Cuando el amor necesita límites

No todo límite es una señal de frialdad. En muchos casos, es la forma más clara de amar con sabiduría. Algunas relaciones se desgastan no por falta de afecto, sino por ausencia de límitessaludables. Cuando todo se permite, el amor se diluye; en cambio, cuando se ordena, se fortalece.


El Señor Jesús amó profundamente, pero nunca permitió que las expectativas ajenas definieran Su misión. Supo retirarse, decir no y establecer prioridades sin culpa. De modo que, los límites no alejan a quienes aman bien. Al contrario, ellos revelan la madurez del amor, porque amar sin límites suele confundir responsabilidad con dependencia.


Quizá has sentido culpa por marcar distancia, proteger tu tiempo o cuidar tu corazón. Sin embargo, poner límites no es rechazar; es preservar lo que Dios quiere guardar. El amor sano sabe hasta dónde dar y cuándo detenerse. Por eso, permite que Dios ordene tus afectos y te enseñe a amar con claridad.
Así que, ama con límites sabios, porque el amor que se ordena permanece. La Biblia dice en Proverbios 4:23: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón…”. (RV1960).

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