El año termina, pero Dios permanece. Así es, cruzamos un umbral sin saber lo que vendrá, pero sabiendo quién va con nosotros. El corazón humano quiere controlar el futuro para sentirse seguro y esa ansiedad roba nuestra paz. De modo que hoy entrega el mañana al Señor Jesús y cierra el año con una fe consciente. La fe no adivina; la fe descansa y esa confianza te vuelve libre.
Haz una oración sencilla como: “Señor, gracias por sostenerme. Perdona lo que debo soltar y guíame a lo que debo obedecer”. Además, bendice el nuevo año con intención. Declara vida sobre tu familia, sabiduría sobre tus decisiones y compasión sobre tu trato con los demás. No entres al próximo año solo con metas; entra con rendición. De modo que tu agenda sea obediencia y tu ritmo sea gracia y recuerda, la paz no nace del control, sino de la confianza en un Dios fiel y cercano.
Finalmente, cruza el umbral con esperanza. Recuerda que el Dios que te guardó ayer también te guardará mañana. La Biblia dice en Salmos 121:8: “Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre, amén”. (RV1960).