Cuidar el corazón

El corazón es el centro desde donde nacen las decisiones, los afectos y la manera de responder a la vida. Por eso, descuidarlo tiene consecuencias que no siempre se notan de inmediato, pero que con el tiempo se hacen evidentes. Cuidar el corazón no es aislarse, sino discernir con sabiduría lo que permitimos que lo forme.

El Señor Jesús enseñó que lo que habita en el interior termina manifestándose en palabras y acciones. De modo que, cuidar el corazón es una disciplina espiritual constante, no una reacción momentánea. Cuando el corazón se llena de resentimiento, temor o distracción, la fe se debilita; cuando se guarda con verdad, la vida se ordena.

Tal vez has permitido que preocupaciones acumuladas, heridas no tratadas o pensamientos repetidos se instalen silenciosamente. Detente y preséntalos a Dios. Un corazón cuidado aprende a escuchar mejor, responde con mayor sabiduría y camina con paz aun en medio de la presión.

Por eso, permite que Dios examine y renueve tu interior cada día, sabiendo que un corazón sano sostiene una fe firme. La Biblia dice en Salmos 139:23–24: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón… y guíame en el camino eterno”. (RV1960).

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