Lo nuevo de Dios no entra donde todo está ocupado, porque para recibir un nuevo comienzo, el corazón necesita espacio. Sin embargo, muchos piden “un año diferente” sin soltar lo viejo que los ata. Así que, prepara tu interior con humildad. Suelta lo que te drena y abraza lo que te forma. A veces, lo viejo no es malo; solo es pesado, y lo pesado te cansa sin darte fruto.
Además, lo nuevo de Dios no siempre llega con ruido; llega con dirección. De modo que, entrégale al Señor Jesús tus planes, tus temores y tus expectativas. Pídele discernimiento para elegir mejor, constancia para obedecer y mansedumbre para esperar. También, decide una práctica espiritual concreta para enero como la lectura bíblica, oración al despertar, descanso intencional y servicio regular. Lo nuevo se recibe por gracia, pero se cultiva con disciplina.
Recuerda que la disciplina no es castigo; es amor en práctica y cuando caigas, retómalo de nuevo. La gracia también es reinicio. Además, haz espacio y verás lo que Dios puede hacer cuando el corazón está disponible.
La Biblia dice en Isaías 43:19: “He aquí que yo hago cosa nueva…”. (RV1960).