La oración constante no es repetición vacía; es dependencia sostenida. Orar con constancia mantiene el corazón alineado con Dios y sensible a Su dirección. La oración no cambia solo las circunstancias; transforma al que ora.
El Señor Jesús oró con regularidad, aun cuando estaba rodeado de demandas. De modo que, la constancia en la oración no surge de la urgencia, sino de la relación. Cuando la oración se descuida, la fe se debilita.
Tal vez has orado solo cuando la necesidad aprieta. Retomar la constancia fortalece la comunión con Dios. Orar constantemente es reconocer que necesitamos a Dios en todo momento.
Por eso, persevera en la oración, confiando en que Dios escucha y responde conforme a Su voluntad.
La Biblia dice en Romanos 12:12: “Perseverantes en la oración”. (RV1960).