Elegir gratitud

La gratitud no depende de que todo esté en orden; nace de una decisión interior. Agradecer cuando la vida fluye es natural, pero agradecer cuando el camino pesa es un acto profundo de fe. Por eso, la gratitud no niega el dolor, sino que impide que el dolor gobierne el corazón. Cuando eliges agradecer, reconoces que Dios sigue siendo bueno aun en medio de lo incompleto.

La gratitud reordena la mirada. Nos enseña a identificar la gracia escondida en lo cotidiano y a recordar que no caminamos solos. El Señor Jesús dio gracias aun sabiendo lo que vendría después. De modo que, agradecer no siempre cambia la circunstancia, pero sí transforma a quien agradece. La queja endurece el alma, pero la gratitud la vuelve sensible a la obra de Dios.

Detente un momento y nombra con intención aquello por lo que puedes dar gracias como una provisión recibida, una persona fiel, una lección aprendida o una fuerza que apareció cuando ya no la tenías. Practica la gratitud como disciplina diaria y no solo como emoción ocasional. Recuerda que donde hay gratitud, la fe respira y la esperanza se fortalece. Elige agradecer hoy. La gracia se multiplica cuando es reconocida. La Biblia dice en 1 Tesalonicenses 5:18: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”. (RV1960).

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