Juan el Bautista no predicó desde un templo decorado, sino desde un desierto silencioso. Dios suele levantar voces en lugares donde nadie espera revelación. En una temporada llena de ruido, agendas y compras, la voz de Dios puede perderse entre distracciones que drenan el alma. De modo que hoy presta atención a esa “voz en el desierto” que te invita a preparar el camino del Señor Jesús.
Además, Juan no llamó a decorar el exterior, sino a enderezar el corazón. La verdadera preparación espiritual no empieza con luces ni villancicos, sino con un arrepentimiento humilde que hace espacio para la presencia divina. Así pues, identifica hoy aquello que necesita enderezarse: un hábito, una actitud, una prioridad. El desierto, cuando se entrega a Dios, se convierte en taller de transformación.
Permite que la voz del Espíritu te guíe a un Adviento más profundo, menos superficial, más rendido. Allí comienza el verdadero camino hacia la Navidad.
La Biblia dice en Marcos 1:3: “Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas”. (RV1960).