Hay días en los que nada extraordinario ocurre y aun así son decisivos. La vida espiritual no se define solo por grandes momentos, sino por la atención diaria con la que caminamos. Permanecer atentos es una disciplina que protege el corazón del descuido y la fe de la rutina. Cuando dejamos de estar atentos, comenzamos a vivir en automático, reaccionando más de lo que discernimos.
Estar atentos no significa vivir tensos, sino presentes. Por eso, implica escuchar antes de responder, observar el interior antes de decidir y reconocer la voz de Dios en lo sencillo. El Señor Jesús llamó a velar no desde el temor, sino desde el amor, porque quien ama cuida lo que se le ha confiado. De modo que la atención espiritual afina el oído, suaviza las palabras y ordena los pasos, permitiendo que nuestras decisiones nazcan de la sabiduría y no de la prisa.
Hoy, practica una atención intencional. Haz una pausa antes de hablar; ora antes de elegir; examina tu interior con honestidad. Dios suele hablar en lo que damos por sentado. Así que, cuando vives atento, incluso lo cotidiano se convierte en terreno sagrado y el alma aprende a reconocer la presencia de Dios con mayor claridad.
Permanece atento. Dios está obrando más cerca de lo que imaginas. La Biblia dice en Marcos 13:33: “Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo”. (RV1960).