. La oración nos conecta con Dios y nos recuerda que no estamos solos.
Quizás hoy estés esperando un diagnóstico, una respuesta o una puerta abierta. Sin embargo, que tu oración sea más fuerte que tu ansiedad. La fe que ora es la fe que descansa.

La Biblia dice en Filipenses 4:6-7: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios… y la paz de Dios… guardará vuestros corazones” (RV1960).

La linterna en la oscuridad

En julio de 1977, la ciudad de Nueva York quedó paralizada por un apagón total. Según relató The New York Times, miles quedaron atrapados en el metro. Entre ellos, una mujer recordó que un pasajero encendió una pequeña linterna. Esa luz, aunque mínima, fue suficiente para guiar a un grupo entero hasta la salida. Lo que parecía insignificante se convirtió en esperanza. Nadie habló de cuánta oscuridad había, sino de la luz que alguien se atrevió a encender.

Así es nuestra fe. Tal vez pienses que tu luz es muy débil, que tu testimonio no impacta tanto. Pero en las manos de Dios, tu luz puede ser la guía que otro necesita para salir del túnel de la desesperanza. De modo que, no necesitas alumbrar toda la ciudad, solo ser fiel en el tramo donde Dios te puso.

Hoy el mundo necesita menos quejas sobre la oscuridad y más creyentes que se atrevan a brillar. Tu pequeña luz puede ser el milagro de alguien más. La Biblia dice en Mateo 5:16: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (RV1960).

El regalo de un amanecer

Un joven me dijo una vez: “Pastor, no entiendo por qué desperté hoy. Todo sigue igual en mi vida”. Lo miré y le respondí: “¿Te das cuenta de que abrir los ojos ya es un regalo? Dios te dio un día más porque aún no ha terminado contigo”.
Cada amanecer es una carta abierta de Dios que dice: “Todavía tengo planes para ti”. El sol no pide permiso para brillar, simplemente aparece. Así son las misericordias del Señor: se renuevan cada mañana, aunque la noche anterior haya sido oscura.

Quizá hoy sientes que no tienes rumbo o que tu vida perdió sentido. Pero si aún respiras, es porque tu historia no ha concluido. Dios sigue escribiendo capítulos de gracia en tus días, aunque tú solo veas puntos suspensivos.

A veces el mayor milagro no es un cambio inmediato en nuestras circunstancias, sino el recordatorio de que seguimos aquí, sostenidos por Su fidelidad. Cada día es un “nuevo comienzo” disfrazado de rutina. ¿Decidirás ver tu día no como una carga, sino como un regalo? La Biblia dice en Lamentaciones 3:22-23: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos… nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad” (RV1960).

La Carta que Cambió un Juicio

En el año 1987, el periódico de Houston relató el caso de un joven acusado de robo cuya vida cambió por una carta. El juez que llevaba el caso recibió una misiva de un pastor local asegurando que conocía al joven, que este se había arrepentido y que la iglesia lo apoyaría en su rehabilitación.

Conmovido, el juez decidió otorgar libertad condicional supervisada en lugar de prisión. Años después, aquel joven se convirtió en predicador itinerante, llevando su testimonio a prisiones y comunidades vulnerables.

A veces, una palabra de intercesión abre una puerta que parecía cerrada para siempre. En las manos de Dios, una carta puede ser el inicio de una historia de redención.

La Biblia dice en Santiago 5:20: “Sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma…” (RV1960).

El Sermón Bajo la Lluvia

En abril del año 2011, en Bulawayo, Zimbabue, el pastor Samuel Dube predicaba en una reunión al aire libre cuando una fuerte tormenta sorprendió a todos. Según informó The Chronicle, en lugar de dispersarse, la congregación permaneció bajo la lluvia, mientras Dube continuaba empapado, proclamando el mensaje.

Ese día, decenas entregaron su vida a Cristo. Algunos testigos afirmaron que lo que más les impactó no fue el sermón en sí, sino la perseverancia del predicador bajo el aguacero, como símbolo del amor de Dios que no se detiene ante las dificultades.Nuestro compromiso con el Evangelio se evidencia cuando seguimos adelante aunque el clima, literal o figurado, sea adverso. No se trata de comodidad, sino de fidelidad. La Biblia dice en 2 Timoteo 4:2: “Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo…” (RV1960).

El Pan del Milagro

En el año 1994, durante una crisis alimentaria en Etiopía, la misionera Ruth Wallace trabajaba en Addis Abeba junto a una iglesia local. El periódico Addis Zemen registró que, al agotarse las reservas de harina, solo quedaba para hornear pan suficiente para un día. Wallace decidió usarla de todas formas, compartirla con todos y confiar en que Dios proveería.

Esa misma tarde, un camión que había tomado una ruta equivocada llegó cargado de víveres, enviado por otra organización cristiana. El conductor, sorprendido, dijo que su destino original estaba a más de 100 kilómetros, pero un desvío inesperado lo llevó allí.

Los presentes compararon el momento con la multiplicación de los panes en los Evangelios. Wallace lo resumió así: “Dios no se olvidó de nosotros; solo estaba preparando nuestra fe para recibir su respuesta”.Cuando parece que el recurso no alcanza, Dios demuestra que su provisión no tiene límites. La Biblia dice en Filipenses 4:19: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (RV1960).

La Lámpara en la Cueva

En enero del año 1983, seis excursionistas quedaron atrapados en la cueva Hidden River en Kentucky, debido a una crecida repentina. Según reportó un periódico local, el grupo estuvo horas buscando salida en total oscuridad. Uno de ellos, David Collins, llevaba una pequeña lámpara de queroseno. Esa luz, aunque débil, fue suficiente para guiarlos paso a paso hasta encontrar una salida secundaria.

Collins declaró que, en medio de la oscuridad absoluta, aquella llama era “como la misma presencia de Dios guiándonos a salvo”. Sin ella, habrían esperado a rescate, con el riesgo de que el nivel del agua siguiera subiendo.

La Palabra de Dios actúa de la misma manera. A veces parece una luz pequeña frente a la inmensidad de la oscuridad que nos rodea, pero es suficiente para llevarnos al camino seguro. No subestimes la luz que Dios ha puesto en ti: aunque parezca pequeña, puede salvar vidas.La Biblia dice en Salmos 119:105: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (RV1960).

El Perfecto Amor

¿Has fracasado en el amor? ¿Te han roto el corazón? ¿Han traicionado tu confianza? ¿Han subestimado tu vida y te han causado mucho dolor? Si la respuesta a algunas de estas preguntas es sí, entonces, este mensaje es para ti. 

Aunque el ser humano sea egoísta, traicionero y orgulloso por naturaleza, aún se puede creer en el amor. 

Dios es amor y el que ha conocido a Dios puede conocer el verdadero amor. Su amor es infinito, incondicional e inquebrantable. Su amor es eterno, es inmensurable y muchas veces indescriptible.    

Pero, si tu corazón ha sido roto, Dios también lo puede sanar. Él es experto en sanar las heridas más profundas del alma. Jesús fue traicionado, vituperado, maltratado y subestimado. Sin embargo, nunca dejó de amar a los demás. Es más, Su amor fue tanto que lo llevó a al cruz pagando por las ofensas de todos como su hubiera sido un criminal. 
El amor de Dios es perfecto y colma nuestras imperfecciones. Su amor es real, constante y sorprendente. De modo que aunque hayas fracasado en el amor, Él te puede restaurar, levantar y dar una nueva oportunidad. ¿Conoces de este tipo de amor? La Biblia dice en 1 Juan 4:18, “ 18 sino que el amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor” (NIV)