Un agricultor sabe que el crecimiento no ocurre de manera instantánea. Después de sembrar la semilla, debe esperar mientras la tierra hace su trabajo silencioso. Aunque no vea resultados inmediatos, confía en que algo está ocurriendo debajo de la superficie.
El Señor Jesús utilizó precisamente esa imagen para describir el crecimiento del Reino de Dios. La semilla germina y crece, muchas veces sin que el sembrador entienda completamente cómo sucede. La vida espiritual también pasa por procesos. Algunas respuestas llegan rápido; otras requieren tiempo. En esos momentos la fe aprende a confiar aun cuando los resultados todavía no son visibles.
Los procesos no son retrasos inútiles. Con frecuencia son la manera en que Dios fortalece el carácter y prepara lo que vendrá. Quien aprende a confiar en el proceso desarrolla una fe más profunda, más estable y humilde.
Así que no te desalientes si algunas cosas tardan más de lo esperado. Dios sigue obrando incluso cuando el crecimiento todavía no se ve. La Biblia dice en Filipenses 1:6: “El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará…”. (RV1960).