Dirección, no ruido

Los primeros días del año suelen llenarse de voces: expectativas ajenas, comparaciones silenciosas, presiones internas. Sin darnos cuenta, el corazón se satura antes de haber avanzado. Por eso, más que entusiasmo, este momento necesita dirección. No todo deseo es llamado, y no toda oportunidad es propósito.

Dios no suele gritar direcciones; las afirma con claridad serena. Caminar con Él implica aprender a discernir, no solo a desear. Este día es oportuno para revisar tus anhelos con honestidad espiritual: ¿qué viene de Dios y qué nace del temor?, ¿qué te forma y qué solo te distrae? Cuando sometes tus deseos a la voluntad del Señor Jesús, dejan de ser carga y se convierten en camino.

La dirección divina no siempre aclara todo de inmediato, pero sí ordena el corazón y cuando el corazón está ordenado, las decisiones pesan menos. Entrégale a Dios tus planes antes de ejecutarlos. Pregunta más, escucha más y espera más. La obediencia temprana evita confusiones largas.Este año no necesita más ruido; necesita pasos guiados.
La Biblia dice en Proverbios 16:3: “Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados”. (RV1960).

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