Perseverar sin endurecerse

No todo el que persevera lo hace bien. Algunos siguen adelante, pero con el corazón endurecido, con la paciencia desgastada y con la ternura ausente. Es decir, se cumple, se resiste y se avanza, pero se ha perdido la sensibilidad. Por eso, perseverar con salud espiritual implica cuidar no solo el paso, sino el espíritu con el que se camina.

Dios no busca resistencia vacía, sino fidelidad acompañada de amor. El Señor Jesús perseveró en medio del rechazo sin perder la compasión. De modo que, cuando la perseverancia se desconecta del amor, se convierte en carga. Recuerda que Dios renueva fuerzas no solo para seguir, sino para seguir con el corazón sano.

Tal vez el cansancio ha comenzado a afectar la manera en que respondes, confías o amas. Por lo tanto, no lo ignores. Llévalo a Dios con honestidad. Perseverar no es negar el desgaste, sino entregarlo. Allí la gracia suaviza lo que la presión ha endurecido. Así que, sigue caminando, pero cuida tu interior. La Biblia dice en Gálatas 6:9: “No nos cansemos, pues, de hacer bien…”. (RV1960).

Escuchar a Dios en medio del ruido

El ruido no siempre grita; muchas veces se instala silenciosamente. Por ejemplo, pensamientos acumulados, agendas saturadas y preocupaciones constantes terminan ahogando la voz que más necesitamos escuchar. Por eso, escuchar a Dios exige algo más que atención; requiere disposición para hacer espacio. Dios sigue hablando, pero no compite con el ruido.

El Señor Jesús buscaba lugares apartados para orar. No por evasión, sino por claridad. Sabía que la dirección nace en la quietud. De modo que, cuando no escuchamos a Dios, no siempre es porque Él calle, sino porque nosotros en realidad estamos llenos. El ruido confunde, pero la voz de Dios ordena.

Quizá sea necesario apagar algunas distracciones, reducir estímulos o recuperar momentos de silencio. No para oír algo nuevo, sino para volver a oír lo esencial, porque Dios no empuja ni acelera; Él guía con fidelidad. Además, cuando Su voz se reconoce, el corazón encuentra descanso y dirección. Por eso, haz espacio para escuchar. La Biblia dice en Isaías 30:21: “Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él”. (RV1960).

Un corazón alineado

Comenzar no siempre es avanzar. A veces es corregir el rumbo. Muchos inician un nuevo mes con buenas intenciones, pero sin revisar el corazón y eso termina desviando incluso los mejores planes. Por eso, antes de correr, es sabio detenerse y permitir que Dios alinee lo interior porque un corazón alineado no es impecable, pero sí rendido.

En cambio, cuando el corazón se desordena, las decisiones se vuelven pesadas y la fe se fragmenta. El Señor Jesús siempre priorizó la comunión con el Padre antes de la acción. De modo que, alinear el corazón no retrasa el propósito; al contrario, lo endereza. Allí la obediencia deja de ser forzada y la paz vuelve a ocupar su lugar.

Tal vez haya distracciones acumuladas, motivaciones mezcladas o cansancio que no se han expresado. Preséntalo todo a Dios con honestidad, porque no se trata solo de cambiar hábitos, sino de permitir que Él reordene los afectos. Un corazón alineado escucha con claridad, ama con libertad y camina con firmeza. De modo que, comienza este mes desde adentro. La Biblia dice en Proverbios 4:26: “Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos”. (RV1960).