Fe que madura

La fe no siempre crece a través de experiencias espectaculares. Muchas veces madura en la rutina, en decisiones cotidianas y en procesos prolongados donde Dios trabaja silenciosamente.

El Señor Jesús formó a Sus discípulos gradualmente. No evitó toda dificultad; les enseñó a confiar en medio de ella. Así ocurre también hoy: la fe madura se caracteriza más por estabilidad que por entusiasmo momentáneo.

Quizá no experimentas la intensidad espiritual de otras etapas. Eso no necesariamente indica retroceso. Con frecuencia significa que la fe se está volviendo más profunda, más firme y menos dependiente de emociones.

Por eso, abraza el proceso que Dios está usando para fortalecer tu interior. La madurez espiritual produce una paz que no depende de las circunstancias.
La Biblia dice en Hebreos 10:36: “Os es necesaria la paciencia, para que… obtengáis la promesa”. (RV1960).

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