Muchos inician el año esperando grandes cambios, pero Dios suele comenzar con pequeños actos de fidelidad. No con giros espectaculares, sino con decisiones constantes que parecen sencillas. La fe madura entiende que lo profundo casi nunca es ruidoso.
Un hábito breve sostenido en el tiempo, una oración diaria aunque sea corta, una obediencia silenciosa cuando nadie observa: ahí Dios forma carácter. El problema no es empezar pequeño; el problema es menospreciar lo pequeño. El Señor Jesús trabaja con procesos, no con atajos y lo que hoy parece insignificante puede convertirse en la base de una transformación duradera.
Este día, elige algo simple y comprometido. No te prometas perfección; comprométete a constancia. Cuando falles, vuelve. La gracia no cancela el proceso; lo sostiene. Dios no mide el avance por velocidad, sino por fidelidad. Lo pequeño en manos de Dios nunca es irrelevante. La Biblia dice en Zacarías 4:10: “Porque los pequeños comienzos no deben ser menospreciados”. (RV1960).