En 1888, el inventor Alfred Nobel leyó por error su propio obituario publicado en un periódico. En él lo describían como “el mercader de la muerte” por la invención de la dinamita. Aquella experiencia lo confrontó profundamente y lo llevó a redirigir su legado, creando posteriormente los Premios Nobel.
La intención detrás de una vida importa más de lo que parece. No se trata solo de lo que se hace, sino de lo que se busca al hacerlo.
La Escritura enseña que Dios mira el corazón. Las acciones pueden ser visibles para otros, pero las motivaciones son conocidas por Él. Una fe madura no se conforma con lo correcto externamente; busca coherencia interna. Cuando la intención se alinea con Dios, la vida gana autenticidad.
Por eso, examina lo que hay detrás de tus decisiones. Dios transforma desde el interior hacia afuera.
La Biblia dice en 1 Samuel 16:7: “Jehová mira el corazón”. (RV1960).