Todo nuevo comienzo pide algo a cambio: soltar. No se puede avanzar cargando todo. Muchos entran al año nuevo con expectativas frescas, pero con manos llenas de culpas viejas, comparaciones innecesarias y presiones ajenas. Ese peso no viene de Dios.
Soltar no es negar lo vivido; es confiarlo. Este día, nombra delante del Señor Jesús aquello que necesitas dejar atrás: una herida no resuelta, una voz que te definió mal, una exigencia que nunca fue tuya. Cuando sueltas, no pierdes; haces espacio para la gracia.
Avanzar con manos libres cambia la manera de caminar. La fe se vuelve más ligera, la obediencia más clara y la esperanza más real. Dios no te pide cargar el pasado para demostrar madurez; te pide entregarlo para poder sanar.
No empieces el año defendiendo pesos viejos. Empiézalo confiando. La Biblia dice en Hebreos 12:1: “Despojémonos de todo peso…”. (RV1960).