La fe no siempre se anuncia; se nota. Se percibe en la forma de hablar, de reaccionar, de tratar a otros cuando nadie aplaude. Una fe viva no necesita escenario, necesita coherencia. Por eso, este día es una invitación a revisar no solo lo que crees, sino cómo lo vives.
La fe visible se expresa en paciencia cuando hay presión, en mansedumbre cuando hay conflicto y en verdad cuando hay tentación de aparentar. No es perfección, es integridad. El Señor Jesús no busca demostraciones, busca corazones sinceros que vivan alineados con lo que profesan. Cuando la fe se encarna en la vida diaria, se convierte en refugio para otros.
Hoy, permite que una decisión concreta refleje tu fe: una respuesta amable, una renuncia necesaria, un acto de obediencia discreto. La fe crece cuando se practica, y aunque nadie lo note, Dios sí lo ve. Él honra lo que se vive con honestidad. Vive de tal manera que tu fe sea reconocible. La Biblia dice en Santiago 2:17: “La fe, si no tiene obras, está muerta”. (RV1960).