Rendir el control

El deseo de controlar suele ser más profundo de lo que parece. A veces no se expresa de forma evidente, pero aparece en la preocupación constante, en la necesidad de anticiparlo todo o en la dificultad para soltar lo incierto.

La fe, sin embargo, no crece en el control, sino en la confianza. El Señor Jesús vivió en dependencia total del Padre. No actuó desde la autosuficiencia, sino desde una confianza plena. Esa dependencia no lo debilitó; le dio dirección.

Por lo tanto, rendir el control no significa desentenderse, sino reconocer los límites. Hay cargas que no nos corresponden, aunque insistamos en sostenerlas.

Cuando el corazón suelta, encuentra descanso. Cuando se aferra, se agota. La vida se vuelve más ligera al confiar en quien realmente la sostiene.

Entrégale a Dios lo que no puedes manejar. Allí comienza una paz que no depende de las circunstancias.
La Biblia dice en Proverbios 3:5: “Fíate de Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia”. (RV1960).

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