La constancia que permanece

En 2017, el corredor Eliud Kipchoge logró completar un maratón en menos de dos horas en condiciones controladas, algo que durante décadas se consideró inalcanzable. Sin embargo, ese logro no nació de un momento extraordinario, sino de años de disciplina constante, repetición diaria y enfoque sostenido.

La vida espiritual se construye de la misma manera. No depende de momentos aislados de inspiración, sino de una fidelidad que se mantiene en el tiempo.

El Señor Jesús enseñó que el fruto verdadero permanece. Ese fruto no aparece de forma repentina; crece a partir de una relación continua con Dios.

La constancia se forma en lo cotidiano, en decisiones pequeñas que se repiten con intención.

Allí el carácter se fortalece y la fe se afirma. De modo que permanece fiel en lo diario. Lo que se sostiene en el tiempo termina revelando la obra genuina de Dios.
La Biblia dice en Juan 15:5: “El que permanece en mí… lleva mucho fruto”. (RV1960).

Leave a comment