Los pastores eran considerados gente común, casi invisibles para la sociedad. Dios escogió a los menos esperados para anunciarles primero el nacimiento del Salvador. No obstante, en una cultura que idolatra lo grande, lo visible y lo exitoso, el gozo profundo sigue visitando corazones humildes, no agendas llenas. De modo que hoy recibe esta verdad con gratitud. El cielo se acerca a quienes no pretenden brillar, sino obedecer.
Además, la humildad no se trata de pensar menos de ti, sino de mirar más a Dios. Así pues, cuando reconoces tu necesidad, el gozo se vuelve más accesible, porque ya no cargas el peso de ser suficiente. Los pastores no ofrecieron discursos, solo disponibilidad; y eso fue suficiente para recibir la gloria celestial.
Por lo tanto, permite que la humildad abra tu corazón al gozo que viene de lo alto. El Señor Jesús sigue revelándose a quienes escuchan con sencillez y responden con fe. La Biblia dice en Lucas 2:10: “No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo…”. (RV1960).