Amistades que edifican

Las amistades influyen más de lo que solemos admitir. Con el tiempo, las voces cercanas moldean decisiones, actitudes y aun la fe. Por eso, no toda amistad edifica, aunque sea cercana. Las amistades sanas no solo acompañan; también orientan, corrigen y fortalecen el alma.

El Señor Jesús eligió con intención a quienes caminarían con Él. Compartió la vida, pero también marcó límites. De modo que, una amistad que edifica es aquella que anima sin adular y confronta sin humillar, porque no se trata de perfección, sino de una dirección compartida que apunta a Dios y a la verdad.

Quizá sea necesario revisar qué amistades te acercan a Dios y cuáles te distraen de Él. No desde el juicio, sino desde el discernimiento. Por eso, pedir sabiduría para elegir bien también es un acto de amor propio y espiritual. Así que, rodéate de quienes te impulsen a crecer en fe, carácter y fidelidad delante de Dios.
La Biblia dice en Proverbios 27:17: “Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo”. (RV1960).

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