Después del canto vino el camino. La fe verdadera se prueba cuando la celebración termina. María y José regresaron a lo cotidiano llevando al Salvador, y esa es la invitación para ti. Es fácil dejar a Cristo en el pesebre y seguir igual. Entonces, pregúntate hoy: ¿qué cambió en mi vida que Jesús haya venido? Si nada cambia, quizá solo celebraste una fecha y no recibiste al Rey.
La Navidad no es solo emoción; es dirección. Además, si Cristo habita en ti, algo debe reorganizarse como tus palabras, tus prioridades y tu trato con los demás. Así pues, elige una obediencia concreta “post-navideña”. Por ejemplo, reconcíliate, sirve en silencio, comparte con generosidad, perdona con firmeza y busca a alguien que este solo(a). Además, lo que celebras con la boca, confírmalo con la vida. Incluso un gesto sencillo puede convertirse en un testimonio de esperanza, porque la fidelidad cotidiana es el lenguaje más creíble. De modo que Cristo no sea un evento en tu calendario, sino el centro de tu andar. La Biblia dice en Colosenses 3:17: “Y todo lo que hacéis… hacedlo en el nombre del Señor Jesús…”. (RV1960).