Cerrar el año puede sentirse como mirar un álbum: algunas páginas brillan y otras duelen. Hay gratitud, pero también hay múltiples pendientes, pero Dios no te pide cerrar con perfección, sino con honestidad. De modo que hoy mira el año sin miedo y con fe. Agradece lo bueno, reconoce lo aprendido y entrega lo que aún pesa. No obstante, no te hables con crueldad porque la gracia también evalúa con ternura.
Además, incluso lo difícil puede convertirse en maestro cuando lo pones en las manos del Señor Jesús. Así pues, haz un ejercicio simple. Escribe algunos motivos de gratitud y una lección que no quieres olvidar. Luego suelta una carga. Por ejemplo, una culpa, una comparación o una herida vieja, ya que no estás llamado(a) a cargarlo todo al próximo año. La gracia te permite mirar atrás sin condenarte y mirar adelante sin presionarte. Así pues, cierra este año bendiciendo lo que Dios hizo, aunque no fue perfecto.
Mira hacia atrás con gratitud y mira hacia adelante con confianza. El Dios fiel sigue escribiendo tu historia.
La Biblia dice en Salmos 66:16: “Venid, oíd… y contaré lo que ha hecho a mi alma”. (RV1960).