Hacer espacio para lo eterno

No fue que no hubiera lugar en Belén; fue que nadie hizo espacio. Dios no se ausenta por falta de poder, sino por falta de disponibilidad. Aún hoy llenamos la vida de prisa, ruido y preocupaciones que desplazan lo eterno. De modo que hoy pregúntate con honestidad: ¿qué está ocupando el lugar que solo Cristo debería habitar? El corazón siempre adora algo; la pregunta es a quién le estás cediendo el centro.

Hacer espacio para Dios no es añadir otra actividad; es reordenar el corazón. Implica soltar lo que compite con Su presencia como el control excesivo, la comparación constante o el miedo al mañana. Así pues, elige un gesto concreto. Es decir, apaga la pantalla unos minutos, respira, abre la Biblia y di: “Señor Jesús, aquí hay lugar para Ti”. Luego escucha. A veces, la respuesta de Dios llega como convicción suave y como paz firme.

La Navidad comienza de nuevo donde Cristo es recibido.
La Biblia dice en Juan 1:12: “A todos los que le recibieron… les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. (RV1960).

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