En el mundo de la medicina, los procesos de recuperación profunda rara vez son inmediatos. Un hueso fracturado, por ejemplo, necesita tiempo para soldarse correctamente. Si se acelera el proceso, el resultado puede ser débil o inestable.
La vida espiritual también tiene tiempos que no pueden apresurarse. Dios no solo busca resultados, forma carácter.
El Señor Jesús comparó el crecimiento con una semilla que germina con el tiempo. No todo se ve de inmediato, pero todo está ocurriendo.
La paciencia no es resignación. Es confianza sostenida en el proceso de Dios.
Hay etapas donde el cambio es interno antes de ser visible. Allí se construyen fundamentos sólidos. Quien entiende esto aprende a caminar sin ansiedad.
Por eso, no te apresures en tu crecimiento. Dios está formando algo firme, aunque aún no lo percibas completamente. La Biblia dice en Eclesiastés 3:11: “Todo lo hizo hermoso en su tiempo…”. (RV1960).